Columnas
2016-01-16
1528 lecturas

Daniel Pizarro
colaboración de POLITIKA

La Caty, con C

Yo trataba de contar una historia, la de esta familia del barrio alto, pero la historia no dejaba contarse y hasta daba para pensar que en realidad no había ninguna historia, que todo era como un presente puro donde se recuestan los hechos inmunes al tiempo, a los años. Yo trataba de pensar en la aparición de la Caty como una tromba en el departamento de ese pololo antiguo, trataba de entender la razón de su entrada al departamento veintitantos años después de lo que hubiera habido entre ellos, si amor u otra cosa; trataba, digo, de recoger sus palabras e hilvanarlas en el tiempo.

A la vez trataba de escoger, mientras escribía, algún hecho fundacional de la historia, uno con la virtud de convertirse en metáfora de su vida y la de su familia de barrio alto, e incluso de la historia política; trataba, digo, de pensar en un recuerdo inicial: esa subida nocturna a un mirador en La Pirámide, año 94 o 95. La Caty y este pololo antiguo que ahora la escucha, arriba en el mirador.

Y también sus hermanos como parte del recuerdo y metáfora de otra cosa, esos hermanos que aquí deben llamarse Quico y Caco. Y también el par de amigos que habían nacido el día anterior, porque todo es un presente puro aquí y en el recuerdo. Uno que hablaba de autos, sólo de autos, y le decían el V8, que es un tipo de motor, y el otro que hizo la pregunta, el núcleo de este recuerdo.

Trataba de decir que todos miraban hacia abajo, las luces suspendidas en la oscuridad como una inmensa astronave, y se pasaban de mano en mano un trago con olor a perfume barato, un martini Mitjans, mirando hacia el norte de Santiago, El Salto, Conchalí, Recoleta, Independencia, más allá Renca y Quilicura, barrios que la Caty no conoce pues para ella el espacio viene dado por sus necesidades, que lo crean y lo amplían y por lo pronto lo circunscriben a La Dehesa, a Las Condes, etcétera, no más allá de El Faro de Apoquindo, como mucho Providencia.

Yo trataba, y dónde estoy.
La Caty dijo ¿te acuerdas? Sé que miraron hacia el otro lado y alguien preguntó si esas luces en el cerro eran el búnker de Pinochet en Lo Curro, nadie lo sabía y entonces el otro preguntó quién era Pinochet, y yo trataba de armarme en la cabeza, mientras escribía, la historia de un crimen perfecto, de un autor que se borra de la escena sin dejar rastros, o aún más allá, la de un Hacedor que se retira del mundo luego de crear su obra y hace pensar a los que vienen que son ellos los auténticos creadores de esto, lo nuevo, que vendría a ser el presente puro, y creen colocar piedras fundacionales. Pongamos.

Digo y trataba y escribía, y quería poner en orden los hechos para darles algún sentido, y luego cualquier orden me parecía arbitrario, una violencia que yo ejercía contra la realidad inaprensible. Así trataba yo de pensar en el padre de la Caty, que el día del Golpe había descorchado una botella reservada para la ocasión, pero resultó que el contenido estaba vinagre, ya sabemos el problema de los corchos; y trataba de decir, amontonando metáforas, que los hechos venideros también iban a ser como botellas vinagres aunque el hombre se hubiera consagrado a su carrera profesional, al éxito bajo el alero de la dictadura, al rol de padre proveedor, ausente de la casa pero empeñado en que los hijos pudieran comprar y acceder a lo que pidieran.

Quizás sin culpa lo hacía el padre, pensaba yo al escribir; él los mimaba con cosas pues había luchado por las cosas con denuedo, había descorchado un vino por el triunfo de las cosas y ahora su país estaba lleno de cosas y la verdad es que a nadie le faltaban tantas cosas como antes, y esto era prueba de que el padre estaba en lo cierto. Trataba yo de decir que además el padre era una persona culta y los hijos personas sumamente ignorantes, sin sentimientos de culpa en todo caso pues nadie los había molestado nunca por no saber nada de nada. Trataba yo.

La Caty hablaba y disparaba tantas cosas en el departamento del pololo antiguo como si el tiempo se hubiera detenido, y había entrado con su cuerpo blanco y aún joven decidida al sexo pero no desesperada, como una tromba. Ya lo dijimos. ¿Te acordái?, decía la Caty en estos días. Estaba hablando del otro pololo suyo, el que vino después de éste.

Para ser claros: el que lo había desplazado de un día para otro. Porque a ella la conquistó ese aire maldito que atrae a ciertas niñas del barrio alto, que les pinta aventuras o les remueve las entrañas dormidas en la comodidad con la promesa de ser las redentoras de algún perdido. ¿Sabes qué le pasó?, dijo la Caty en estos días. ¿Sabes? Ese otro pololo se había lanzado de un décimo piso y ella vio el cuerpo reventado en la vereda con el pene tieso, último refugio de la vida en un cadáver.

Yo trataba de ordenar los hechos a mi amaño, mientras escribía, como si el orden pudiera hablar por sí mismo, sin un Hacedor, o sin el recurso de un ángel estucador. Pero esto es el presente puro. También lo dijimos. Los hermanos eran otro cuento, según la Caty. Aquí se llaman Quico y Caco y a ella le gustaba repetir que había perdido la virginidad a los dieciséis, en cambio ellos habían debutado uno a los veintinueve y el otro a los treinta, y la Caty se reía de esto frente al pololo antiguo, de paso miraba la biblioteca y de paso decía que jamás había terminado un libro, y por supuesto se reía en el presente puro.

Yo trataba de poner aquí, entonces, la historia de los hermanos, contar los hechos, decir que el Caco se casó con la primera y única mujer de su vida, que al parecer olfateó el billete y la vida fácil, pero no renunció a su trabajo ni al resto de los hombres mientras él se quedaba cuidando al niño o más bien observándolo gatear sobre la alfombra, pasmado, absorto en pensamientos, en ideas sobre su propia vida y lo que debía hacer con ella, pegado como un bicho a la imagen de su mujer que se le imponía ante cualquier ocurrencia. Alguna clase de fijación patológica, naturalmente. Yo trataba.

El otro hecho que intenté meter al orden fue la relación entre Quico y la mujer de Caco, que terminó con ella embarazada de un segundo hijo que ahora pertenecía al otro hermano. Ni la misma Caty supo de qué modo se había resuelto esto, en cuántas rondas de conversaciones o silencios.

El hecho, que también quise ordenar mientras escribía, fue que Caco también se hizo cargo del hijo de su hermano y la misma Caty, que no para de hablar ni de reírse entremedio, dice que todo era muy raro en las reuniones familiares, cuando Quico aparecía solo y Caco con su familia, incluido el niño de su hermano, y nadie decía nada y por supuesto el padre descorchaba una botella que había traído de la cava y la madre, que al final se murió, se quejaba del cáncer que le roía la médula espinal. Otro hecho más.

Trataba yo, como si escribiendo fuera a llegar a alguna parte, de traducir a mi lengua lo que decía la Caty. Me imaginaba entonces a Caco en el living con la mente pegada en su mujer y los dos niños yendo y viniendo por la alfombra, uno que ya daba sus primeros pasos y el otro que empezaba a gatear, y me decía que en una situación como ésa a Caco se le había ocurrido el guión para la película.

Trataba yo de pensar en el guión del Caco, sabiendo que lo había mandado a Hollywood no sé por qué vías. Sabía que la historia era una continuación de la saga de los X Men, esos personajes de los cómics llevados al cine.

El Caco había desarrollado nuevos superhéroes, nuevos personajes comunes y corrientes y sin embargo con poderes especiales, asombrosos, y mientras yo escribía, y trataba, y etcétera, había imaginado que la inspiración le provenía de su entorno en el presente puro, y así mientras todo esto sucedía en su mente resulta que su mujer volvía a quedar embarazada y ya no se sabía si este tercer hijo pertenecía a Quico o a otro hombre, pero con toda seguridad, lo afirmo yo y el ángel estucador, no era de Caco.

Yo trataba, invocando al dios de las historias. Encajando a la fuerza los hechos en el tiempo. Cuando todo es un presente puro, oh, donde no se interrumpe el ritual de los almuerzos familiares. Baja el padre a la cava. La madre ya está en los cielos. La Caty se ha divorciado y está en juicio con el ex marido que ha puesto una demanda para que no se acerque a sus hijas mientras no se cure de su adicción.

Vuelve el padre de la cava con un vino que es una maravilla. Aparece Quico, solo y complicado. El padre descorcha la botella, entra Caco con su mujer y los tres niños, dos ya caminan y el menor va en brazos de la madre. El padre oye los avatares del guión en la Tierra Prometida, entiendo que luego oran por el recuerdo de la madre, a todo esto Quico está muy, muy complicado porque hipotecó el terreno en la costa que el padre le había regalado, Quico está lleno de deudas, alguien, en algún momento del tiempo, le dijo al oído que era bueno para los negocios pero en los hechos ha sido una sangría económica para el padre, la casa es la misma de hace treinta años, ahora con alarma y cerco eléctrico perimetral, sólo una vez entraron a robar y esto lo ha dicho la Caty, aquí.

El presente es el presente, puro. La Caty habla, dispara a los oídos del pololo antiguo, y yo trataba de armar un cuadro. Yo abusaba de las metáforas con cargo a un ángel estucador. El presente es el presente, puro, y dura una semana en el departamento de un pololo de otros tiempos. La Caty se juega todas las cartas de su cuerpo largo, la Caty apuesta en el corto plazo sin desesperación pues esto hay que tenerlo muy claro: ella siempre caerá parada. Hay un padre descorchando botellas de una cava propia.

La Caty rueda por el mundo. Habla y se ríe y está en disputa con el ex marido por la tuición de las niñas. Y yo trataba de. Ella no sabe muy bien qué hacer y yo tampoco, mientras escribía. Durante una semana fue bombardeado un pololo antiguo, en la soledad del pasado, que viene a ser el único refugio cuando el tiempo es un presente, puro. Yo escribo. Ella lo llama, le escribe mensajes, deja recados en el buzón de voz, abusa del correo electrónico. La tecnología es hoy, ahora.

Pasada esta semana en cuestión, el pololo la evade. El bombardeo se hace más intenso. Pero la Caty no se desespera, ya se dijo. Nunca. Todo sigue igual, aunque yo trate de. No quiero verte más, estás muy loca, le dice por fin el pololo antiguo, antiguo. Jajaja, chao viejo impotente!!!, le escribe la Caty con letras de molde inscritas en algún lugar, con los ojos en un cadáver suicida que pudo resistir los efectos del tiempo, digamos los efectos de la muerte.

Daniel Pizarro

Comenta con ayuda de Facebook(*) (Habilitado el 11 de diciembre del 2009): ¡OJO! Se puede comentar escribiendo un mail (no se muestra es solo para validación) o con cuenta de Facebook.


(*)Algunas versiones de Internet Explorer bloquean esta herramienta social, sugerimos navegar con Firefox, Safari, Opera, Chrome u otro navegador web para hacer y leer los comentarios



47.946 lecturas en total tienen las 33 columnas de Daniel Pizarro con 1.453 lecturas en promedio por columna
Columnas de Daniel Pizarro
2016-08-12
City tour
2265 lecturas

2016-01-16
La Caty, con C
1529 lecturas

2015-12-13
Los nuevos putos
727 lecturas

2015-11-01
El patio de las princesas
1358 lecturas

2015-10-19
Equis
1199 lecturas

2015-10-04
La evidente obscenidad de cada día
1245 lecturas

2015-09-02
La ruta del café
1374 lecturas

2015-06-29
Frenesí
1273 lecturas

2015-06-01
La ventana discreta
1330 lecturas

2015-05-26
Un mundo feliz
1310 lecturas

2015-05-18
Metafísica de las esponjas
1415 lecturas

2015-05-12
I had a dream
874 lecturas

2015-04-21
Lecciones de cine (Allende en su laberinto)
1314 lecturas

2015-04-14
Los Picapiedras
1354 lecturas

2015-03-29
Un cuento imposible
1582 lecturas

2015-03-28
Una historia sencilla
965 lecturas

2015-03-15
Un cuento imposible
872 lecturas

2015-03-11
Sería Cosa
1380 lecturas

2015-03-02
El juego de las preguntas
1450 lecturas

2015-02-26
Tratado de libre comercio
1636 lecturas

2015-02-13
El Camaro en la historia de Chile
1705 lecturas

2015-02-04
Terrores Nocturnos
1914 lecturas

2015-01-29
Un día en la vida de X
1703 lecturas

2015-01-22
Instrucciones para escribir un Currículum
1759 lecturas

2014-12-26
El signo que nos rige
1523 lecturas

2014-11-20
El mundo es ancho y ajeno
1239 lecturas

2014-11-01
Liberté
1226 lecturas

2014-10-15
La vida de los otros
1204 lecturas

2014-09-09
No es lugar para mujeres
1693 lecturas

2014-08-27
Taller en la Playa (Comedia en varios actos)
1628 lecturas

2014-07-22
Corto viaje al fondo de la prosperidad
1273 lecturas

2013-06-11
Profetas y Frenéticos
1375 lecturas

2013-05-28
Evaluaciones de desempeño: lo mejor de nosotros (para vomitar)
3252 lecturas




Hay 53 usuarios visitando www.generacion80.cl

òltimas Columnas
Vengo de un pueblo pequeño... que se llama Til Til por Vólker Gutiérrez
Tierra: medio siglo de la Ley de Reforma Agraria por Manuel Riesco
2016, Venezuela en la encrucijada. La grave crisis económica, social y política por Orlando Caputo
La Codelco de Eduardo Engel por Julián Alcayaga
Venezuela: crisis para todo uso por Ángel Saldomando
Otras noticias
2017-08-01
LUN DESTACA INVESTIGACIÓN EN FUSIÓN NUCLEAR DE LA CChEN
2017-07-27
CONMEMORAN LOS 50 AÑOS DE LA TOMA DE LA UC
2017-07-26
OFICIALIZAN LA POSTULACIÓN DEL FÍSICO LEOPOLDO SOTO NORAMBUENA