2012-07-26 873 lecturas
Juan Álvarez Rubio
especial para G80
Las pre$eas olímpicas: ¿más lucro al deporte?
“No hay ningún país sudamericano en que el Estado ofrezca más dinero a sus atletas por la obtención de preseas olímpicas: los deportistas nacionales pueden ganar hasta $30 millones de pesos por el oro; $23 millones por la plata y $15 millones por el bronce. Los montos son superiores a los de potencias como EE.UU., Canadá y Japón” tituló entusiastamente El Mercurio utilizando, en la portada del suplemento deportivo del martes 24 de julio, una foto del gimnasta Tomás González. Que lejos del principio olímpico original de “lo importante es competir” y que elocuente mensaje por tratar de reemplazar al politeísmo del Olimpo griego por el monoteísmo del dinero.
El director de deportes, que se vió obligado a vender sus acciones de Blanco y Negro S.A. y que por tanto asocia deporte con lucro, afirmó que el dinero “es un estímulo adicional, pues una medalla significa años de trabajo”. De lo expresado por el funcionario estatal habría que deducir que todos los que hemos trabajado aún por más años que los esforzados y jóvenes deportistas merecemos un tal “estímulo adicional”. Que no se entienda que estoy pidiendo tal recompensa, sino que exijo que el dinero estatal (de todos nosotros) se utilice razonablemente.
Lejos de enorgullecernos porque “Chile entregará los mayores premios olímpicos por medalla de Sudamérica”, sería conveniente observar que el vecindario, con más sensatez y menos chovinismo y pirotecnia, reconoce que los medallistas rentabilizarán privadamente sus logros. El Estado debe impulsar planes para masificar y popularizar los deportes más que confiar en los esfuerzos familiares y privados que han sustentado a la gran mayoría de nuestros admirables deportistas de élite (que en cualquier caso deben mantener asignaciones públicas razonables que les permitan continuar compitiendo y difundir sus respectivos deportes). Solo sobre una base sólida y masiva el país podrá lograr reconocimientos deportivos internacionales y no con demagógicos estímulos monetarios que, espero equivocarme, difícilmente se concretarán.
Entre tanto despliegue comercial, rescato el espíritu esencialmente deportivo que anima a la gran mayoría de los deportistas y que se sustenta en una larga tradición histórica. En estos días en que los medios nos recuerdan las medallas de los tenistas Massú y González y de la atleta Marlene Ahrens, quiero rendir especial homenaje a los modestos deportistas amateurs Manuel Plaza (medalla de plata en la maratón de Amsterdam en 1928) y los boxeadores Ramón Tapia, Claudio Barrientos y Carlos Lucas (plata y bronces en Melbourne en 1956).
Juan Álvarez Rubio, 25 de julio de 2012
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