Columnas
2015-01-29
1764 lecturas

Daniel Pizarro
colaboración de POLITIKA

Un día en la vida de X

Un día cualquiera en la vida de X, una mañana que es copia fiel de las otras, está X frente al computador de la oficina, como siempre, y debe informar una buena noticia, como a veces. Debe contar que al piloto de la empresa le dieron el subsidio habitacional.

Pero las cosas simples no son tan simples.

El piloto no es exactamente piloto. No pilota buques, aviones o globos aerostáticos. No estamos en una naviera, menos en una compañía aérea. Aquí el piloto es el auxiliar, el suche de los papeleos bancarios y todo lo que no está a la altura de los demás, la casta de los profesionales.

Lo llaman piloto para subirle el pelo y mantenerle el sueldo (siempre bajo).

Los demás saben que el piloto no está a su altura. Lo encuentran levantado de raja. Así dicen. Se toma atribuciones que nadie le ha dado, de repente les habla de igual a igual o se le ocurre devolver una talla.

El piloto se desubica, pero siempre lo perdonan.

Y ahora se ganó el subsidio, por fin. Y el certificado se lo entregó la mismísima Presidenta en una ceremonia en La Moneda. De eso va el correo electrónico que envía X, en este día como todos:

No es fácil tener casa propia.

Para muchos el subsidio es la única opción.

Pega en el correo una foto de B con su diploma, junto a dos gerentes que le prestan sus sonrisas.

Luego se da una vuelta por otra oficina, una sala grande con personas trabajando una al lado de otra. Entonces viene la chiquilla, directo hacia X. Pero se detiene a unos metros como en un duelo, para que todos oigan sus palabras.

¿Te puedo decir algo?

No me gustó lo que escribiste. O sea, a mí no me gustó.

Lo encontré nada que ver.

El subsidio no es la única posibilidad para tener una casa.

Para muchos lo es, dice X. Por algo existen los subsidios.

Es que a mí no me gustó, insiste la chiquilla.

Pero eso no es un argumento, es un prejuicio.

La chiquilla hace un mohín ante la palabra prejuicio y se vuelve a su asiento.

Y así sigue el día, cualquiera. X lee a la pasada la prensa digital.

La pobreza está disminuyendo, en este día; en este día –entonces vamos por la senda del progreso. En este día quedan pocos pobres y a nadie se le ocurriría ser uno de ellos, contando desde A hasta Z.

Nadie necesita subsidios, en este día.

En este día se escriben homenajes por la muerte de Lemebel.

Hay que almorzar con el profesor Jota, en este día de X.

Sucede que el profesor Jota está enfermo, o sea molestísimo, y que sólo habla de sí mismo, de su molestia.

La molestia es con la universidad. Porque el profesor es europeo y le cuesta entender lo que están haciéndole. Pero ha empezado a ver detrás de la maraña. Mejor dicho: ha empezado a ver la maraña antes invisible.

El asunto es que si te llaman desde muy lejos –dice este profesor, a ti, solo a ti, y te hacen sentir el elegido, the only one, y te hacen creer que les interesa tu especialidad, que quieren desarrollarla en el país, será porque es así, porque el asunto es del todo transparente.

Algo así le está diciendo a X el profesor Jota durante el almuerzo. En este día cualquiera.

Pero resulta que no es, prosigue el profesor.

Resulta que te exigen escribir artículos que la universidad cobra para su bolsillo y suelta una propina para el autor. Resulta que te usan para atraer fondos públicos para la investigación.

Resulta a fin de cuentas, dice el profesor, que es como si tuviera que financiarme el sueldo.

Para la gloria de la autogestión.

La universidad piadosa, dice este mismo profesor.

Ah, y las evaluaciones de los alumnos. Ellos pagan, ellos evalúan. Y uno tiene que hacer el tony para que nunca se aburran. Porque en este mundo el aburrimiento es el más mortal de los pecados.

Y el profesor va entendiendo. Y a medida que entiende lo evalúan peor.

Pero nunca se sabe, sigue, todo es muy oscuro en la universidad piadosa, nunca se sabe cuánto pesan las cosas en las esferas eternas. Porque la balanza está muy alto y no alcanza a divisarse.

Velo tras velo, fachada tras fachada en la aventura de la autogestión. Así avanza el profesor.

Como si en el fondo le hubieran dicho: Ya, vente nomás, flaquito. Dale, ármate un cuento. Hazte el leso.

Pero no te pongái denso.

La pobreza disminuye en este día, y se murió Lemebel, y hay que ponerse máscaras para que te escuchen, para que se queden pegados a la máscara, y hay que ponerse plumas para que te vean, poner el ojo en la diferencia, y en la estridencia, y pensar que la pobreza disminuye, por este camino.

Así es este día. Del señor X.

En este día X alberga el sueño de la casa propia, como un piloto. Pero con baja intensidad.

Y con el vuelo de la inercia, al atardecer del día parte a merodear el sueño de la casa propia, a concretar su proyecto de clase media, el don X.

Y aquí aparece la corredora de propiedades, calcada de las otras corredoras, piensa X en su día. Están hechas en molde.

Y aquí la casa media, en el condominio. Para soñar. Y la pobreza disminuye. Y así disminuye: cada cual tratando de sacar ventaja del otro, con lo poco que se tiene, a la caza de la mayor rentabilidad, como se dice, así son los negocios, y todos contentos aunque te esquilmen, porque el poder también hay que encajarlo en la ecuación del mundo, el poder de tener, aunque sea un poquito, y el hecho de no tener nada también, ni siquiera plumas, en el día de nuestro X, y todos contentos.

Y así la caja, o sea la casa, y así el precio que piden por ella, para ventaja y razón de los que tienen algo que otros no tienen, y así los intereses bancarios que arremeterán de atrás, para ventaja de los que tienen, sea repetido, contra lo que otros no tienen, todo esto en el famoso día de X.

Ah, pero me olvidaba… perdonen.

Me olvidaba que hay otros interesados, ahí cerquita de X. Ella, él y la niña. Que vienen por lo mismo que X a la arena donde concurren los que tienen las mismas necesidades y los mismos sueños. Y ella que lo mira y arisca la nariz como si oliera mierda, como diciéndole: Te advierto que mi oferta es mejor, si me gusta la caja (la casa) me la quedo y cagaste nomás. Todo esto dicho en el fruncido lenguaje de la clase media, ése donde entran la palabra autogestión, la palabra emprendimiento, la palabra meritocracia y otras por el estilo.

Y así. Pongamos que va pasando el día.

Así suben las estrechas escaleras de la casa, uno detrás del otro, los interesados en pie de guerra.

Y las piezas pujan por abrirse paso en la estrechez, y todo se subdivide en la casa, y todo choca y se aprieta entre sí, y detrás va diciendo la corredora, rendida ante la evidencia: la casa es el puente perfecto para una vivienda más amplia, la estación intermedia, dice, a espaldas de los visitantes, dando por descontado, se le ocurre pensar a X, que la prosperidad es asunto de tiempo, si estamos todos en la misma, todos pujando para arriba en la tribu de la clase media, así que esta casa es el puente perfecto, trampolín para el salto que nos merecemos, lo que nos hemos ganado en nuestro día, el gran día del señor X.

Toda casa que se precie de clase media debe tener piscina.

Ese es un axioma.

Y esta casa no es la excepción. Pero cómo decirlo.

La piscina es el patio. O sea: patio = piscina.

Donde había un patio mínimo, otrora, existe hoy una piscina, mínima.

Pero la clase media se resiste, da la pelea. En este día cualquiera.

Los muros del patio, o sea las paredes divisorias del condominio, se proyectan hasta el fondo de la piscina.

El patio es un cubo de agua. Raro.

Pero no falta el quincho, en el espacio sobrante, como la aquiescencia del agua a la tierra. Pero hay que ponerse de medio lado para asar. Raro. Pero igual.

En este día, en esta casa a precio sorprendente. Pero todos tenemos el derecho de fijar nuestros precios, eso lo tenemos muy claro.

Ah, y lo que X observa desde el piso alto, en este día cualquiera. Lo que puede oírse.

Oh, la música. A todo volumen, desde algún balcón perdido.

Oh, la libertad. Oh, el rock liberador. Oh, la expansión del individuo libre. Las plumas, la pobreza, la tolerancia, oh.

La ampliación del campo de batalla.

Un día cualquiera en la vida de X.

Daniel Pizarro

Comenta con ayuda de Facebook(*) (Habilitado el 11 de diciembre del 2009): ¡OJO! Se puede comentar escribiendo un mail (no se muestra es solo para validacin) o con cuenta de Facebook.


(*)Algunas versiones de Internet Explorer bloquean esta herramienta social, sugerimos navegar con Firefox, Safari, Opera, Chrome u otro navegador web para hacer y leer los comentarios



50.397 lecturas en total tienen las 33 columnas de Daniel Pizarro con 1.527 lecturas en promedio por columna
Columnas de Daniel Pizarro
2016-08-12
City tour
2691 lecturas

2016-01-16
La Caty, con C
1597 lecturas

2015-12-13
Los nuevos putos
789 lecturas

2015-11-01
El patio de las princesas
1420 lecturas

2015-10-19
Equis
1251 lecturas

2015-10-04
La evidente obscenidad de cada día
1306 lecturas

2015-09-02
La ruta del café
1438 lecturas

2015-06-29
Frenesí
1324 lecturas

2015-06-01
La ventana discreta
1404 lecturas

2015-05-26
Un mundo feliz
1360 lecturas

2015-05-18
Metafísica de las esponjas
1460 lecturas

2015-05-12
I had a dream
918 lecturas

2015-04-21
Lecciones de cine (Allende en su laberinto)
1371 lecturas

2015-04-14
Los Picapiedras
1412 lecturas

2015-03-29
Un cuento imposible
1666 lecturas

2015-03-28
Una historia sencilla
1024 lecturas

2015-03-15
Un cuento imposible
938 lecturas

2015-03-11
Sería Cosa
1445 lecturas

2015-03-02
El juego de las preguntas
1507 lecturas

2015-02-26
Tratado de libre comercio
1684 lecturas

2015-02-13
El Camaro en la historia de Chile
1765 lecturas

2015-02-04
Terrores Nocturnos
1980 lecturas

2015-01-29
Un día en la vida de X
1765 lecturas

2015-01-22
Instrucciones para escribir un Currículum
1807 lecturas

2014-12-26
El signo que nos rige
1582 lecturas

2014-11-20
El mundo es ancho y ajeno
1311 lecturas

2014-11-01
Liberté
1297 lecturas

2014-10-15
La vida de los otros
1275 lecturas

2014-09-09
No es lugar para mujeres
1769 lecturas

2014-08-27
Taller en la Playa (Comedia en varios actos)
1682 lecturas

2014-07-22
Corto viaje al fondo de la prosperidad
1326 lecturas

2013-06-11
Profetas y Frenéticos
1446 lecturas

2013-05-28
Evaluaciones de desempeño: lo mejor de nosotros (para vomitar)
3387 lecturas




Hay 14 usuarios visitando www.generacion80.cl

ltimas Columnas
Vengo de un pueblo pequeño... que se llama Til Til por Vólker Gutiérrez
Tierra: medio siglo de la Ley de Reforma Agraria por Manuel Riesco
2016, Venezuela en la encrucijada. La grave crisis económica, social y política por Orlando Caputo
La Codelco de Eduardo Engel por Julián Alcayaga
Venezuela: crisis para todo uso por Ángel Saldomando
Otras noticias
2017-08-01
LUN DESTACA INVESTIGACIÓN EN FUSIÓN NUCLEAR DE LA CChEN
2017-07-27
CONMEMORAN LOS 50 AÑOS DE LA TOMA DE LA UC
2017-07-26
OFICIALIZAN LA POSTULACIÓN DEL FÍSICO LEOPOLDO SOTO NORAMBUENA