Columnas
2016-07-26
4067 lecturas

Vólker Gutiérrez
especial para G80

Valparaíso, un futuro con raíces en el pasado

“… como un cristal hecho pedazos/te encontrarás/
mordiendo inviernos bajo los muelles/Valparaíso”.
Desiderio Arenas


En la azotea de la Escuela de Derecho, en la avenida Errázuriz, Nicolás apuntó su mano hacia el infinito poniente y dijo, al menos eso creo que dijo, conmovido, que después del cielo era el mar lo más grande que podía ver el ojo humano. Marqué con un papel la página que estudiábamos, enseguida cerré el libro, miré también en la dirección señalada y, en medio de un silencio flanqueado por el clásico viento suroeste porteño, corroboré la sentencia de mi amigo y me alegré una vez más de estar en Valparaíso. El traca traca de un tren que se aproximaba a la estación Bellavista rompió la pausa y volvimos al estudio.

Aunque también es cerros, quebradas, recovecos, viento, fuego y muchos elementos más, por sobre todo Valparaíso es mar y puerto. Justamente, después de los changos y otros pueblos prehispánicos que recorrieron sus costas y lo habitaron, la hueste española colonizadora determinó que su función sería nada más que la de servir de embarcadero para las pocas naves que en la época colonial surcaban los mares del sur del Pacífico. Por ello en esos siglos su población fue escasa y su urbanización mínima, tal como su entonces famélico rellano, hoy llamado Plan, que incluso debió ensancharse artificialmente después.

Valparaíso no tiene acta de fundación, simplemente nació. A diferencia de Santiago y otras ciudades que los españoles pomposamente bautizaron a su llegada, estuvieran o no ocupadas por pueblos originarios, la Ciudad Puerto fue considerada una mera extensión de la capital y su nombre definitivo se lo dio un capitán que recordó así su villa natal. En ese sentido, siguiendo al uruguayo Ángel Rama (“La ciudad letrada”), la ausencia de un acto formal de apropiación y, por ende, de establecimiento de un orden pre configurado, ayudó a otorgarle a Valparaíso ese idiosincrático carácter popular que hasta hoy le festejamos.

Hubo que esperar a que Chile se independizara y estableciera relaciones con otros estados soberanos para que “Pancho” (como se llama a Valparaíso en términos coloquiales), a principios del siglo XIX se alzara como el principal puerto nacional. El asentamiento, a su vez, de una importante masa de habitantes de origen extranjero le sumó nuevos bríos a la urbe y permitió el desarrollo de actividades pioneras en el país, tales como los bomberos, el fútbol, la religión protestante. En tanto, la creciente inmigración de campesinos y trabajadores varios (como los que construyeron muelles y tendidos ferroviarios), que se diseminaron con sus familias por cerros y quebradas, ahondaron el talante popular porteño, el mismo que se refleja en su peculiar forma de cantar y bailar la cueca, por ejemplo.

La sinuosidad, la rareza, la unicidad de la vida porteña, reflejada también en su traza urbana (que responde en buena medida a su caracoleada geografía), se aceró con las costumbres propias que se dan en torno a un puerto, con personajes variopintos y multilingües, de calaña dudosa muchos de ellos, deambulando por sus calles y barrios. Es el encanto de Valparaíso. El mismo que fotografió Sergio Larraín a mediados del siglo pasado y que Salvador Reyes, en su novela “Valparaíso, puerto de nostalgia”, puso en boca de una gringa, cuando la llevan a un tour nocturno por diversos bares, partiendo por la mítica “Casa de los siete espejos”: Miss Bradford repetía, acaso con demasiada insistencia, que todo aquello tenía un extraordinario color local.

Es cierto que la apertura del Canal de Panamá (1914) infligió un puñetazo a la Ciudad Puerto y que desde un tiempo a esta parte ella parece flotar en un lento pasado. Por lo mismo, a veces parafraseo a Gustav Mahler y digo que cuando el fin del mundo sea anunciado viajaré a Valparaíso, “porque allá todo llega con 20 años de retraso”.

Sin embargo, nuestro todavía principal puerto nacional requiere atención y desarrollo. No podemos dejarlo como pieza de museo. Igual que a principios de la República, en el siglo antepasado, tanto las máximas autoridades del país como, principalmente, sus residentes deben apostar por generar una visión estratégica acorde con un desarrollo sostenible y sustentable, centrada o surgida desde la dimensión del habitante de la ciudad, de esa ciudad.

Y en la mirada futura, a largo plazo, no podemos tampoco olvidar que con toda su sorprendente sinuosidad -física y cultural- Valparaíso sigue siendo, sobre todo, mar y puerto; que allí radica en gran medida la esencia que lo llevó a ser reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Así, desde el asiento de un trolebús, en una banca de la plaza Victoria, en un recodo del Camino de Cintura o aun desde la cima de cualquiera de los casi 50 cerros que forman su anfiteatro, es desde ahí, desde esa relación de los porteños con el mar y el puerto lo que hace único y distinto a Valparaíso. Luego, si en el borde costero se levantan proyectos, portuarios o comerciales, que pongan una barrera en medio de la relación señalada, el puñetazo a Valparaíso puede ser definitivo y dejarlo fuera de combate. Bien harían las autoridades en escuchar lo que han planteado al respecto instituciones connotadas (como la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile o ICOMOS Chile), académicos, urbanistas y, en especial, organizaciones ciudadanas porteñas.

Cada vez que vuelvo a Valparaíso, no pocas veces en el año, más allá de descubrir nuevos rincones y subir-bajar escaleras (con evidente mayor cansancio que en el semestre que estuve ahí estudiando, hace muchas canas atrás) nunca olvido darle un vistazo a la inmensidad marina de la que me habló Nicolás en aquella azotea de la avenida Errázuriz, inmensidad que no deja de conmoverme.

Vólker Gutiérrez A.
Director Letra Capital Ediciones / Co-fundador Cultura Mapocho

Comenta con ayuda de Facebook(*) (Habilitado el 11 de diciembre del 2009): ¡OJO! Se puede comentar escribiendo un mail (no se muestra es solo para validacin) o con cuenta de Facebook.


(*)Algunas versiones de Internet Explorer bloquean esta herramienta social, sugerimos navegar con Firefox, Safari, Opera, Chrome u otro navegador web para hacer y leer los comentarios



112.844 lecturas en total tienen las 41 columnas de Vólker Gutiérrez con 2.752 lecturas en promedio por columna
Columnas de Vólker Gutiérrez
2017-08-09
El rey de oros
2293 lecturas

2017-07-27
Vengo de un pueblo pequeño... que se llama Til Til
2566 lecturas

2016-07-26
Valparaíso, un futuro con raíces en el pasado
4068 lecturas

2016-07-12
La Alameda debe ser una delicia ciudadana
2276 lecturas

2016-06-14
Vivir de la nostalgia o "no te quedes en el pasado, nena’
2730 lecturas

2016-05-30
El patrimonio cultural (también) emociona
2583 lecturas

2015-02-04
Viajar la ciudad
3124 lecturas

2014-07-24
En mi calle
2441 lecturas

2014-01-24
Presencia urbana del Perú en Santiago de Chile
1889 lecturas

2013-03-07
Plaza de la Justicia...
1774 lecturas

2012-06-22
Ya no será lo mismo volver a Valdivia (es que ''me aprieta la camisa'')
2327 lecturas

2011-07-22
Milagro en la Alameda
2444 lecturas

2011-06-17
Lugarizando la memoria: Joan Baez en Ñuñoa, Chile
2709 lecturas

2011-03-08
Las patronas del 8 de marzo...
2594 lecturas

2010-11-23
Historia, futuro y... tecnocracia...
2396 lecturas

2010-08-31
El Huáscar y las campanas
2417 lecturas

2010-08-02
Leyendo (en/de) la ciudad
2553 lecturas

2010-07-26
De feriados, fiestas y homenajes
2419 lecturas

2010-06-16
No tan sinónimos
2305 lecturas

2010-06-02
Los reyes del cholguán
2374 lecturas

2010-05-22
Con K… de Kulzcewski
2730 lecturas

2010-04-14
Extranjeros en sismos chilenos
2359 lecturas

2010-04-10
La justa ciudad
2217 lecturas

2010-02-12
12 de febrero: cuádruple aniversario...
2539 lecturas

2010-01-29
Patrimonio de exportación
2523 lecturas

2009-12-22
Martín Rivas: ciudad, literatura y… teleseries
3402 lecturas

2009-10-29
No hay mal que dure cien años... ni deuda que no se pague...
2935 lecturas

2009-09-02
Cerro Santa Lucía, un espacio para la diversidad
2570 lecturas

2009-08-19
Independencia y cultura: 196 años de la Biblioteca Nacional
2566 lecturas

2009-07-08
RECORRER SANTIAGO LITERARIO
3158 lecturas

2009-05-14
Santiago necesita más espacios públicos… sin rejas...
2471 lecturas

2009-04-03
La República en un bello barrio
2495 lecturas

2009-03-24
Santiago con ojos de gringa…
3025 lecturas

2009-02-12
Una canción para Santiago
4877 lecturas

2009-02-05
La identidad recreada en Violeta Parra
3079 lecturas

2008-12-22
Un tufillo recorre la plaza
2771 lecturas

2008-12-17
¡Tramoyistas del mundo, uníos!
3730 lecturas

2008-10-17
El pasado que no deja de pasar... (o la porfía de Diego Portales)
2613 lecturas

2008-08-20
El verbo también se conjuga en pasado
2918 lecturas

2008-07-03
En el centenario de Casa Grande
3001 lecturas

2006-03-24
La Idea De Que El Mercado Tiene La Solución Para Todo Es Una Farsa
4583 lecturas




Hay 50 usuarios visitando www.generacion80.cl

ltimas Columnas
Vengo de un pueblo pequeño... que se llama Til Til por Vólker Gutiérrez
Tierra: medio siglo de la Ley de Reforma Agraria por Manuel Riesco
2016, Venezuela en la encrucijada. La grave crisis económica, social y política por Orlando Caputo
La Codelco de Eduardo Engel por Julián Alcayaga
Venezuela: crisis para todo uso por Ángel Saldomando
Otras noticias
2017-08-01
LUN DESTACA INVESTIGACIÓN EN FUSIÓN NUCLEAR DE LA CChEN
2017-07-27
CONMEMORAN LOS 50 AÑOS DE LA TOMA DE LA UC
2017-07-26
OFICIALIZAN LA POSTULACIÓN DEL FÍSICO LEOPOLDO SOTO NORAMBUENA