Columnas
2016-07-26
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Patricio Valenzuela
especial para G80

Los estrabismos y la unidad de la izquierda extra duopolio

Uno de los temas “de moda” en la contingencia política chilena hoy en día, es el tema de la unidad y la subsecuente dispersión de las muchas y pequeñas organizaciones sociales (O.S.), que pululan en el mundo de la izquierda emergente extra duopolio.

Es que quizás el árbol, nos está impidiendo ver el bosque porque a menudo, nos obnubila la inmediatez de lo manifiesto y no nos detenemos a reflexionar en los raigambres de la historia reciente, cuyos vectores en la sombra, no son suficientemente sopesados -por el tráfago coyuntural- en que nos vemos inmersos .Y por tanto, nuestros esfuerzos chocan una y otra vez con los mismos “cantos de sirena” que internalizados ya -casi subliminalmente-, no podemos (o no queremos) percibir.

Y aunque se que muchos de los hechos de la historia reciente, son archiconocidos, el sacarlos del fondo del baúl, lo hago (a manera de hipótesis), desde la perspectiva específica de contribuir a explicar -la ya casi mítica unidad-, buscando nuevas aristas que arrojen luces sobre algunos aspectos que por desplazarse en la historia en planos mas soterrados y profundos, que lo coyuntural/manifiesto, operan con períodos de latencia más largos y -por tanto- necesitan ser “rumiados” en procesos de mas largo alcance por el conjunto social contestatario. Que es precisamente el tema que quiero proponer y cuya discusión colectiva me parece crucial, para acumular fuerza social y poner en jaque el modelo salvaje y el destino subordinado y paupérrimo como país, que se nos impuso (tanto en dictadura como en la continuidad de la democracia protegida), hace ya 42 años.

Permítaseme un pequeño exordio. Como sabemos, las O.S. surgen, como respuesta ante el abandono del campo de la revolución o de la superación del sistema del capital, por parte de los partidos -que llamaré-, de la izquierda tradicional, que antaño representaron las reivindicaciones los pueblos explotados.

Ante esta situación deshecho, las O.S., se vieron ahora compelidas a buscar nuevas formas de organización y mas directas y democráticas, que les permitiera asumir la continuidad de la lucha, la autodefensa, la autogestión y la necesidad de tomar ahora en sus manos las tareas de su propia emancipación.

Todo esto se precipitó -como sabemos-, en el último tercio del siglo pasado, por una constelación de factores, que impusieron una re-estructuración total: económica, política, cultural y social, para los países bajo la hégira del imperio. Fue la era de los cruentos golpes militares en toda A. Latina, y guerras locales no menos cruentas, (primavera Árabe) etc., principalmente -como sabemos-, en función de satisfacer los intereses imperativos que imponen las leyes de la valorización del capital como: la expansión de los mercados, fuentes energéticas, fuerza de trabajo barata, materias primas baratas etc., pero también la quimérica ambición de dominio político y geopolítico del imperio y sus aliados europeos, sobre el resto del mundo.

Así la caída de la unión soviética y las así llamadas Democracias Populares, la crisis económica de los años 70/80, del capitalismo central, (tendencia descendente de la tasa de ganancia, la necesidad de introducir los progresos tecnológicos virtuales y de las comunicaciones, el plegamiento de la social democracia al modelo neoliberal) entre otros factores; rompen los estrechos marcos de los Países/Nación, (autonomización del capital financiero), para saltar al gran espacio mundial, imponiendo el modelo neoliberal privatizador, donde todo lo que toca – como el cuento del rey Midas- es trans-substanciado en mercancía, en bienes transables en un supuesto y utópico “libre mercado”.

(Educación, salud, previsión, - y en los hechos también -, justicia, amor, solidaridad fraternidad etc. etc.,

Estos acontecimientos (golpes militares incluidos), volvieron –metafóricamente-, al revés nuestro país; todo fue readecuado para calzar en el nuevo plan de acumulación del sistema del capital: la forma de hacer política, democracia cupular y protegida -(del pueblo)-, la Institucionalidad, la privatización de los servicios, la subsidiaridad del Estado, la atomización social competitiva -de unos contra los otros.

Es así que esas transformaciones estructurales, abren, un largo ciclo de transición y re-adaptación, que aún perdura -dada la envergadura de la “bomba de racimo” que estalló en aquel momento trágico- y sus consecuencias, se pueden detectar en el clivaje, o desfase ; entre el disímil avance en la conciencia popular del pueblo chileno, y las dirigencias políticas de las O.S., partidos y/o colectivos que emergen desde allí, que intentan asimilar en diferentes formas e intensidades las nuevas formas de organización pergeñadas por el pueblo.

Quedan en el pasado, los partidos autoritarios y jerarquizados, Las nuevas O.S., se organizan en torno a la democracia de base, dirigidas por coordinadores revocables. Hay por tanto una crisis de credibilidad, y representatividad en relación a los partidos, la v Institucionalidad, y –sobre todo-, en los rituales electorales periódicos con que el Estado burgués renueva su la legitimidad de su statu-quo; cuyo montaje ( financiamiento millonarios de campañas fraudulentas, quórum etc.), no deja resquicios ni garantía alguna para hacer primar la voluntad popular.

Y esa es en torno a este punto preciso , donde yo veo los diferentes grados de maduración y desfase entre las mayorías y las dirigencias de las organizaciones sociales o partidos surgidos desde allí. La mayoría del pueblo saben que en tanto no existan garantías ni alternativas reales de cambio, continuará absteniéndose de concurrir a hacer de coro para legitimar el sistema.

En cambio los dirigentes de los partidos y O.S., aún están cautivos, imantados fascinados por el viejo sistema electoral como único camino para alcanzar cuotas de poder, dizque, necesario para hacer los cambios.

No es que yo esté sosteniendo que no se pueda utilizar concientemente las instancias que el sistema ofrece, para desacreditar y/o plantear proposiciones alternativas, no. Lo que yo sostengo es que lo primero que hay que hacer es acumular poder en las base, masificar la conciencia, de que ya; los abusos las desigualdades y la corrupción y descomposición del sistema son insoportables. Ya no solo, desde el punto de vista recién expuesto sino, también desde la preservación de los recursos, cambio climático y la naturaleza como hábitat humano y animal.

*El poder es cuestión de correlación de fuerzas y mientras ese poder no exista, no tiene sentido hacer de coro griego, al gran montaje legitimador del Estado Burgués No sabemos cual será el porcentaje de abstención que habrá en las actuales elecciones de Alcaldes 2016 y parlamentarias/presidenciales 2017. Puede ser el desde que el voto sea obligatorio en cuyo caso cambiará todo el tinglado. Por de pronto se avizora un aumento en la abstención que no existe una alternativa confiable para los anhelos populares.

Las dirigencias de los partidos y organizaciones sociales.

Patricio Valenzuela

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