Columnas
2012-08-29
3875 lecturas

Manuel Riesco
especial para G80

Candidatura de la Izquierda

La situación política parece sugerir la conveniencia de considerar la presentación de una candidatura presidencial de la izquierda, que concurra a la definición de la futura candidatura única de la oposición, presentando al país un programa definido, que apunte a resolver los principales problemas que enfrentan la sociedad, la economía y el Estado chileno, acumulados a lo largo de cuatro décadas de extremismo neoliberal, y recoja los anhelos y ayude a movilizar políticamente al poderoso movimiento social que se levanta en nuestro país.

El curso cíclico de la política

Esta propuesta se fundamenta en primer lugar y sobre todo, en el hecho bastante evidente que, tras dos décadas de calma chicha después del término de la dictadura, la movilización social y política de la ciudadanía sigue desde hace algún tiempo, un curso ascendente. Éste ha alcanzado ya niveles de significación, siendo sus hitos más importantes hasta el momento, la denominada revolución "Pingüina" y las movilizaciones de los obreros contratistas durante el gobierno pasado, así como las paralizaciones regionales y comunales y la gran movilización estudiantil y del profesorado y académicos, durante el gobierno de Piñera. En todas ellas, el Partido Comunista y las JJCC han tenido una destacada participación, simbolizada por el extraordinario impacto nacional y mundial de la figura de Camila Vallejo.

Ellas presagian que, con toda probabilidad, en los años venideros, la misma alcance alturas bastante importantes, posiblemente capaces de sustentar la remoción de varias de las principales trancas que a lo largo de las últimas décadas se han venido levantando, al continuado progreso del país. Como es bien sabido, la actividad social y política de las masas sigue un curso cíclico, cuyo descubrimiento constituye quizás uno de los principales aportes teóricos de Lenin a la teoría política en general y revolucionaria en particular.  

Por cierto, el accionar de todos los partidos políticos, y especialmente aquellos que se proponen la transformación revolucionaria de la sociedad -aunque ciertamente no solo ellos, como aprendimos dolorosamente los chilenos-, operan siempre sobre la base de estos grandes ciclos que discurren en el trasfondo. Sin una adecuada comprensión de los mismos, o más bien, sin la identificación precisa del momento por el que atraviesa el ciclo en curso, su accionar pierde toda eficacia y los puede conducir a las peores derrotas.

Algo parecido ocurre con los economistas, cuyas recomendaciones pueden ser grandes disparates, si no toman en cuenta el momento preciso del ciclo económico en que están parados, puesto que aquellas operan exactamente al revés si se aplican en una u otra fase del mismo, con consecuencias que suelen resultar catastróficas.

Esto no se aplica solamente a los momentos de cambio progresista, cuya expresión más elevada son las situaciones revolucionarias, las que corresponden a puntos de clímax del ciclo, sino también a aquellos otros momentos en que la movilización ha pasado su punto más elevado y empieza a decrecer, cuando se retrae a niveles mínimos, o durante los larguísimos y exasperantes períodos de calma chicha, los que siempre abarcan la mayor parte de cada uno de estos ciclos. Durante estos últimos, la política se ve reducida a la manoseada "medida de lo posible", con suerte en el marco de acuerdos parlamentarios, pero muchas veces con la exclusión de cualquier tipo de incidencia popular sobre las instituciones del Estado, las que operan sin trabas y generalmente siguiendo orientaciones más o menos reaccionarias.

Como es bien sabido, este comportamiento de la actividad social y política de las masas se origina en fenómenos muy complejos y poderosos, que exceden con mucho la voluntad o capacidad de incidencia de sus protagonistas; razón por la cual Lenin los calificó de "factores objetivos". Como se ha podido comprobar a lo largo de un siglo, se generan a través de conexiones que discurren por cauces bastante misteriosos y que en ocasiones incluso parecen afectar de modo simultáneo a la humanidad en su conjunto, o a buena parte de ella. A veces coinciden con grandes crisis mundiales, económicas o militares, pero en otras ocasiones sobrevienen en momentos de paz y auge global, como ocurrió a fines de los años 1960.

Afectan, como se sabe, tanto a "los de arriba", como a "los de abajo": en los momentos de auge de cada ciclo, los primeros se ven impedidos de seguir gobernando como hasta entonces, mientras los segundos no solo se hayan cada vez más convencidos de la justeza del programa de cambios, sino que asumen una disposición crecientemente ofensiva, que en el caso de las situaciones revolucionarias los impulsa a afrontar los mayores sacrificios y realizar las más increíbles proezas, hasta lograr a veces en días lo que en años y en años lo que en siglos, como escribió el gran revolucionario Ruso.

Sin embargo, lo contrario ocurre en los momentos de baja en la movilización, cuya detección oportuna resulta crucial para consolidar lo ganado, a riesgo de perderlo en buena medida, si se intenta mantener un accionar político que era adecuado en las fases de alza y movilización máxima, pero que puede conducir al aislamiento y resultar suicida, en momentos de baja. Esto lo sabe bien cualquier dirigente social experimentado, que haya tenido ocasión de conducir una modesta huelga obrera o movilización estudiantil.

"Cretinismo," fue la lapidaria calificación de Lenin para los partidos que no consideran en su accionar este factor objetivo crucial. Un "cretinismo parlamentario" afecta a los que pretender seguir haciendo política "en la medida de lo posible", cuando la movilización en alza ha alcanzado un nivel elevado. Ello se aprecia hoy en Chile en varios "viudos de la transición", que añoran la situación prevaleciente en las dos décadas recién pasadas. Quisieran verlas perdurar para siempre, para seguir urdiendo en los obscuros corredores del poder, la denominada "política de los acuerdos", que significaba ni más ni menos que no tocar un pelo a la injusta y distorsionada realidad heredada de la dictadura.

Sin embargo, como hemos aprendido dolorosamente la izquierda y los comunistas chilenos, existe asimismo una suerte de "cretinismo parlamentario" al revés, que en nuestro caso adoptó la forma de la ridícula consigna de "avanzar sin transar," de triste memoria. Ésta no solo infectó en el momento más decisivo, a los seguidores del frívolo político que hacía gárgaras con la susodicha frase, sino también a los que en aquella oportunidad trágica, más o menos supieron hacer lo que había que hacer; aunque esto último sucedió una década y media más tarde.

La evolución de las dos primeras condiciones mencionadas, resultan relativamente fáciles de apreciar para cualquier observador más o menos enterado de lo que sucede. La última, en cambio, resulta tan impredecible como el momento en que las tensiones acumuladas en el choque de las placas de la corteza terrestre se liberan en un terremoto: Se sabe que va a venir y más o menos adonde, pero ni cuando ni como.

Los grandes ciclos de la política chilena

En el caso chileno, estos grandes ciclos se han manifestado a lo largo del ultimo siglo con una frecuencia cuyo período normal ha sido de aproximadamente una década. Todos los grandes avances sociales, económicos y políticos logrados en el país, han sido el resultado de estas grandes movilizaciones del pueblo. En varias ocasiones, han alcanzado niveles de estallidos sociales y al menos en un caso, las alturas de una auténtica revolución. Las importantes movilizaciones de la primera década del siglo 20, que culminaron en la tragedia de la Escuela Santa María en 1907, fueron al mismo tiempo el crisol donde nació el movimiento obrero y su principal partido, hace exactamente un siglo.

Las grandes movilizaciones populares en la estela de la Revolución de Octubre, que se pueden apreciar en el notable registro fílmico de los funerales de Luis Emilio Recabarren, fueron las que impulsaron el movimiento militar progresista, que en 1924 dio a luz el moderno Estado chileno, y marcaron el inicio del notable medio siglo de desarrollismo Estatal, que transformó de arriba abajo y para siempre la sociedad chilena.

A principios de los años 1930, un nuevo estallido impondría a dicho proceso su rasgo singular, que le valió el respeto y admiración del mundo entero: durante la mayor parte del tiempo, fue impulsado por gobiernos democráticos, de manera notablemente pacífica y legal. Las grandes movilizaciones de fines de esa década elevaron el desarrollismo estatal a un nuevo nivel, durante los gobiernos del Frente Popular los que, de paso, alinearon al país en el campo antifascista. En la segunda parte de la década de 1940, se registró un nuevo auge de las luchas populares, como las manifestaciones de 1946 donde murió Ramona Parra y la gran huelga de Lota, antes que la traición de González Videla se hiciera posible aprovechando una nueva baja de la movilización popular; incluso después de promulgada la Ley Maldita en 1948, tuvo lugar la llamada "revolución del la chaucha," en 1949.

El siguiente momento de auge se produjo una década más tarde, en el estallido del 2 de abril de 1957. Éste abrió paso al gran acuerdo democrático, que meses más tarde derogó la infame "Ley de Defensa de la Democracia" y estableció la cédula electoral única, una reforma de tanta trascendencia entonces como lo es hoy el fin del sistema binominal: en ambos casos, se trataba de eliminar la triquiñuela mañosa mediante la cual la oligarquía terrateniente de entonces y los grandes rentistas y burgueses de hoy, se han asegurado por décadas un poder de veto sobre instituciones estatales formalmente democráticas.

En las secuelas del estallido del 2 de abril, poco faltó para que Allende ganara las elecciones de 1958; enseñando al pueblo a desconfiar en lo sucesivo de los "Catapilcos" de todos los pelajes, lección que ojalá tenga presente en la coyuntura actual. La democratización del mecanismo electoral permitió la elección de Frei Montalva en 1964 y barrer del parlamento a los partidos conservador y liberal en las elecciones de 1965. Ello permitió aprobar por amplias mayorías las leyes de Reforma Agraria y Sindicalizacion Campesina en 1967, entre muchas otras reformas progresistas. La elección de Salvador Allende en 1970 fue impulsada por la mayor ola de movilización popular de la historia patria, que se inició con las movilizaciones de estudiantes y profesores en 1967. Fueron el campanazo que finalmente despertó a las masas campesinas de su siesta secular, y bajo la conducción de los partidos obreros, permitió realizar las transformaciones revolucionarias del Gobierno de la Unidad Popular.

Ellas coronaron un notable medio siglo de progreso nacional, que concitó el cariño y la admiración del mundo entero para Chile y su pueblo, personificado en la figura del Presidente Mártir: el político más importante de todo ese período y el único chileno verdaderamente universal; por ese motivo, Pinochet asumió de inmediato como villano universal.

La reacción contra revolucionaria, hábilmente asesorada desde el extranjero, supo quizás calibrar mejor que las fuerzas populares, el momento en que este largo y extraordinariamente creativo ciclo de movilización revolucionaria, había alcanzado su punto máximo y empezaba a declinar. Actuaron con el método de ensayo y error: el fiasco de los intentos golpistas de Viaux en 1969 y 1970, y el frustrado Paro de Octubre de 1972, ambos anulados por una movilización popular, en alza y luego en su punto máximo, culminaron en el ensayo general del tanquetazo y finalmente, en el golpe del traidor Pinochet. Este último solo tuvo éxito porque el ciclo de movilización popular que discurría en el trasfondo había empezado a declinar tras las elecciones de marzo de 1973, en la cual la UP obtuvo un 43 por ciento de los votos, su máximo en elecciones parlamentarias.

Al mismo tiempo, venía en alza la movilización contra revolucionaria, la que no fue reprimida con energía en el momento preciso, por un movimiento popular que quizás todavía presentaba rasgos de ingenuidad. Posiblemente, otro gallo habría cantado, si se hubiese reprimido de manera implacable la llamada "Marcha de las Cacerolas" en 1971, cuando dicha movilización se remitía todavía a la llamada "clase alta". Tal como hizo el pueblo inglés con las escuadras de miles de camisas negras fascistas que, protegidas por la policía, intentaron marchar por los barrios populares de Londres, en 1936. En la llamada "Batalla de Cable Street," cientos de miles de gentes sencillas los corretearon a palos hasta sus madrigueras en los barrios más elegantes, dejando a varios por el camino. Al igual como ocurría en el Chile de la UP, la represión antifascista solo podía ser aplicada en ese momento por las masas populares, puesto que las instituciones del Estado y especialmente la justicia y la policía, estaban por entonces infiltradas hasta el tuétano por el fascismo. Pocos meses después ello ya no era posible sin gran costo, puesto que la movilización fascistoide había logrado extenderse a parte significativa de las clases medias, cansadas y asustadas tras años de turbulencia revolucionaria, que habían apoyado mayoritariamente hasta ese momento. Por entonces, en cambio, la demanda de orden se había ya generalizado y el Gobierno y las fuerzas que lo apoyaban aparecían incapaces de imponerlo.

En parte, por el ya mencionado "cretinismo parlamentario al revés," que afectó entonces a uno de los principales partidos populares. También hacia gala de infantilismo revolucionario, como lo denominaba Lenin, el principal grupo que hacía oposición desde la izquierda al Gobierno Popular, el que inmediatamente tras el golpe seria diezmado de manera brutal, tras haber intentado en solitario una heroica resistencia armada, la que resultaba plenamente justificada a partir de ese momento. Todo ello resultó asimismo decisivo, para que la Democracia Cristiana y otros políticos de centro se plegaran a la contra revolución y, muy especialmente, para que la conspiración extranjera tuviese éxito en volver a los militares en contra del proceso desarrollista que ellos mismos habían iniciado medio siglo antes.

Esta lección resulta importante en la coyuntura presente y de algún modo se ha puesto en práctica con la represión popular a los intentos recientes del Pinochetismo de levantar cabeza. Hay que perseverar en esa línea puesto que, como se sabe, el fascismo es justamente la reacción agresiva de masas atemorizadas, azuzadas por los grandes intereses afectados, que solo se controla mediante su aislamiento político, y su represión decidida por la fuerza, en lo posible legal, pero también directa si es necesario. Es el asalto a la razón, que sólo entiende a palos.

El nuevo auge en la movilización popular tuvo lugar justo una década después del golpe, en el marco de la gran crisis económica de los años 1980, agudizada en Chile por el extremismo neoliberal, impulsado entonces por las fracciones financieras de la nueva burguesía, que surgió amparada bajo los faldones de los militares. Sin arredrarse frente a una represión brutal, dicho auge se extendió por más de cuatro años, en una impresionante "Intifada" en la cual el pueblo chileno y sus partidos mostraron al mundo el heroísmo y la eficacia de que son capaces, en todos los terrenos de lucha. Solo ello logró imponer al dictador una salida pactada con la oposición más moderada, nuevamente presionado por una descarada intervención extranjera, empeñada esta vez a impedir una salida "a la plebeya."

Lamentablemente, la división en la cúpula del principal partido que impulsaba la rebelión popular, impidió dar a tiempo el necesario giro, una vez que quedó claro que se había abierto el cauce plebiscitario. Probablemente, ello hubiese evitado su aislamiento, que tuvo consecuencias lamentables para ese partido, pero más todavía para el curso de la transición, la que asumió una forma muy conservadora y se eternizó por más de dos décadas.

Baste mencionar que una lista única de la oposición en las elecciones parlamentarias de 1989, que perfectamente pudo lograrse y de hecho poco faltó para ello, hubiese prácticamente barrido con la derecha del parlamento, puesto que el binominal hubiese sido entonces su peor cuchillo, y habría resultado aun más dañino para ellos en las elecciones de 1994. La transición hubiese cursado igualmente de modo cauteloso, pero se podrían haber removido las trabas constitucionales que la han eternizado.

Por cierto, no es bueno llorar sobre la leche derramada, pero si aprender de los propios errores, para la cual resulta indispensable identificarlos y corregirlos.

Las consignas adecuadas para una movilización en franco ascenso

Como es sabido, cuando la movilización social y política alcanza un nivel como el que se aprecia hoy en Chile, para influir en la dirección de la misma resulta clave que las consignas apunten a los problemas centrales y no se queden cortas en las soluciones propuestas. Las que fueron válidas antes dejan de serlo y deben ser reemplazadas por otras más avanzadas, que sin exagerar la nota para no ser percibidas como ilusorias, deben en todo caso adelantarse, para buscar encontrarse con la trayectoria en alza del movimiento, cuando éste alcance una mayor altura. El peor error en estas circunstancias, consiste en quedarse atrás y ser sobrepasado por el movimiento, el que siempre encuentra cauces para ello si los partidos no se los ofrecen.

El caso clásico al respecto es bien conocido y ha sido teorizado profusamente: las llamadas "tesis de abril" de 1917, cuando los bolcheviques se desapegaron del gobierno provisional surgido de la revolución de febrero, que había optado por continuar con la guerra y no hacía nada para resolver el problema de la tierra, y propusieron la consigna de "todo el poder a los soviets". Ello permitió que en pocos meses este pequeño partido se pusiera a la cabeza de la movilización general.

En el caso chileno, el momento decisivo a este respecto fue cuando el Secretario General del Partido Comunista, Luis Corvalán, declaró a mediados de 1969: "Con Tomic ni a misa." Fue esa justa consigna la que permitió que en noviembre de ese año cristalizara la Unidad Popular y fuera designado candidato Salvador Allende. El PC calibró adecuadamente en ese momento el alza en la movilización popular y el grado de su desencanto con el gobierno demócrata cristiano, logrando de ese modo alcanzar la conducción del mismo. No deja de ser sugerente que hoy día, algunos que padecen el "cretinismo parlamentario" en grado crónico, andan por ahí diciendo que el gran error de ese momento fue ¡haber elegido a Allende en lugar de apoyar a Tomic! ¡No entienden nada de nada!

Por cierto, en ambos ejemplos, los respectivos ciclos de actividad política habían alcanzado máximos históricos. Se trataba de situaciones revolucionarias hechas y derechas, que permitieron que la dirección del Estado fuera alcanzada por las fuerzas más avanzadas, en un caso por si misma y en el otro, conformando y liderando una amplia coalición de partidos. Ciertamente, en el caso chileno de hoy estamos todavía bien lejos de alcanzar una situación similar. No se aprecian aun por ningún lado, condiciones que permitan imaginar que la izquierda pueda encabezar en el corto plazo un nuevo bloque, estructurado en torno a su programa.

Sin embargo, al mismo tiempo, sería un profundo error subestimar la fuerza del movimiento social y político en alza y la altura que puede alcanzar, así como la dimensión de los problemas acumulados a lo largo de décadas de reacción y extremismo neoliberal, todos ellos agudizados por la crisis mundial en curso. Con estos ciclos políticos ocurre lo mismo que con los grandes ciclos económicos: mientras más tiempo se prolonga la fase de alza, mayor altura alcanza y más severa la crisis que se precipita; en este caso, llevamos dos décadas sin un estallido, lo que es el doble del promedio histórico. En las actuales circunstancias, cualquier cosa puede pasar.

Eso lo tienen bastante claro "los de arriba". Saben perfectamente que en el momento menos pensado se puede precipitar, por ejemplo, que las paralizaciones generales que han estremecido las provincias australes y algunos municipios y localidades, hasta el momento todos ellos de reducida población, puedan estallar en ciudades más grandes e incluso en la capital. Eso o algo parecido puede ocurrir en cualquier momento y por un quítame allá esas pajas.

Parecen bastante ridículas, por decir lo menos, las ilusiones del expresidente Lagos, que el 2011 afirmó que las cacerolas sonaban más fuerte en el barrio santiaguino de clase media de Plaza Ñuñoa que en las poblaciones populares, debido a que sus gobiernos habrían priorizado los problemas de los pobres, pero "se les habría quedado atrás a la clase media," la que por otra parte “habrían expandido extraordinariamente gracias a su éxito económico.” La verdad es exactamente la contraria: los abusos de la elite contra la población son generalizados y afectan más que nada al pueblo, que conforma la abrumadora mayoría de la población y vive en condiciones muy difíciles y sacrificadas. Es solo que rara vez inicia las movilizaciones, más bien se mantiene a la expectativa, sabiendo que saca siempre la peor parte de la inevitable represión. Espera que las cosas estén más maduras para lanzarse a la pelea, pero cuando lo hace se pone en serio y con todo el cuerpo. ¡No sería raro que le diera una buena sorpresa a Lagos y otros que piensan como él! Peor que eso, las cosas bien pueden tomar un cariz nada simpático.

Por cierto, un estallido social generalizado, cualquiera sea la forma que asuma, modificará la situación política aún más drásticamente que las inmensas movilizaciones educacionales del 2011, que ya han tenido un impacto considerable. No se puede descartar del todo, que un estallido verdaderamente grande puede crear incluso condiciones para que nuevamente sea posible que la izquierda hegemonice la coalición que va a reemplazar al gobierno de Piñera. Así estuvo a punto de ocurrir en Chile en 1958, cuando Allende perdió por un pelo y si se logró en 1970. Del mismo modo, estuvo a punto de suceder en la reciente elección griega y no sería raro que la izquierda alcance allí el gobierno en un futuro próximo, como se pronostica. Tal como van las cosas en España, con el rápido deterioro económico e institucional que reconocen los observadores, no sería raro que se generen también allí, dentro de un tiempo, condiciones para una situación similar.

Por otra parte, en sus secuelas puede también suceder lo contrario, como ocurrió en Francia tras el estallido de Mayo de 1968 o en Chile en 1958, en que fue elegido nuevamente ¡un gobierno de derecha! En ambos casos, sin embargo, ello no frenó los cambios demandados, sino fueron paréntesis, seguidos de gobiernos progresistas que asumieron de uno u otro modo parte de las demandas del movimiento masivo.

Sin embargo, aunque un estallido de esta naturaleza no puede descartarse del todo en los meses venideros, lo más probable parece ser que no sucederá antes de las elecciones del 2012. De este modo, lo que parece mas verosimil es que el país enfrentará las elecciones nacionales que se avecinan, municipal, parlamentaria y presidencial, en condiciones de un movimiento social en alza y de dimensiones muy respetables, pero sin alcanzar todavía las alturas requeridas para hacer posible que la izquierda hegemonice la coalición que deberá reemplazar a Piñera.

En ese contexto, lo fundamental parece ser que la izquierda levante un programa que apunte sin ambigüedades a resolver los grandes problemas nacionales que son de todos conocidos: democratizar y reconstruir las capacidades del Estado y los grandes sistemas públicos; para renacionalizar los recursos naturales e impulsar la producción nacional de bienes y servicios mediante el trabajo de los chilenos y chilenas; reorientada hacia adentro de una América Latina crecientemente integrada; y poner coto a los abusos contra la población por parte de una "clase alta" segregada, que desde el golpe ha vuelto a adueñarse del país, entrabando su verdadero progreso.

El movimiento de masas actualmente en ascenso no va por menos que eso y tarde o temprano, antes o mas probablemente después de las elecciones presidenciales, alcanzará la fuerza requerida para hacerlo realidad en buena medida, de un modo u otro.

Las elecciones presidenciales venideras

Que la gente no quiere un nuevo gobierno de la Concertación ya quedó mas que claro en la última elección, cuando el candidato de esa coalición obtuvo apenas un 29 por ciento en primera vuelta y perdió en segunda frente a un candidato y una coalición tan impopulares como Piñera y la Derecha. Ciertamente, no puede achacarse este debacle a factores secundarios, como la persona del candidato, que resultó bastante menos malo de que lo que se le reconoce, por lo demás, o el mecanismo utilizado para seleccionarlo. Hoy día aparece asimismo clarísimo, que no quieren que la derecha continúe gobernando, lo que se refleja en la altísima aprobación de Michelle Bachelet y muy baja de todos los candidatos oficialistas.

Lo anterior parece contradictorio, pero no lo es en realidad: significa que la gente votó por Piñera porque que era la única opción viable para sacar a la Concertación y ahora lo hará por Bachelet porque es la mejor opción disponible para remover a la Derecha. De ahí se verá. Así de sencillo.

Hasta ahí, la cosa parece bastante clara y no se ve por donde pueda alterarse significativamente. La Derecha cuenta nuevamente con buenos candidatos, para lo que son sus limitadas posibilidades a este respecto. Al mismo tiempo, su trabajo sucio apostará nuevamente a los Catapilcos que hagan campaña contra Bachelet, como MEO hizo contra Frei. Ahora dispondrán de alternativas para regodearse, en un ambiente en el cual cualquier charlatán que salga en la tele alegando contra los abusos de los empresarios, marca diez puntos en las encuestas; las que por su parte juegan un papel significativo en estas maniobras políticas. Sin embargo, la oposición tendría que cometer demasiados errores, o darse la poco probable situación que Bachelet no pudiese o no quisiera re postularse, para evitar que asuma nuevamente la presidencia.

¿Puede esperarse que un nuevo gobierno de Bachelet realice los cambios requeridos? Parece muy difícil, si no imposible. Es más o menos como haber esperado que un gobierno de Tomic pudiese haber encabezado las grandes transformaciones realizadas por Allende y la UP; con la gran diferencia que hoy por hoy no contamos todavía con la alternativa que representaron estos últimos, y la altura alcanzada por el movimiento social no parece suficiente aún, para que ella cristalice a tiempo.

Nada hace suponer que la expresidenta vaya a cambiar su estilo de gobierno, que con todas las cualidades que el país reconoce y valora en su persona, en modo alguno logró imponer un liderazgo claro, a su propia coalición, al aparato del Estado y particularmente a los militares como quedó en claro de manera patética en la madrugada del maremoto del 27 de febrero, ni menos al conjunto del país. Tampoco parece en condiciones de ponerse a la cabeza del movimiento de masas en ascenso, de modo de apoyarse en el mismo para enfrentar los llamados podres fácticos que entraban la realización de los cambios requeridos. No lo intentó durante la crisis de los primeros días del Transantiago, durante los cuales permaneció en vacaciones mientras millones de santiaguinos se debatían por subirse a una micro. Tampoco lo logró cuando los Pingüinos, donde al menos le puso empeño, pero igual terminó levantando las manos al cielo junto con la derecha, en triste señal de impotencia. Ciertamente, la persona de la expresidenta de ningún modo representaría una traba para que se hagan estas cosas. Probablemente, ella está más que convencida de su necesidad y desearía de todo corazón que se llevaran a cabo; siempre estuvo a la izquierda de su propio gobierno. El asunto es otro: no parece posible ni razonable pedir que ella sea el factor que precipite la realización de los mismos.

Si ello no se puede esperar de la expresidenta, mucho menos todavía de la Concertación. Los principales partidos de dicha coalición, socialistas y democratacristianos, se preparan para volver al gobierno y hacer más o menos lo mismo que antes: administrar el modelo de la transición, intentando hacer lo mejor que se pueda, en "la medida de lo posible," que no es mucho, como sabemos. Varios políticos afilan sus dientes y se reparten cargos de antemano, incluso están considerado ofrecer gentilmente el Ministerio de Cultura a los comunistas, según han trascendido.

Los tecnócratas que ejercieron con arrogancia y total convicción - fueron mas papistas que el papa y bastante pelotudos y obsecuentes frente al empresariado, como ha quedado de manifiesto durante el gobierno de Piñera -, el cómodo papel de resguardar en el seno de los gobiernos concertacionistas los sacrosantos límites permitidos por los poderes hegemónicos, cual procónsules y guardias pretorianos en las provincias del imperio, se liman las uñas en sus bien remunerados pitutos transitorios, esperando que los llamen de vuelta.

Los lobbystas de las grandes mineras, eléctricas, AFP, isapres, bancos y aseguradoras, así como de los "sostenenedores" educacionales, solo por nombrar algunos de los mas influyentes, que financiaron a todos los presidentes y partidos de la Concertación y que se pasearon como Pedro por su casa por La Moneda, ministerios, superintendencias, parlamento y empresas del Estado, haciendo y deshaciendo a su amaño, se aprestan a volver a sus aceitosas andanzas.

Militares y policías de alto rango se preparan para volver a mandarse solos, con cargo a un suculento presupuesto garantizado, parte del cual algunos han desviado a sus bolsillos. Las embajadas de los EEUU y Europa se aprestan asimismo a volver a ejercer una influencia desmedida en los asuntos nacionales.

Se han visto muertos haciendo adobes y mil cosas pueden pasar, pero no parece razonable esperar que un nuevo gobierno de la Concertación encabece los grandes cambios que el país reclama a gritos. Ya no resulta posible administrar la institucionalidad de la transición. Se requiere democratizarla de verdad, para enfrentar con decisión los poderosos intereses que impiden avanzar, y realizar las reformas necesarias; que ciertamente no son menores ni los unos ni los otros.

Al mismo tiempo, no es nada del otro mundo. Ciertamente, fue muchísimo más difícil llevar a cabo las irreversibles transformaciones logradas por la Unidad Popular, o terminar con la dictadura. No se trata de asaltar el cielo, sino realizar lo que en años recientes lograron en mayor o menor medida, por ejemplo, los gobiernos neo desarrollistas de Brasil o Argentina: corregir las principales distorsiones introducidas en las décadas de extremismo neoliberal. Ni más ni menos.  

La nueva coalición que se requiere

Para lograrlo, hace falta construir una nueva coalición, la que con toda seguridad tendrá estos mismos actores, además de otros, pero con un contenido nuevo, reordenados tras la hegemonía del movimiento popular, cuya movilización se habrá elevado a una altura que haga posible lo anterior.

La construcción de esta nueva coalición es actualmente un trabajo en proceso y la política de los comunistas está jugando un papel activo en ello. La política que ha venido siguiendo le ha permitido romper con la exclusión de cuatro décadas, conquistar alcaldías emblemáticas, regresar al Parlamento, concordar una lista única de la oposición en las elecciones de alcaldes y una lista conjunta con dos partidos de la Concertación en las elecciones de concejales y apunta a concurrir a una lista única de la oposición en las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales. La conformación de una lista conjunta entre el PPD, Radicales, PC y otras fuerzas, parece orientada al objetivo mayor, mientras el pacto DC-PS aparece inscrito y se debate en los insolubles problemas del continuismo Concertacionista,

Ciertamente, la conformación de una amplia alianza entre los partidos políticos y grupos opositores, además de otros sectores que eventualmente pueden desgajarse de la alianza derechista, resulta un medio indispensable para construir un nuevo bloque por los cambios. De hecho, el sistema de partidos políticos chilenos ha mostrado a lo largo de buena parte del pasado siglo, una gran flexibilidad para conformar las distintas alianzas que supieron recoger las principales demandas del movimiento social en cada uno de sus momentos de ascenso y muchas veces, éstas se plasmaron en gobiernos y mayorías parlamentarias que los llevaron a la práctica, al menos en parte. Es una honrosa tradición.

Sin embargo, el asunto no se resuelve solamente estableciendo nuevas alianzas entre las fuerzas políticas existentes, aunque ello es generalmente una condición. Como es bien sabido, una cosa es una nueva alianza de partidos y otra bien diferente es un nuevo bloque que aspire al poder; lo que el país requiere ahora es lo segundo. Lo primero ciertamente forma parte de ello, sin embargo, ocupa un papel subordinado a lo principal en el nuevo bloque: la nueva hegemonía que lo preside, la que se expresa en todos los planos, político, ideológico, económico, etc. y por cierto militar. Lo que hace posible el desplazamiento de la hegemonía en todos esos espacios, como se sabe, es la creciente actividad social y política de las masas, que discurre en el trasfondo.

Generalmente, y ha sido la costumbre en Chile durante la mayor parte del tiempo, como se ha señalado, el nuevo bloque se expresa políticamente como una nueva alianza entre partidos existentes. Sin embargo, cuando estos últimos no son capaces de generar la nueva expresión en forma oportuna, o la institucionalidad se los impide, el nuevo bloque se abre paso igualmente, de una u otra manera. Desde luego, y es el caso mas teorizado, muchas veces los nuevos bloques surgen bajo la forma de movimientos revolucionarios, que asumen el poder desde afuera y desplazando la institucionalidad vigente.

El nuevo bloque desarrollista que asumió en Chile en 1924, en cambio, lo hizo por la vía de un movimiento militar progresista, lo que se repitió en diversos países durante el pasado siglo, desde la Turquía de Ataturk hasta la Venezuela de Chávez. Otras veces, acceden a la vieja institucionalidad mediante elecciones y luego la transforman, como ha ocurrido recientemente en Bolivia y Ecuador. Un caso reciente bien notable es el de Argentina, donde la forma política del nuevo bloque surge de la manera más inesperada, desde las ruinas todavía humeantes del viejo sistema de partidos políticos, a partir de una hasta entonces desconocida fracción Peronista.

En fin, las formas políticas en que se expresa el nuevo bloque pueden ser muchas, una de las cuales es una nueva alianza entre los partidos existentes, pero lo principal en todas ellas es un nuevo contenido, que refleja la nueva correlación de fuerzas en la sociedad, que a su vez resulta de la renovada actividad social y política masiva. En otras palabras, una nueva alianza de partidos solo sirve para encauzar el movimiento en ascenso si tiene este nuevo contenido. En caso contrario, es sólo una nueva formulación del viejo contenido.

Lo anterior es percibido actualmente con toda claridad por el movimiento social y la ciudadanía en general, que manifiestan un creciente desapego del sistema de partidos políticos y la institucionalidad política y económica en su conjunto. No quieren saber nada con los políticos ni con el "modelo". Eso lo conoce todo el mundo y ha sido formulado con especial claridad por los observadores internacionales. Ese sentimiento masivo no se puede menospreciar. En primer lugar porque es acertado, aunque adopte a veces formas inadecuadas, como el rechazo a la política en general. Por ejemplo, las evidentes maniobras de todo orden para aislar a las JJCC en la última elección de la FECH, tuvieron relativo éxito, en parte significativa porque lograron enredarlas en el desprestigio de la clase política en general; la campaña de la lista ganadora giró principalmente sobre ese solo lema, como se recuerda.
 
Ese hecho reciente ilustra mejor que cualquier teoría, el angosto filo por el que debe avanzar a veces la política en las actuales circunstancias: por una parte, se requiere negociar para lograr crecientes concesiones parciales del gobierno, por otra, avanzar en la política de alianzas con el resto de los partidos opositores, para continuar rompiendo la exclusión y avanzar en la construcción de una nueva alianza de gobierno. Sin embargo, todo ello queda subordinado a lo principal, que consiste en canalizar la fuerza del movimiento social en ascenso hacia un cauce político, que logre expresarlo en este plano con toda su fuerza y a su vez potenciarlo.

Sólo de esta manera resulta posible construir un nuevo bloque que aspire al poder en las condiciones adecuadas a los requerimientos de este momento.

La candidatura presidencial de la izquierda.

Como se ha referido, en estas circunstancias resulta crucial levantar consignas que apunten a lo principal y se adelanten para encontrarse con el movimiento en trayectoria ascendente; es decir, un programa realista pero que aborde decididamente los problemas mas acuciantes. Dicho programa existe, ha surgido de la crítica a fondo del neoliberalismo y en lo fundamental fue presentado al país por las candidaturas de izquierda en las elecciones recientes.

Por ejemplo, en sus partes pertinentes, dicho programa se adelantó adecuadamente, para encontrarse el 2011 con el movimiento estudiantil en alza, que lo reconoció y asumió como propio. Sin embargo, de bien poco sirve el mejor programa si no se logra ponerlo en conocimiento de millones de ciudadanos y ciudadanas.

Es precisamente en este punto en que entra la sugerencia de levantar cuanto antes una candidatura presidencial de la izquierda, que lo presente al país con independencia y claridad en el marco de las elecciones que se avecinan. Una candidatura presidencial es evidentemente una buena oportunidad para llevar el programa de la izquierda a millones de chilenas y chilenos. Constituye un instrumento de agitación inmejorable.

Tal ha sido casi siempre la costumbre de la izquierda y ha resultado muy acertada. Difícilmente se hubiese construido la Unidad Popular sin las tres campañas previas de Allende, aunque las votaciones alcanzadas fueron magras en ocasiones y resultaron insuficientes en todas ellas. Del mismo modo, tras el término de la dictadura, sus candidaturas presidenciales fueron las únicas oportunidades en que la izquierda logró romper con la exclusión política y llegar a las amplias masas con su programa.

Al mismo tiempo, no representa un obstáculo para la justa política de alianzas que impulsa el Partido Comunista, muy por el contrario, parece su complemento indispensable. La candidatura presidencial de la izquierda sugerida, se fundamenta en la necesidad de fortalecer y complementar dicha política de alianzas, de manera de potenciarla al máximo. Asimismo, como una manera de evitar que la misma pueda ser interpretada de modo unilateral y corra el riesgo de ser desnaturalizada, debido a la carencia de su necesario complemento: una expresión política independiente de la izquierda, que presente al país con la radicalidad necesaria, las propuestas requeridas para desatar los grandes nudos que entraban el desarrollo nacional y logre, por lo mismo, suscitar la adhesión y contribuir a la movilización política, del movimiento social.

Aún más, ayuda a abrir un espacio más amplio, que permita la expresión política de los distintos sectores de la izquierda que no están en los partidos de la Concertación. Desde luego, a todos los que han venido apoyando las distintas campañas del Juntos Podemos y Juntos Podemos Más. Ello incluye, desde luego a todos aquellos que forman parte de la familia comunista, muchos de los cuales no reconocen filas hoy en el Partido, son independientes o militan en otros grupos políticos, pero continúan reconociéndose en su tradición. Sin duda, todas las iniciativas de acción conjunta con ellos fortalecerán al partido de manera importante, y con ello al conjunto de la izquierda.

El mecanismo de dos vueltas presidenciales permite - incluso financia - levantar un programa independiente en la primera, sin perjudicar el objetivo principal de presentar un frente anti derechista unido en la segunda. A diferencia de ocasiones anteriores, esto fue bien entendido por el candidato y el conjunto de la izquierda en las últimas elecciones, lo que los fortaleció ante la opinión pública y facilitó de manera importante los entendimientos posteriores del conjunto de la oposición. Una candidatura de esta naturaleza puede ofrecer un cauce de expresión al movimiento de masas, que difícilmente se sentirá interpretado por la candidatura de la Concertación.

Tal como ocurrió en la última elección, el candidato de la izquierda recibirá la adhesión de varios de los principales exponentes del movimiento de masas, asi como de varias de las principales figuras de la academia, las ciencias, el arte y la cultura, es decir, de la gente que piensa; ello es muy importante, como demostró la elección de Obama en los EE.UU.

Considerando el escenario más probable en lo que respecta al movimiento de masas de los próximos meses, que augura su alza constante pero quizás no todavía un estallido mayor que permita pensar en otra fase, no parece imposible que una candidatura de la izquierda en Chile pueda aspirar hoy a un impacto parecido a la del candidato Mélenchon en las recientes elecciones francesas: aunque obtuvo al final un respetable 11 por ciento de los votos, logró movilizaciones mayores que las de los dos candidatos que obtuvieron las más altas votaciones.

Por otra parte, resulta bastante evidente que el no levantarla deja el camino libre a toda suerte de oportunistas y charlatanes, como se ha mencionado.

Finalmente, parece necesario decir una palabra respecto del abanderado: Jorge Arrate aparece como el líder reconocido de la izquierda. La gente lo saluda por la calle, doquiera que vaya. Fue un histórico dirigente socialista y estrecho asesor de Allende. Hizo una campaña brillante, que aumentó significativamente la votación obtenida por los asimismo notables candidato y candidata de la izquierda en las elecciones precedentes. Su nombre es, por así decirlo, una sandía calada. A ello debe sumarse su reconocida vocación de proyectar nuevos liderazgos, de construir izquierda, de proyectarla hacia el futuro.

Manuel Riesco
julio 2012

Comenta con ayuda de Facebook(*) (Habilitado el 11 de diciembre del 2009): ¡OJO! Se puede comentar escribiendo un mail (no se muestra es solo para validación) o con cuenta de Facebook.


(*)Algunas versiones de Internet Explorer bloquean esta herramienta social, sugerimos navegar con Firefox, Safari, Opera, Chrome u otro navegador web para hacer y leer los comentarios



1.493.459 lecturas en total tienen las 500 columnas de Manuel Riesco con 2.987 lecturas en promedio por columna
Columnas de Manuel Riesco
2017-08-10
Tierra: medio siglo de la Ley de Reforma Agraria
446 lecturas

2017-08-02
Vueltas de la vida
408 lecturas

2017-07-25
Superexplotación
178 lecturas

2016-08-12
Apurando el Tranco
3555 lecturas

2016-08-02
Correligionarios del Ministro Secretario General de la Presidencia
2581 lecturas

2016-07-17
Tergiversación del ministro Valdes
1943 lecturas

2016-06-24
Recesión Valdés - Vergara
1921 lecturas

2016-06-20
Uber
1885 lecturas

2016-06-09
Rechazo: total y decidido al proyecto de reforma de educación superior
1978 lecturas

2016-05-25
Paso atrás... el gobierno aparece cansado y su ímpetu reformista frenado casi del todo
1941 lecturas

2016-05-19
Clase Obrera... diez millones de chilenos
1967 lecturas

2016-05-12
Extremos: ola de descontento popular viene reventando desde el sur
2037 lecturas

2016-05-05
Autoexilio de uno de los “Hijos de Pinochet”
1968 lecturas

2016-04-26
Aylwin... equivocó de bando en el momento trágico que marcará su rol en la historia
1909 lecturas

2016-04-20
Cojonudo: Ojalá, las vacas flacas no duren tres décadas
1780 lecturas

2016-04-14
Vendrán nuevas ventoleras y marejadas
1848 lecturas

2016-04-06
CAE: Trampitas contables y pillerías políticas
2066 lecturas

2016-03-29
TranSantiagazo
815 lecturas

2016-03-10
Espejismo del acuerdo de CORFO y Rockwood Litio
2320 lecturas

2016-02-10
¿Ocurrió? El gran derretimiento del “Modelo chileno”
791 lecturas

2016-01-21
Ocaso de los "Hijos de Pinochet". A mitad del segundo mandato de la Presidenta Bachelet (1 de 3)
2317 lecturas

2016-01-16
Indignación ante limitaciones de la gratuidad
2303 lecturas

2016-01-06
Año Nuevo desencuentro nuevo en la Nueva Mayoría
2056 lecturas

2016-01-04
Ahora se viene el tiempo de cambiar este modelo
2273 lecturas

2015-12-23
Balance Navideño
1974 lecturas

2015-12-15
¡La Gratuidad Va!
2252 lecturas

2015-12-03
La solución a los conflictos con nuestros vecinos pasa por integrarnos
2167 lecturas

2015-11-25
Los demonios de la modernidad son bien reales
2072 lecturas

2015-11-08
Élite
2125 lecturas

2015-11-01
¿Reforma de Macetero?
2118 lecturas

2015-10-21
Sistema de AFP: Inmoral
993 lecturas

2015-10-15
¿Década Perdida?
816 lecturas

2015-10-08
Tranco Firme: Se ha iniciado el fin de un mal sistema de educación
2351 lecturas

2015-09-23
Septiembre
2103 lecturas

2015-09-15
Pensiones
2562 lecturas

2015-09-14
Eyzaguirre 3.0
2129 lecturas

2015-08-31
Consejo consultivo
2157 lecturas

2015-08-30
Caída del precio del cobre
2289 lecturas

2015-08-24
Presupuesto de Educación 2016
2263 lecturas

2015-08-22
Ricardo Lagos ¿Jefe opositor?
2193 lecturas

2015-08-02
Derrota
2702 lecturas

2015-07-26
Asesinato
2840 lecturas

2015-06-11
Peligro Público
2371 lecturas

2015-05-18
Erupción
2434 lecturas

2015-04-29
Informe Engel
2662 lecturas

2015-01-25
Oro y Cobre
3261 lecturas

2014-12-17
Vacas Flacas
4886 lecturas

2014-10-05
Quo Vadis
4250 lecturas

2014-09-12
Emblemático. Nunca se avanza quitándole el puesto a otro
3418 lecturas

2014-08-18
No más CAE
3490 lecturas

2014-08-04
Gratuidad 2015
2667 lecturas

2014-08-01
Algunos elementos de diseño del nuevo esquema de financiamiento y calidad de la educación
2361 lecturas

2014-07-21
Eyzaguirre
2199 lecturas

2014-07-14
Parelé
2231 lecturas

2014-07-10
Arriba las Manos (bis)
2498 lecturas

2014-07-08
TranSantiagazo
2196 lecturas

2014-06-20
AFP del Estado no resuelve el problema de fondo
2766 lecturas

2014-06-10
Reforma tributaria
2490 lecturas

2014-04-17
Rectores
3424 lecturas

2014-03-21
Condiciones mínimas de la gratuidad (III) Reconstrucción
3035 lecturas

2014-03-20
Condiciones mínimas de la gratuidad (II) Gratuidad
2976 lecturas

2014-03-18
Condiciones mínimas de la gratuidad (I) Subsidio a la Demanda ¡Estúp...!
2953 lecturas

2014-03-08
"666"
2785 lecturas

2014-03-05
Correctivos
2896 lecturas

2014-03-03
La hija del torturador
3154 lecturas

2014-02-21
La Generación del 68
2723 lecturas

2014-02-10
Ocaso de los "Hijos de Pinochet"
2955 lecturas

2014-02-05
De Generaciones: El ocaso de los "Hijos de Pinochet"
5644 lecturas

2014-01-10
Perverso: la ilusión de la capitalización individual
3198 lecturas

2014-01-03
Pronósticos: ...derrumbe de la bolsa chilena
3060 lecturas

2013-12-26
Colapso Clínico: "lease back" del Hospital de la Universidad de Chile
3443 lecturas

2013-12-01
Renacionalización de los recursos naturales: Clamor Nacional
3241 lecturas

2013-11-16
Publicidad Engañosa de Asociación de AFP
3744 lecturas

2013-11-15
AC
2697 lecturas

2013-11-04
Demagogia
2771 lecturas

2013-09-29
Maremoto
2996 lecturas

2013-09-10
Aportes miserables
2854 lecturas

2013-08-23
Las demandas de hoy y las de ayer
3033 lecturas

2013-07-08
Acoplados
3480 lecturas

2013-06-21
A Chaucha Mais Grande
3345 lecturas

2013-05-27
Apoyo a Bachelet
3119 lecturas

2013-05-24
PIB
4911 lecturas

2013-05-08
Renta y Crisis
3311 lecturas

2013-03-24
Renacionalizar
3744 lecturas

2013-03-13
Chávez y Bolívar
3163 lecturas

2013-03-12
Sur
3238 lecturas

2013-03-08
Paleteados
3046 lecturas

2013-02-09
Pichicateada
3947 lecturas

2013-02-02
Charcha
3325 lecturas

2013-01-21
Japoneses
3206 lecturas

2012-12-25
Razón de Estado
3374 lecturas

2012-12-17
La Gran Pregunta
3260 lecturas

2012-11-19
Estatizar
3562 lecturas

2012-11-05
Desafíos del Vivir Más
3224 lecturas

2012-11-02
Mal Holandés
3338 lecturas

2012-09-15
Carta abierta a Camilo Escalona
4871 lecturas

2012-08-29
Candidatura de la Izquierda
3876 lecturas

2012-08-01
Escoria
3520 lecturas

2012-07-02
Opositores a Allende
3761 lecturas

2012-05-28
Zambullón
3684 lecturas




Hay 38 usuarios visitando www.generacion80.cl

òltimas Columnas
Vengo de un pueblo pequeño... que se llama Til Til por Vólker Gutiérrez
Tierra: medio siglo de la Ley de Reforma Agraria por Manuel Riesco
2016, Venezuela en la encrucijada. La grave crisis económica, social y política por Orlando Caputo
La Codelco de Eduardo Engel por Julián Alcayaga
Venezuela: crisis para todo uso por Ángel Saldomando
Otras noticias
2017-08-01
LUN DESTACA INVESTIGACIÓN EN FUSIÓN NUCLEAR DE LA CChEN
2017-07-27
CONMEMORAN LOS 50 AÑOS DE LA TOMA DE LA UC
2017-07-26
OFICIALIZAN LA POSTULACIÓN DEL FÍSICO LEOPOLDO SOTO NORAMBUENA