2009-10-15 1863 lecturas
Arturo Alejandro Muñoz
especial para G80
La única ley que satisface a la derecha es la del embudo
Los derechistas gustan enviar decenas de comentarios a crónicas publicadas en diarios independientes, pero se oponen férreamente a que gente de izquierda haga lo mismo en los medios de prensa conservadores. Para ellos, esa es la verdadera democracia.
DEFINITIVAMENTE, TANTO LA derecha ortodoxa como el sector conservador de la Concertación han comenzado a barruntar que la Internet resulta ser un arma peligrosamente eficaz para derribar los mitos clasistas que el duopolio binominal ha venido construyendo desde hace décadas en materias políticas y económicas.
Durante largos años el mundillo del ultra neoliberalismo se mofó de la capacidad comunicacional de la Internet en cuanto a información de prensa, artículos de opinión y columnas varias, pues si bien los dirigentes de tiendas y partidos de ambos bloques políticos (Concertación y Alianza) siempre dieron a entender que les bastaba con el manejo de la prensa escrita -y de la televisión- para mantener sojuzgados a los ciudadanos, hoy han caído en cuenta que lo anterior –siendo necesario- resulta a todas luces insuficiente.
Hace algunos años, en un hotel cinco estrellas ubicado en la zona que la gente de a pie llama irónicamente “Sanhattan” (un sector del barrio alto santiaguino), se reunieron representantes de los principales consorcios periodísticos chilenos (Emol y Copesa) con delegados de los propietarios de algunos medios extranjeros latinoamericanos, específicamente aquellos que son ‘regalones’ de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) y del FMI (Fondo Monetario Internacional), encabezados por periódicos como El Mercurio (Chile), O Estado de Sao Paulo (Brasil), La Nación (Argentina), El Comercio (Perú) y El Tiempo (Colombia).
El objetivo de la reunión era avanzar en la fórmula de asociación de intereses mutuos en la región, económicos y políticos, pero a mitad de camino se cruzó el tema de la feroz competencia vía Internet que se estaba desatando –y creciendo- a través de medios electrónicos, blogs y páginas web, lo cual ponía en riesgo la subsistencia financiera de la prensa escrita/papel, ya que algunos gobiernos del subcontinente evaluaban la posibilidad de publicar parte importante del avisaje fiscal en diarios virtuales que contaran con significativo número de visitas.
Si bien es cierto el tema no preocupó en demasía a los editores de periódicos extranjeros, sí logró inquietar a los representantes de nuestra prensa escrita criolla; y más que a ellos este futuro preocupó a muchos derechistas de la calle, esos que creen a pie juntillas en la irreversible asociación de política, iglesia, dinero y patrón anglosajón como un todo único.
Entonces, cual profecía auto cumplida, los seguidores y simpatizantes de gobiernos conservadores y clasistas, comenzaron a intervenir en los sitios destinados a “comentarios de lectores” que ofrecían diversos diarios electrónicos independientes. La idea derechista no era otra que evitar el atosigamiento de opiniones emanadas del pueblo, y mediante la discusión abierta en esas páginas web obtener un aceptable equilibrio político en la balanza de comentarios.
Lo anterior nada tendría de criticable (por el contrario, la libertad de prensa y de pensamiento es fundamental para una sana convivencia democrática) si en las páginas de la prensa controlada por la derecha económica y política también se aceptara –sin censuras- los comentarios de la gente de izquierda.
Todos sabemos que ello no es así, pues si una persona de ideas de izquierda intenta insertar en un diario derechista un comentario crítico negativo en relación al sistema económico, al establishment religioso, o a la no-política de control de natalidad, seguramente ese periódico detendrá la publicación del comentario por ser “contrario a la línea editorial”...y a las “buenas costumbres”... ¿buenas costumbres, de quién? Obviamente, de una minoría, aquella que lee habitualmente aquel mismo medio informativo (entendamos que no existe un periódico que pueda mostrar al 51% de la población adulta suscrito a sus ediciones o leyendo diariamente sus páginas).
Estatuidas de esa laya las situaciones, encontramos que existe una prensa ajena al establishment, la que no cuenta con avisaje fiscal y debe contentarse con los dineros obtenidos merced a algunas pequeñas empresas y locales comerciales que contratan publicidad en esas páginas. Esa prensa, obviamente, no se alinea en el sector derecho de la vía, sino al lado contrario.
Y cuando alguien critica esa decisión gubernamental (asociada a los intereses del empresariado y de la derecha en cuanto a no entregar dineros a la prensa de izquierda a través del avisaje fiscal, como una sola voz surge el argumento del oficialismo concertacionista y de la oposición conservadora: “en la democracia hay absoluta libertad para determinar dónde y cómo se hace la publicidad del estado”.
Pero, si el estado se encuentra dirigido y administrado por sectores de izquierda que en estos asuntos realicen lo mismo que hace la derecha, entonces el establishment conservador gritará a los cuatro vientos que “esa es una vulgar dictadura marxista”, tal cual lo expresa reiteradamente la prensa fundamentalista-farandulera en relación al gobierno de Hugo Chávez en Venezuela.
Mientras tanto, los editores y responsables de periódicos de izquierda –e incluso de medios independientes- continúan con la política de ‘páginas abiertas’ para recibir espolonazos y golpes bajos de unos pocos lectores derechistas que envían y envían y envían decenas de comentarios propugnando las bondades del sistema capitalista, denostando cualquier otra alternativa política y llegando incluso a expresar opiniones soeces y degradantes contra quienes no comulgan con las hostias del neoliberalismo.
Una vez más, para la derecha, la única ley posible y plausible es la del embudo…siempre, por supuesto, que la boca más ancha de ese embudo le pertenezca.
Arturo Alejandro Muñoz
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