Columnas
2010-11-10
1686 lecturas

Angel Saldomando
especial para G80

¡Alto trabajos en la vía política!

Nueva derecha en construcción, concertación en reconstrucción, izquierda por construir

No es un juego de palabras. Pero toda la política nacional parece estar entre andamios. Cierto que en un país post terremoto y post rescate, todo suena a taladro y martillo.


Sin embargo estas reconstrucciones políticas se parecen mucho al viejo truco del gato pardo: cambiar para que nada cambie.  La reingeniería política que proponen nuestros albañiles es prudentemente discursiva pero dista de objetivos concretos tangibles y medibles para la población.

El presidente Piñera hace surf con encuestas de opinión que le atribuyen 63% de apoyo y en entrevista al diario el país (7/11/2010) proclama que “estamos construyendo una nueva derecha” y afirma que han roto con la idea de que Chile estaba sociológicamente anclado en el centro izquierda.

Su programa dice, es construir un sistema político estable “con democracia de verdad”, estado de derecho, alternancia y derechos humanos. Economía de mercado libre y un sistema social que garantice un mínimo consistente con la dignidad humana.

Se puede uno preguntar para que construir una nueva derecha, todo lo que menciona con aires programáticos ya existe, el problema es que es el mínimo en cada uno de los temas enunciados, desde el punto de vista de la realidad, de las posibilidades y de los resultados no da frutos para todos. No es raro que afirme que el sistema social debe garantizar el mínimo.

La derecha ¿nueva? busca un discurso que le amplíe la base, después de todo ganó sólo por 223,392 votos. Apuesta a la parálisis y desagregación de la concertación.  Los anuncios espectaculares y repetitivos del presidente, asi como su propósito refundacional, tienen sin embargo su talón de Aquiles en la contabilidad de los mínimos.

La concertación navega sacando agua del barco, desdibujada y sin proyecto. Como fuerza política es más virtual que real, si no fuera porque existe en las dos cámaras donde se encuentra atrincherada, no sabríamos nada de ella. La reconstrucción pretendida busca un apoyo en el rescate del balance, quiere encontrar un “cable a tierra” que la reconecte con las expectativas de la gente, el tiempo pasa rápido de cara a las municipales en 2012  y las presidenciales en 2013. Busca la salvación “en un líder que le devuelva el alma” (Carolina Toha)

Todo eso se resume en una frase: perdió el capital político de la credibilidad.

La izquierda busca su reconstrucción entre el rejunte que supere la fragmentación, las reivindicaciones postergadas, los recuerdos y la frustración. Y en todo eso se han ido 20 años.

De donde viene y para adonde va la obra

Esta agitación  reconstructiva no es casual, hay que leerla entre líneas para diferenciar las continuidades duras del modelo de país que tenemos y donde se originan e insertan las súbitas intenciones de hacer algo nuevo.

Una primera constatación de partida es evidente. Se cerró un ciclo político largo en Chile y el modelo de país echó raíces, sus grupos de interés están establecidos y han generado su propia ideología de continuidad en torno al mercado desregulado, la estabilidad política y la contención del disenso democrático como atributo principal de la gobernabilidad. El resultado es una sociedad desigual, constreñida en un corsé político e institucional, con componentes autoritarios significativos.

Una segunda constatación es también evidente. El modelo país permeó trasversalmente a todo el espectro político oficial pero también a la sociedad. Tuvo su favor una gran autonomía política producto de la transformación organizativa y subjetiva de la sociedad que reformateó las convicciones sobre el potencial de la movilización social, de la identidad colectiva y de la organización en un sentido más conservador y de adaptación.

Estas dos constataciones son las dos tendencias duras que estructuran las continuidades. Sin embargo políticamente hay discontinuidades significativas.

La derecha ha vuelto al gobierno y el discurso de reconstrucción emanado desde el ejecutivo tiene varios temas que lo atraviesan con más o menos reconocimiento explícito.

La derecha tiene la oportunidad de alejarse de la matriz identitaria originada en la dictadura y la posibilidad de superar el margen electoral estrecho con que ganó en términos nacionales.  Con ello quiere generar su propio largo ciclo político en el gobierno. Esto se plantea en dirección de construir una derecha populista. Sin embargo la apertura política para reconocer en clave popular problemas de sociedad acumulados, como en el episodio de los mineros (condiciones laborales, ingreso, empleo pobreza y otros similares),  choca con las rigideces propias del modelo país.

Esto abre inevitablemente interrogantes sobre la capacidad de reconocimiento de la derecha de los problemas de sociedad, la respuesta efectiva a ellos y su propia flexibilidad como sector político. Una mala solución en los términos de la ecuación incrementa el riesgo de exposición como una doble cara de impotencia reformista y de intereses contradictorios con el discurso populista. Y ello puede tener un costo electoral.

Lentamente Chile deja de lado camisa de fuerza dictadura vs estabilidad, donde la variable de ajuste fue la dosis de democracia aceptable. Ahora comienza  a entrar en la fase de éxitos proclamados versus reparto, la lucha distributiva comenzó a reaparecer. Y puede doblarse de la relación derechos versus bonos y distribuciones mínimas. La variable de ajuste será el incremento de espacios políticos con resultados versus retórica sin frutos.

La derecha no puede atrincherarse solo en el límite reducido que deja del modelo país como hizo la concertación. La reconstrucción populista de la derecha es una posible respuesta, su repliegue en una versión puramente de orden y autoritaria tiene riesgos y parece una respuesta ya desfasada, aunque siga presente en su naturaleza misma.

La concertación  está prisionera de lo que proclamó como su éxito, la administración del modelo país, mientras construía su propia inserción en el. Por ello y dicho crudamente no pueden reconstruirse políticamente pidiéndole a la derecha lo que ella no fue capaz de hacer. No puede salir tampoco a campo abierto en una propuesta de movilización social que contradice su propia inserción el modelo, sus propios límites políticos como alianza y sus propias debilidades como relación entre partidos y sociedad.

Menos aun puede correr mucho la frontera de sus meas culpas para dar lugar a la diversidad y a otros balance críticos, que terminen por reconocer que sus detractores tenían razón. Nadie se suicida en público y menos en política.

La izquierda por su parte existe socialmente de manera fragmentada, culturalmente como un espectro diverso y políticamente como una referencia histórica que no logra cambiar de piel para constituirse en un nuevo referente político. Marginada en sus diversas formas por la concertación, minoritaria, lidiando con sus propios modelos ideológicos y de acción obsoletos, no ha logrado encontrar una via para reconstruir no solo una propuesta sino que su propia credibilidad como instrumento útil para el país o a los sectores que aspira a representar.

Entres los escombros y los andamios de las fuerzas políticas el modelo país sigue su marcha.

¿Y si hablamos de cómo construir un país para todos? ¿Increpando el modelo país, presionado los espacios y los tomadores de decisiones en ellos?

No creo que ello pueda hacerse desde un solo lugar político, desde una solo referencia. La transversalidad política conservadora lograda por el modelo país, impone no refugiarse en la marginalidad y en las rupturas, auto referenciadas y sectarias. Implica revertir esa transversalidad para elaborar una nueva, que legitime ampliamente o haga salir a la superficie de la agenda pública las propuestas que hagan posible mejorar las situaciones concretas de las personas.

Hay que dejar de hablar para los convencidos, hacer discursos consistentes sólo con la ideología y los modelos, hay que abrir espacios para debatir la política pública, increpar no solo a la derecha sino que a todos los tomadores de decisiones y en cualquier escala de las responsabilidades, hay que devolverle la palabra a la sociedad, hacer alianzas concretas en torno a problemas concretos. El país para todos se construye en la política, que duda cabe. Pero no solo desde el gobierno y los partidos, también y fundamentalmente desde la sociedad, eso debemos aprenderlo. Hay tres años por delante.

Angel Saldomando
9 noviembre 2010

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