Columnas
2016-03-08
1004 lecturas

Alicia Gariazzo
especial para G80

Las estadísticas, la desaceleración y la opinología

En 2015 escuchamos reiterativamente en la TV a opinólogos formados en las Escuelas de Negocios emitir pomposas sentencias económicas basadas en nuestras estadísticas. Cuando se estudiaba economía en las Facultades de Ciencias Económicas se nos enseñaba que para hacer diagnósticos y proyecciones económicas serias había que contar con estadísticas precisas, confiables y continuas. Eso ya no importa en Chile, donde hemos llegado a la originalidad de decidir por definición que los chilenos somos 18 millones. No pudimos llegar a una cifra vía Censo. El mismo INE lo canceló, gracias a una profesional honesta que denunció las malas metodologías utilizadas por el organismo. Ello coincidió con opiniones de la CEPAL respecto a la Encuesta CASEN. A través de otros medios también podemos enterarnos que las estadísticas que se producen en nuestro país, desde hace bastante tiempo, son altamente cuestionables y los que hemos investigado algunas materias específicas, podemos afirmar con certeza que muchos datos no corresponden a la realidad por estar basados en encuestas falsas. Como ello compete al Ministerio Público, y no a nosotros, es mejor que cuestionemos la “sabiduría opinóloga” únicamente mirando la realidad, aplicando una lógica elemental y haciéndonos muchas preguntas.

Desde que se habló del derecho a huelga y de cobrar algunos tributos mínimos al gran capital, comenzó el cuento de la desaceleración, que se mezcla con la baja del precio del cobre, instándonos a suponer que los Ingresos de la Nación, y el conjunto de la economía, solo dependen de este. Esto no puede ser tan drástico, ya que seguimos dándoles a las FFAA el 10% de las ventas de CODELCO y la mayor parte del mineral está en manos privadas. Ha sido dramático para los canales de TV que el precio del cobre haya llegado a alrededor de US$2 la libra en 2015. Pero no comentaron nada en el año 2000 cuando el precio era de US$0,71 la libra, en 2001 cuando llegó a US$0,82, ni en 2002 que fue de US$0,71. Tampoco en 2003 que fue de US$0,70 la libra, en 2004 de US$0,80, ni en 2005 que solo había subido a US$1,30. ¿Por qué es grave que el precio por libra hoy baje a US$2 y no que en 2003 haya sido de casi un tercio, de US$0,70?

Es claro que una economía que exporta recursos naturales se ve afectada por las fluctuaciones de los precios de estos, pero hay otras variables que también se deben incluir en los análisis antes de lanzar vaticinios tan definitivos. Además de los juegos bursátiles, sus precios dependen de los ciclos de crecimiento de los países compradores, ya que el crecimiento de las economías no es lineal ad infinitum. Tienen ciclos, altos y bajos, dependiendo de la maduración de las inversiones, de las transformaciones productivas, de las crisis de sobreproducción. Las commodities en general han bajado sus precios en el mundo, pero el problema actual de la minería chilena no es de precios, sino de costos y los costos de producción han aumentado, porque se ha avanzado hacia tecnologías más intensivas en capital. Ya los camiones de las faenas mineras se manejan sin conductor y hay decenas de funciones que se cumplen digitalmente. Es decir, el problema actual se debe justamente a lo contrario de lo que afirma la propaganda opinóloga. En la minería no hay desaceleración, sino modernización.

Nos amenazan con desaceleración si los millonarios pagan impuestos. Esos que han ingresado en los últimos años a los records de Forbes, incluyendo a un ex Presidente de la República y a un billonario que se puede permitir mantener una torre de más de 60 pisos virtualmente desocupada en pleno centro financiero de Santiago. ¡Difícil de creer!

Los que extraen y venden nuestros recursos naturales no irán a la bancarrota si pagan impuestos. Tampoco los que han hecho fortunas comprando barato en el Asia y vendiendo caro en Chile, liquidando con sus tiendas elefantiásicas a los pequeños comercios aledaños, cobrando intereses usureros a los más pobres por su sobreendeudamiento. A los que cuando no pueden pagar una cuota, le renegocian la deuda unilateralmente y la triplican.

No puede desacelerarse una economía de “18 millones de habitantes”, con ocho familias en Forbes, que siguen invirtiendo en toda América Latina. Con 7 dueñas de un mar inmenso. Con una Banca y otras empresas financieras, como ISAPRE y AFP, que cuentan como clientes cautivos a la mayoría del país.

Lo que deberían explicarnos los economistas opinólogos es por qué hay cifras de casi pleno empleo en una economía en desaceleración. Por qué hay un consumo gigantesco, cuando la mayoría de los trabajadores ocupados son desechables desde trabajos precarios para empresas enganchadoras, sin contrato y sin derechos y el 80% cuenta con ingresos inferiores a los $400.000.

Este verano puede tomarse como ejemplo del alto consumo existente, cuya efervescencia se ve en todos los ámbitos y en todas las regiones. Playas inundadas de gente consumiendo en restoranes de todo tipo. Afluencia de artistas y conjuntos extranjeros visitando festivales, con profusión de espectadores y alto costo de las entradas. Felicidad de los comerciantes por el gasto de los chilenos en los lugares de veraneo. Los bares llenos todos los días, aunque aún en pleno invierno estos están repletos desde los jueves. Todo ello en uno de los países más caros del mundo. Para qué vamos a comentar las compras en las multitiendas en cada fecha en la que la publicidad nos conmina a regalar.

Ante tanta presión por el consumo, los pobres responden con el endeudamiento. Es su única alternativa para consumir en estas cantidades. Endeudamiento fomentado desde las mismas grandes tiendas, que nunca pierden, incluso cuando no se les paga. Lo único que necesitan es tener buenas carteras de clientes para aumentar el precio de sus acciones como se demostró en el caso de La Polar. Pero los morosos pasan a DICOM y debido a ello no pueden conseguir trabajo. Otros son embargados. Ya hay suicidios por deudas que la prensa poco comenta, pese a que ha aparecido un programa sensacionalista en la TV sobre los casos trágicos de crisis por endeudamiento. Lamentablemente, lo único que queda a los sobre endeudados para seguir consumiendo, es el trabajo ilegal. Ni expertos, opinólogos, ni gobernantes dicen una sola palabra sobre el impacto que tiene en la economía chilena el trabajo ilegal, que según nos muestra nuestra realidad, es alto.

En efecto, una de las formas de compensar la externalización de la manufactura al Asia y, por tanto, la disminución de puestos de trabajo, ha sido el fomento de la industria de la entretención en todo el mundo. Y eso lo han facilitado los casinos de juego que proliferan a lo largo de nuestro país y las maquinitas tragamonedas que se encuentran por doquier, especialmente en los barrios populares. La industria de la entretención proporciona trabajo legal, pero alrededor de esta se desarrollan las actividades ilegales más importantes existentes en el mundo actual, como el narcotráfico, la prostitución infantil y la trata de personas.

Todo esto debería impulsar al Estado, y a los políticos preocupados por el futuro, a, de una vez por todas, tratar de diseñar una estrategia de desarrollo sustentable. Para lo que, en primer lugar, debería velar por que las instituciones pertinentes generaran estadísticas confiables. Sin ellas es imposible siquiera esbozar una estrategia.

Una estrategia de desarrollo sustentable deberá considerar los grandes problemas de nuestro futuro inmediato, como la mano de obra desocupada, el agotamiento de los recursos naturales y el trabajo ilegal.

No es posible seguir ignorando el enorme desarrollo de la industria digital, que, cada día, reemplaza una función cumplida por el hombre. Un estudio concluyó que en 2045 la mitad de las actividades humanas será ejecutada por robots. Por ello, en Chile, pronto, habrá una gran masa de desocupados, acrecentada por el aumento de la longevidad.

Al mismo tiempo, el país deberá decidir cómo seguir compitiendo en el mundo cuando los recursos naturales se agoten, o sean reemplazados como ocurrió con el salitre.

Pase lo que pase, Chile deberá sobrevivir en el mundo global y competir en este. Y ello solo es posible con la innovación científica y el desarrollo del conocimiento. Desarrollo, que al igual que el manejo de la mano de obra desocupada y el trabajo ilegal, solo depende del Estado, para lo cual es inminente desarrollar, de una vez por todas, una discusión con los que piensan que este debe desaparecer. Ello, sin embargo, dependerá de una modernización de este en profundidad, nacional y regionalmente.

Ocultar nuestros problemas, no significa que no existan. Mentir, para impedir que se desarrollen tibias reformas, no trae soluciones. Debemos discutir y analizar con veracidad nuestra situación. No podemos basar nuestra economía en análisis mentirosos, en el dinero ilegal y en las migajas que chorree a las mayorías el gran capital.

Alicia Gariazzo

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