Columnas
2013-03-15
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Gonzalo Cid Vega
especial para G80

AFPs, una fábrica de pobres

Expertos de todas las corrientes políticas han develado que el modelo de las AFP solo permite entregar montos de pensiones miserables, que no admiten recibir el nombre de jubilación.

A partir de las advertencias realizadas a comienzos de este año por el  economista Joaquín Vial, se logró por fin abrir en los medios de prensa masivos el debate sobre la real eficacia y legitimidad de las AFPs como entidades encargadas por el Estado para entregar pensiones a los chilenos y chilenas. Pero es lamentable que este debate se haya limitado casi exclusivamente a las opiniones de los defensores del actual modelo, haciendo todos ellos diagnósticos catastróficos sobre los resultados a 32 años de funcionamiento y planteando soluciones que solo agravan aun más la situación. Estos personeros suelen ser presentados como académicos independientes, pero en su gran mayoría son directores, ex directores o asesores de AFPs.  Es así como Joaquín Vial, actual integrante del Consejo del Banco Central, durante cinco años trabajó como economista jefe del grupo BBVA y estuvo en la presidencia de la AFP Provida.

Vial,  al señalar en el seminario dictado en la UDP a comienzos de este año, que en promedio un 60 % de las personas que comenzaron a cotizar en el sistema en el año 81, hoy no superarán los $ 20 millones de saldo acumulado en sus cuentas, entregándoles así pensiones no mayores a $ 150 mil, ha dicho solo parte de la verdad ya que se quedó corto con sus predicciones. Fue la propia Asociación de AFPs la que en los primeros días de marzo de este año, señaló que la situación es aún más dramática; hicieron ver que de acuerdo a sus estudios para obtener una jubilación de $500 mil se requiere al menos $93 millones acumulados, o sea que por cada $20 millones acumulados se obtiene una pensión de menos de $108 mil, muy menor a lo dicho por Vial y bastante más cercano a los cálculos hechos por Fundación CENDA (cada $20 millones acumulados un hombre obtiene $105 mil y una mujer $89 mil).

En un seminario organizado a fines del 2012 en el Senado, la superintendenta de Pensiones, Solange Bernstein reconoció que las tasa de reemplazo (la relación entre la pensión de una persona y sus últimos años de sueldo) en el caso de la mujeres solo llega al 25%, o sea en una mujer cuyo sueldo promedio de los últimos años es de $400 mil jubilará con tan solo $100 mil.

Otro de los académicos que han salido al debate es Klaus Schmidt-Hebbel, asesor de varias AFPs, quien en su defensa del sistema no rebate lo escuálida de las pensiones pero destaca el aporte del sistema de AFP al financiamiento de las empresas chilenas y su importancia en la mejora de los gobiernos corporativos de las empresas donde participan; es tal vez este el gran mérito de las AFPs, ser una ahorro forzado para todos los chilenos en beneficio de los grandes grupos económicos.

A estos análisis les falta puntualizar algunos aspectos:

1º.- Este es un sistema extremadamente caro para el trabajador/a, es así que uno de cada tres pesos que se cotiza se los embolsan las AFPs o compañía de seguros relacionada; ello ocurre, en primer lugar por las altas comisiones y costos de administración que mes a mes nos descuentan de manera obligatoria de nuestro salario, aproximadamente un 11,6%,  de ello un 10% va a parar a nuestra cuenta individual y el otro 1,6 % es el cobro que nos hacen para obtener una supuesta rentabilidad que fluctúa entre valores de 4 a 6.5% según las AFPs. Es bueno no confundirse: el cobro que nos hacen hay que calcularlo sobre el dinero que ellos administran, no en relación a mi sueldo, es así que el 1,6% de mi sueldo que cobran por administración, equivale en realidad al 14 % del dinero que me manejan (11,6% de mi sueldo) y por ello ofrecen un rentabilidad que es menos de la mitad de lo que cobran. A ello se suman las ganancias que obtienen por las diferencias entre primas de rentas vitalicias cobradas y rentas vitalicias efectivamente pagadas, así en el periodo entre 1982- 2008 cobraron $12.7 millones de millones y pagaron $7.4 millones de millones, o sea se embolsaron la no despreciable suma de $5.3 millones de millones de pesos; el mismo mecanismo ocupan para ganar con las diferencias entre primas efectivamente pagadas en los seguros de invalidez y sobrevivencia y seguros efectivamente pagados. Hay ganadores en este modelo, durante los primeros 25 años de funcionamiento del sistema, vemos que la mitad de los fondos invertidos en Chile esos años, fueron invertidos en cinco grupos económicos: Grupos Santander, Luksic,  Yarur, Endesa y BBVA, entre ellos dueños de AFP y compañías de seguros. Durante el 2008 los grandes ganadores fueron los grupos Angelini, Endesa España, Paulmann, Matte, Solari, Ibañezy Ponce Lerou, entre otros, que se quedaron con el 70% de los fondos de ese año invertidos en Chile. Claramente los que pierden son los trabajadores/as.

2º.- No se señala que es un sistema absolutamente subsidiado por el Estado. Entre los años 1981 y el 2009 más del 50% del gasto para pagar pensiones que hicieron las AFPs y compañías de seguros relacionadas, se hizo con dineros públicos; esto fue admitido por el director de Instituto Libertad y Desarrollo, Luis Larraín, en un debate en vivo en radio Duna el año 2011. Debemos ser claros: se ha mantenido un sistema privado de pensiones que ha sido desde su fundación una enorme carga para el Estado y en el que todas las cotizaciones pagadas y las ganancias obtenidas van en beneficios de las AFPs, Cía. de seguros y algunos grupos económicos. No podemos perder de vista que el antiguo sistema de reparto que existió en Chile hasta el año 80 nunca fue una carga para el Estado, y la gran amenaza para cambiarlo es que podía llegar hacerlo. Con la última reforma se han ido sumando diversos mecanismos que incorporan más subsidios a este modelo: bono por hijo, Aporte Previsional Solidario, subsidio al trabajador joven, entre otros.

3º.- Es un sistema mal diseñado. Por un lado, no se hace cargo del modelo laboral chileno, que a lo largo de los ajustes neoliberales implantados durante los últimos 30 años hace que el mercado del trabajo en Chile sea extraordinariamente precario, contribuyendo ello a despidos injustificados, no pago de imposiciones de manera unilateral por el empleador, debilidad de los sindicatos, bajos salarios (el 50% de los trabajadores no gana más de 250 mil pesos), malos seguros de desempleos, etc., lo que se traduce evidentemente en baja capitalización individual en las cuentas de las personas. De acuerdo a los estudios de Cenda, hasta el 2009 dos tercios de la fuerza de trabajo cotizaron en promedio menos de un 50% al año. Por otra parte este sistema se basa en la rentabilidad que se obtiene en mercados de renta variables sujetos a la especulación financiera, generando la ilusión que estas pueden mantenerse sobre el 6% de rentabilidad durante periodos prolongados. La historia nos muestra que las bolsas en periodos largos (más de 50 años) rentan bajo el 2% en promedio. Por último este modelo exige que el salario de tus primeros 10 años sea la base (sobre el 60%) de tu jubilación, lo absurdo es que el trabajador durante sus primeros 10 años gana sueldos que son la mitad o menos que los que obtiene durante sus últimos 10 años, lo que hace más complejo el poder establecer una equivalencia entre su jubilación y su ingreso percibido al jubilar, falencias todas ellas que el sistema de reparto soslaya.

4º.- Es un sistema que discrimina aberrantemente a las mujeres. En el antiguo sistema público de pensiones, una mujer y un hombre que trabajan igual número de años y ganan igual sueldo, tiene derecho a jubilar con una pensión vitalicia idéntica, la mujer a los 60 años y el hombre a los 65, cualquiera sea su estado civil y número de cargas. En las AFP, en cambio, un hombre soltero de 65 obtiene hoy aproximadamente un tercio más de pensión que una mujer soltera de 60 años con el mismo fondo acumulado. Aún si ella renuncia a su derecho a jubilar a los 60 años y posterga esta decisión a los 65, la pensión del hombre resulta aproximadamente un sexto mayor. Esto se debe a la aberrante discriminación que se estableció por temas de género al instaurarse este modelo, pues si bien las mujeres viven cinco años más que los hombres, nada se menciona que los seres humanos más ricos de Chile viven bastante más de cinco años que los seres humanos más pobres; es así por ejemplo que un habitante de Las Condes vive de acuerdo al INE nueve años más que uno de Osorno, pero en este caso nadie castiga a los habitantes de Las Condes, seguramente la comuna donde viven la mayoría de los directores de las AFPs.

Hoy que se han encendido las alarmas sobre la efectividad real que tiene el modelo de AFPs ya que no ha sido capaz de cumplir con la promesa hecha hace 32 años, cuando se señaló que entregaría pensiones con tasas de reemplazo sobre el 70%, así se hace imperioso una reforma radical del sistema. La realidad de acuerdo a los datos de la Superintendencia de Pensiones es que al 31 de enero del 2013  la pensión promedio que se entrega es de $179 mil pesos y la pensión de vejez, la de mayor cobertura, es de apenas 161 mil pesos, o sea este modelo que ha sido legitimado tanto por la derecha como por la Concertación hoy hace que una persona que se jubila quede automáticamente pobre, ello mientras el año 2012 las utilidades de las AFPs aumentaron en un escandaloso 38%.

La solución  existe pero no va por elevar la tasa de cotización del trabajador o retrasar la edad de jubilación, menos por seguir aumentando los subsidios a las AFPs como exigen de manera desfachatada e inmoral los directores y dueños de las AFPs y economistas asesores de ellos. Tampoco generaría grandes cambios la idea de crear una AFP estatal como han propuesto sectores de la Concertación, como forma de contener los reclamos, esto es equivalente a lo hecho en educación, otorgando los créditos CORFO, como mecanismo para paliar los abusos de préstamos que se hacían a los estudiantes por parte de bancas privadas. Hoy vemos que todos los jóvenes que adquirieron esos créditos sienten que fue una estafa.

La solución es reconstruir un sistema de reparto sólido, eficiente y moderno, al igual como existen en todos los países desarrollados y en el 95% de los países del mundo, esto no es sino un clásico mecanismo de seguros, mediante el cual las cotizaciones de los trabajadores en actividad se utilizan para pagar las pensiones de los jubilados. Dicho esquema ha demostrado su solidez y sustentabilidad otorgando pensiones buenas a lo largo de más de un siglo a poblaciones mucho más maduras que la chilena, eso permitiría mejorar las pensiones al nivel del ex INP sin aumentar las cotizaciones actuales y con un excedente grandísimo a favor del fisco, que permitiría entre otras cosas financiar la educación gratuita y todo ello sin tocar el fondo. De acuerdo a los cálculos hechos por fundación CENDA hoy el traspasar la administración del sistema a una entidad pública como el IPS (ex INP), manteniendo el Estado todos los compromisos previsionales vigentes y asumiendo todos los compromisos hechos por AFPs y Cía. de seguros, pero ahora administrando el fondo existente que es propiedad de los chilenos/as por una entidad estatal y recibiendo esta entidad pública las cotizaciones mensuales, permitiría que al Estado le ingrese de manera constante un flujo superior a los 5 mil millones dólares anuales. Con ello se podría mejorar considerablemente las jubilaciones de 1 millón 800 mil pensionados chilenos.

Marzo 2013

Gonzalo Cid Vega.
Economista  e investigador de Fundación CENDA.

Fundación Cenda ofrece charlas para explicar con mayor claridad la situación actual del sistema de pensiones a sindicatos y asociaciones de trabajadores que lo soliciten. Contactar a gonzalo.cid@cendachile.cl

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