Columnas
2016-07-12
2154 lecturas

Volker Gutiérrez
especial para G80

La Alameda debe ser una delicia ciudadana

Múltiples son las referencias a la principal arteria capitalina. En la literatura, la política, la cultura, el comercio, el transporte, la vida cotidiana. Por ello su simbolismo traspasa generaciones y se levanta casi como leyenda.

Por estos días (por estos años, en verdad), desde el Gobierno Regional Metropolitano se nos anuncia un nuevo diseño del eje Alameda-Providencia y se nos invita a pronunciarnos al respecto.

En el sitio web del proyecto se señala que “se ha planteado el desafío de renovar completamente el eje, concibiéndolo como el proyecto urbano integral más importante de la ciudad y que se transforme en un paseo nacional de alto estándar” (www.nuevaalamedaprovidencia.cl).

Luego, enfrentados al cambio más pretendidamente radical de la antigua Cañada, al menos desde la década de 1940, y cuando pronto se cumplirán 200 años del momento en que Bernardo O’Higgins la creó como paseo público, me parece bien traer nuevamente a colación algunos de los históricos hitos que le han dado su esencia y, a la vez, llamar la atención sobre las circunstancias urbanas y ciudadanas en que se desenvuelve hoy esta avenida principal.

La Alameda nació sobre un mito. En los colegios, principalmente, se nos dijo y repitió como fórmula matemática que la Alameda se trazó sobre uno de los dos brazos del río Mapocho. La verdad es que nuestro más conocido curso fluvial, con su caudal medio de 13,6 m3/seg (frente a los 92,3 del río Maipo y los 899 del río Bío Bío), apenas alcanza a ser un escuálido escurrimiento que difícilmente pudo tener, alguna vez, dos brazos permanentes. Sin entrar en mayores detalles, basta recordar al investigador más importante sobre las aguas de Santiago, Gonzalo Piwonka, quien plantea que el supuesto segundo brazo fue nada más que una cañada, un curso ocasional de agua producto de las lluvias. Y, efectivamente, he ahí el origen del nombre colonial que ostentó nuestra gloriosa avenida.

Aunque no la bautizaron, su nombre se lo dieron los franciscanos. Llegados al país en 1553 y localizados en Santiago al sur de la Cañada, en terrenos entonces rurales, la orden fundada por San Francisco de Asís trajo desde Mendoza, en 1810, los primeros 19 álamos que fueron plantados en el propio convento y sus alrededores (las especies eran veinte, pero una se secó en el trayecto). De estatura y aspecto vigoroso, rápidamente se multiplicaron y fueron usados como ornamento urbano en buena parte del país (de ahí que hay alamedas en varias ciudades chilenas).

Julio es el mes de la Alameda. Al comenzar la República y consolidarse la independencia nacional, Santiago poseía apenas unos pocos espacios públicos de sociabilidad, entre los que destacaban la Plaza de Armas y los Tajamares del Mapocho (estos últimos, finalizados hacia 1808 y cuyo objetivo principal era defender a la ciudad de las crecidas del río Mapocho). Y la cañada, aparte de marcar el límite urbano sur de la capital, hasta antes de 1820 no pasaba de ser, como escribió en sus Recuerdos de treinta años José Zapiola, “un inmenso basural, con el adorno inevitable de toda clase de animales muertos, sin excluir caballos y burros”.

En ese contexto, como hemos escrito en otras ocasiones, Bernardo O’Higgins, con decreto de 7 de julio de 1818, diseñó (e incluso bosquejó a mano) un paseo sobre la cañada que bautizó como “Campo de la Libertad Civil” y, poco más adelante, un 28 de julio de 1821, la renombró como “Alameda de las Delicias”.

De cañada a paseo favorito. En poco tiempo la Alameda se transformó en lugar predilecto para las vespertinas caminatas citadinas, al punto que novelistas (Alberto Blest Gana) y pintores (Alberto Orrego Luco) la hicieron escenografía habitual de sus obras. Más aún, en pocas décadas desplazó a la Plaza de Armas y su entorno como locación de celebraciones populares, tal cual aconteció con la famosa y masiva fiesta de Nochebuena (desde diciembre de 1856), así como también ocurrió con manifestaciones políticas, religiosas, sociales y culturales.

El automóvil: la medida de todas las cosas (urbanas). Con la llegada de los vehículos a motor, ya en el siglo XX, las ciudades no solo se fueron adaptando a ello, sino que también el nuevo chiche tecnológico marcó pauta en el diseño urbano. Por eso en nuestro antiguo paseo de la Alameda, por ejemplo, junto con la aparición de semáforos y cruces peatonales, se ensancharon algunos tramos y se borró un pequeño parque que enfrentaba a la iglesia de San Francisco (sí, que estaba al medio de la avenida). La velocidad de las ruedas se impuso a la velocidad de los pies. Y eso que bajo su pavimento se habilitó un ferrocarril subterráneo.

Transantiago, una película de terror. Transformada en la principal arteria capitalina, ancha ella, y conectada directamente con los extendidos extremos oriental y occidental de la ciudad, la Alameda (llamada oficialmente Avenida del Libertador Bernardo O’Higgins) derivó en un caótico corredor de la locomoción colectiva que trató de ser ordenado una década atrás, con los resultados que ya los santiaguinos conocen (y sufren, fuerza es decirlo). Por eso hoy, las autoridades regionales dicen estar empeñadas en arreglar el entuerto y han planteado reconfigurar la antigua cañada.

Nuevos-viejos paradigmas. Hace un lustro, una serie de instituciones culturales vinculadas a la Alameda crearon un eje cultural que se proponía, entre otras cosas, que la avenida principal, devenida en lugar de paso, volviera a ser un lugar de encuentro. Y ese mismo espíritu han manifestado quienes impulsan el actual proyecto del eje Alameda-Providencia. Desde esta humilde tribuna abogamos por que así sea. Que este plan, nacido y orientado a mejorar el sistema de transporte, vaya un tanto más allá y nos permita celebrar el bicentenario de la Alameda, no con una jornada única, solitaria, sino que cada día, todos los días, con los ciudadanos dialogando y reconociéndose en ella, con un paisaje donde primen peatones, ciclistas y un transporte público digno y eficiente.

Es decir, una Alameda que sea un verdadero campo de la libertad civil, a la medida del ser humano, del habitante de la ciudad, en resumen, que sea una delicia ciudadana.

Volker Gutiérrez

Comenta con ayuda de Facebook(*) (Habilitado el 11 de diciembre del 2009): ¡OJO! Se puede comentar escribiendo un mail (no se muestra es solo para validacin) o con cuenta de Facebook.


(*)Algunas versiones de Internet Explorer bloquean esta herramienta social, sugerimos navegar con Firefox, Safari, Opera, Chrome u otro navegador web para hacer y leer los comentarios



110.245 lecturas en total tienen las 41 columnas de Volker Gutiérrez con 2.689 lecturas en promedio por columna
Columnas de Volker Gutiérrez
2017-08-09
El rey de oros
2012 lecturas

2017-07-27
Vengo de un pueblo pequeño... que se llama Til Til
2345 lecturas

2016-07-26
Valparaíso, un futuro con raíces en el pasado
3942 lecturas

2016-07-12
La Alameda debe ser una delicia ciudadana
2155 lecturas

2016-06-14
Vivir de la nostalgia o "no te quedes en el pasado, nena’
2614 lecturas

2016-05-30
El patrimonio cultural (también) emociona
2460 lecturas

2015-02-04
Viajar la ciudad
3005 lecturas

2014-07-24
En mi calle
2396 lecturas

2014-01-24
Presencia urbana del Perú en Santiago de Chile
1840 lecturas

2013-03-07
Plaza de la Justicia...
1730 lecturas

2012-06-22
Ya no será lo mismo volver a Valdivia (es que ''me aprieta la camisa'')
2285 lecturas

2011-07-22
Milagro en la Alameda
2398 lecturas

2011-06-17
Lugarizando la memoria: Joan Baez en Ñuñoa, Chile
2664 lecturas

2011-03-08
Las patronas del 8 de marzo...
2544 lecturas

2010-11-23
Historia, futuro y... tecnocracia...
2346 lecturas

2010-08-31
El Huáscar y las campanas
2372 lecturas

2010-08-02
Leyendo (en/de) la ciudad
2508 lecturas

2010-07-26
De feriados, fiestas y homenajes
2372 lecturas

2010-06-16
No tan sinónimos
2266 lecturas

2010-06-02
Los reyes del cholguán
2330 lecturas

2010-05-22
Con K… de Kulzcewski
2689 lecturas

2010-04-14
Extranjeros en sismos chilenos
2324 lecturas

2010-04-10
La justa ciudad
2175 lecturas

2010-02-12
12 de febrero: cuádruple aniversario...
2496 lecturas

2010-01-29
Patrimonio de exportación
2487 lecturas

2009-12-22
Martín Rivas: ciudad, literatura y… teleseries
3356 lecturas

2009-10-29
No hay mal que dure cien años... ni deuda que no se pague...
2890 lecturas

2009-09-02
Cerro Santa Lucía, un espacio para la diversidad
2533 lecturas

2009-08-19
Independencia y cultura: 196 años de la Biblioteca Nacional
2525 lecturas

2009-07-08
RECORRER SANTIAGO LITERARIO
3110 lecturas

2009-05-14
Santiago necesita más espacios públicos… sin rejas...
2433 lecturas

2009-04-03
La República en un bello barrio
2453 lecturas

2009-03-24
Santiago con ojos de gringa…
2980 lecturas

2009-02-12
Una canción para Santiago
4827 lecturas

2009-02-05
La identidad recreada en Violeta Parra
3036 lecturas

2008-12-22
Un tufillo recorre la plaza
2724 lecturas

2008-12-17
¡Tramoyistas del mundo, uníos!
3681 lecturas

2008-10-17
El pasado que no deja de pasar... (o la porfía de Diego Portales)
2571 lecturas

2008-08-20
El verbo también se conjuga en pasado
2878 lecturas

2008-07-03
En el centenario de Casa Grande
2961 lecturas

2006-03-24
La Idea De Que El Mercado Tiene La Solución Para Todo Es Una Farsa
4532 lecturas




Hay 8 usuarios visitando www.generacion80.cl

ltimas Columnas
Vengo de un pueblo pequeño... que se llama Til Til por Vólker Gutiérrez
Tierra: medio siglo de la Ley de Reforma Agraria por Manuel Riesco
2016, Venezuela en la encrucijada. La grave crisis económica, social y política por Orlando Caputo
La Codelco de Eduardo Engel por Julián Alcayaga
Venezuela: crisis para todo uso por Ángel Saldomando
Otras noticias
2017-08-01
LUN DESTACA INVESTIGACIÓN EN FUSIÓN NUCLEAR DE LA CChEN
2017-07-27
CONMEMORAN LOS 50 AÑOS DE LA TOMA DE LA UC
2017-07-26
OFICIALIZAN LA POSTULACIÓN DEL FÍSICO LEOPOLDO SOTO NORAMBUENA