Columnas
2015-01-08
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Luis Casado
especial para G80

With a little help from my friends

Si piensas que esto va dedicado a la versión que hizo de la canción de los Beatles un cierto Joe Cocker que la acaba de palmar para tristeza de sus numerosos admiradores, incluyéndome, voy a tener que decepcionarte.

Pasa que – en medio del sirope navideño (¡compre! ¡compre!) servido hasta la nausea por la prensa y la TV de casi todo el planeta – buscaba un tema susceptible de darnos algún ánimo, de estimularnos los zigomáticos, de devolvernos un par de razones de esperar, de ver el futuro con algo más que el tic-tac de la cuenta regresiva que nos lleva fatalmente al pago de las ídems, allá por las fechas en que sí o sí tendremos que hacerle frente a otros gastos, a otros ofertones, a otros consejos de cómo ahorrar comprando.

Y como suele suceder, el tema estaba allí, frente a mí, sin siquiera esconderse: la economía actual funciona cuando compramos cosas que no necesitamos, con dinero que no tenemos, gracias a créditos que ni siquiera tenemos que pedir.

Si nos abstenemos… todo se va al pedo, los “expertos” dicen que la confianza de los consumidores decayó, lo que arrastra consigo la certidumbre de los patrones que viven de la venta de lo que no necesitamos para vivir. Por consiguiente, los inversionistas no inversionan, el desempleo desemplea, los prestamistas no prestonan, visto lo cual el pinche consumidor que duerme en cada uno de nosotros no consume, y ya la tenemos liada.

El tema es viejo, te lo concedo, pero joder que lo han ocultado al punto que los economistas le echan la culpa de las crisis a cualquier cosa, menos a la falta de poder adquisitivo que genera la concentración de la riqueza en las pocas manos de un puñado de privilegiados. Y a un modelo económico llamado de la “oferta”, que consiste mayormente en producir cualquier vaina, confiando en que siempre habrá un boludo para comprarla.

En fin, que lo mío iba de hallar razones para mirar hacia delante con un poquillo de alegría…

En ese preciso momento, un par de notas de la prensa occidental vino a procurarme alivio y tema.

Tal parece que la baja del precio del petróleo y la subida del dólar van a salvar el mundo cosa mágica. Así como lo lees. Tanto economista buscándole solución a las chambonadas que provocan los economistas, y la respuesta estaba allí, chanchita, como una pelota dando botecitos frente al arco desguarnecido de arquero y defensas, esperando que algún delantero adversario la empujase hasta el fondo de las redes.

En las escuelas de economía, en vez de enseñar tanta pelotudez inútil – la ley de la oferta y la demanda, o el principio de los rendimientos degresivos, por ejemplo – harían bien enseñando cómo hacer bajar el precio del petróleo y simultáneamente hacer subir la tasa de cambio del dólar.

Lo del dólar está chupao. Contrariamente a lo que dice la “cátedra”, el precio del dólar no lo fija el mercado. No, te digo que no. El imperio define sus políticas monetarias como le sale de las criadillas, con el loable propósito de provocar lo que es bueno para sus propios intereses políticos, económicos y militares.

Ahí… las enseñanzas de los economistas salen sobrando. Las boludeces que le cuentan a los países rascas no aplican en la Metrópolis. Cuando la desregulación de facto de los mercados financieros fue seguida de su desregulación jurídica (para poner dentro de la ley a bancos que no lo estaban), y se produjo la mega crisis del 2007 que aún vivimos, el banco central del imperio, la FED, produjo dólares como si lloviesen. Ben Bernanke, el patrón de la FED en ese momento, usó precisamente ese término, declarando que si juzgaba necesario tirar dólares por paquetes desde un helicóptero, lo haría.

El relajo monetario que llamaron con la dulce apelación de Quantitative Easing, le arrojó billones de dólares a los mercados financieros, como quién le tira maní a los monos. Sólo que en este caso mandan los monos.

Las tasas de interés de la FED – que sirve para alimentar a los bancos privados – fue oportunamente reducida a cero, o aún menos de cero si tomamos en cuenta la débil tasa de inflación: pides 100, y devuelves 98. Un país como Chile, cuyo banco central mantuvo sus propias tasas en torno a un 5%... provocó el fenómeno llamado carry trade, que consiste en pedir plata al cero por ciento de interés en los EEUU, para colocarlo en Chile (u otro país a tasas de interés altas) al 5%. Al cabo de un año recuperas tu colocación, pagas lo emprestado, y te quedas con un 5% de beneficio ¡sin poner ni uno!

El dólar, que llegaba por vagones, bajó contra el peso, y la genial María Olivia Recart – subsecretaria de Hacienda en esa época – declaró que se debía al excepcional estado de nuestra economía…

Ahora el imperio – después de terminar gradualmente con el relajo monetario – anuncia que sus tasas de interés subirán. ¿Cuándo? Cualquiera de estos días, el que avisa no es traidor. Todo el mundo recoge cañuela, consagra lo mejor de su tiempo a repatriar los dólares, y evidentemente el dólar sube frente las demás monedas. ¿Viste cuan fácil es jugar al yo-yo?

Sobre todo cuando – como decía muerto de la risa un humorista llamado Milton Friedman – “los que producimos los dólares somos nosotros”, o sea ellos, el imperio.

Lo del petróleo es casi tan sencillo como lo que precede. Basta con autorizar la explotación de los llamados yacimientos de esquistos bituminosos, rocas sedimentarias de grano fino que contienen kerógenos, a partir de los cuales se puede obtener petróleo. La administración yanqui estima las reservas mundiales entre 2,8 a 3,1 billones de barriles de petróleo potencialmente explotables, de los cuales 1,2 billones están en los EEUU. Los costes de producción son enormes, para no hablar del desastre provocado en la Naturaleza.

Si el precio del petróleo se va a las nubes… la explotación de los yacimientos de esquistos es rentable. Pero… hay un detallito: cuando anuncias que vas a explotar dichos yacimientos en un período de desaceleración económica – durante el cual baja el consumo de petróleo – generas una sobre oferta que manda el precio al suelo, gracias a lo cual tus yacimientos de esquisto ya no son rentables.

Arabia Saudita lo entendió muy bien. Para los saudíes los costos de explotación son muy bajos. De modo que en vez de reducir su nivel de producción para proteger el precio, lo mantuvieron. De ese modo contribuyen a bajar aún más el precio del barril – que para ellos sigue siendo rentable – y dejan fuera de juego a las empresas que explotan los esquistos. De una sencillez bíblica.

De ahí a decir que la férrea alianza entre los EEUU, Arabia Saudita y Qatar tiene algo que ver en este jueguito… hay un paso que no es fácil franquear, habida cuenta de múltiples intereses cruzados.

Lo cierto es que los linces del FMI declaran con la cara llena de risa que la baja del precio del petróleo podría aumentar el crecimiento planetario en un 0,7%... Si a eso le sumas la baja relativa del euro, la Unión Europea podría crecer un puntito suplementario en el 2015.

En Francia, por ejemplo, donde el muy socialista François Hollande le regaló 30 mil millones de euros a las empresas privadas, dizque para crear empleo (el desempleo acaba de aumentar una vez más en 0,8% en el mes de octubre…), la baja del precio de los combustibles le aportará otros 30 mil millones de euros a la empresa privada.

Y he aquí que las movidas descritas debiesen salvar el planeta, sostener el crecimiento, generar empleo y – sobre todo – aumentar significativamente los beneficios empresariales, sinónimo de paraíso en la Tierra.

Desde luego, no faltan los mendas negativos, los descreídos, los faltos de fe y los infieles que nunca están contentos, que dicen que el petróleo demasiado barato reducirá las inversiones en el sector y que la gasolina se irá a las nubes antes de que nos hayamos dado cuenta de que había bajado. Ya se verá.

En todo caso, no queda sino lamentar (o alegrarse) de que terminar con la crisis fuese tan fácil.

Haberlo sabido antes…

Luis Casado
www.politika.cl

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