Pocos y no por ello con menos valor, son los que analizan la historia del MIR chileno, es necesario acceder a sus propias fuentes para intentar comprender los motivos de su fundación, la forma de analizar el contexto y los poderosos motivos que ha tenido el sistema dominante para perseverar en excluirlo, omitirlo y condenarlo al olvido de la memoria de los trabajadores del campo y la ciudad.
Los medios de comunicación muestran una visión adjetivada comunicacionalmente, en las que las imágenes de actos y el uso de la palabra son editados de manera tal, que quede en la retina, una imagen con mayor peso en lo violento que en las ideas y finalidades que dieron sentido a su discurso y proyección.
Los grupos de poder se unen con facilidad, mientras que en el mundo de los trabajadores habita un afán divisionista que es apoyado y promovido por sus contrarios, hasta el punto de ser exhibidos como una demostración de la diversidad democrática.
Para impedir la unidad de las mayorías sociales se han utilizado todas las formas de manipulación posible, todas, sin excluir ninguna, es decir sin pudor, desde la mentira hasta incentivos económicos aparentemente decentes, pero que han cumplido su tarea divisionista.
El MIR chileno recibió todo tipo de acusaciones y críticas, todas, pero las más duras siempre vinieron de la mano de los “hermanos de clase”, la de los adversarios eran explicables, la de los cercanos y amigos necesitan de explicaciones mayores.
La intelectualización de cada discusión, ha sido un factor determinante para impedir la unidad del pueblo, la razón ha sido más valorada que la armonía y se pierde tiempo y visión más en la disputa interna que la concentración de esfuerzos para ejercer el rol que les corresponde a los pueblos.
El 15 de Agosto de 1965, con las formalidades de la fraternidad se concreta la fundación del MIR con Clotario Blest, Luciano Cruz, Bautista van Schouwen. Miguel Enríquez y muchos más. Por cierto la fecha es una anécdota, que da cuenta de la culminación de un primer proceso de discusión y propuesta política.
Las guerras de las primeras décadas del siglo pasado recién habían terminado, se vivía tiempos de ajustes mayores en el modelo capitalista, en sus modos de producción y de vida.
El MIR propone una visión del mundo desde la realidad nacional y asume tareas propias, hace propuestas nuevas, anteriores al Mayo francés, precisa su posición con la invasión de la Unión Soviética a Praga y al mismo tiempo tiene la capacidad de informar su convicción del comportamiento de los tiempos si no se lograba avanzar a la velocidad de la unidad de los pueblos. Y cae la Unión Soviética, se abre nuevamente el espacio de intervención militar contra el mundo árabe y se siente el peso de la suma de contradicciones y conflictos del mundo capitalista.
Tanta razón acumulada y tan pocas victorias obtenidas, es que definitivamente, los partidos y movimientos que representan los intereses de las mayorías sociales no han aprendido aún la forma de vencer el divisionismo y crear más convicción sobre el valor de la unidad.
Al interior del mundo popular las discrepancias debieran estar subordinadas a la intimidad colectiva y es deseable que ninguna diferencia, que ningún error de apreciación sea mayor a la altura de las convicciones compartidas, a menos que exista mérito para establecer la necesidad de hacer juicio de traición.
La desaparición de tantos sentidos comunes, la transformación de los mapas reales, reclaman solidaridad, fraternidad para fortalecer la unidad.
Reconocer al enemigo, al adversario, a los compañeros de ruta y de búsqueda, facilita el conocimiento de lo que le sirve a los que explotan y a los explotados.
Los liderazgos populares se demoran en sus propias razones y los grupos de poder, aún en crisis, se hacen fuertes en una visión clara de sus intereses.
Samuel Jiménez M.
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