Columnas
2010-02-24
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Luis Casado
especial para G80

Las Cinco Tisis de Gonzalo Martner sobre la Crisis y el Estado Activo

Con ocasión de la presentación en Madrid del libro “La crisis y el Estado activo. Una visión desde América Latina” (01/02/2010), Gonzalo Martner pronunció un discurso que luego difundió bajo el título “Cinco Tesis sobre la Crisis y el Estado Activo”.

He considerado oportuno comentar este texto por dos razones:

1. La masa de imprecisiones, deformaciones, alteraciones y adulteraciones que tocan a la economía en un texto tan corto es sorprendente. Cuando el propósito declarado es el de contribuir a la elaboración de una respuesta al neoliberalismo, sería una falta no reaccionar a ella.

2. Gonzalo Martner se posiciona publicamente como la musa del “progresismo”, -esa curiosa respuesta política al neoliberalismo-, proyecto que merece algún comentario.

En el mundo de la progresía chilensis no abundan los teóricos de la economía, -a menos que se tenga por tales a Carlos Ominami y a Camilo Escalona-, y como suele decirse, “La oportunidad la pintan calva”. Heme aquí, una vez más, consagrándole algún tiempo al pensamiento martneriano.

Titular esta nota como lo hago, -cambiando Tesis por Tisis-,  no tiene solo el morbo de un juego de palabras fácil y muy adecuado a la prosa de Gonzalo Martner. Tisis, cuya etimología griega -phthísis- evoca la “decadencia”, me parece dar cuenta en modo cabal de un cierto pensamiento que agoniza sin terminar de morir, y que se expresa tanto en la economía como en la política.

Si en economía Martner se redescubre como un estatista que se ignoraba a sí mismo, en política se presenta como la musa del “progresismo”, esa fosa común en la que quiere plantar de manera promiscua todas las simientes aun fértiles -o eso piensa él- del socialismo neoliberal. En este último empeño no hace sino jugar el papel de submarino de un cierto Ricardo Lagos que ya en el año 2003 había anunciado el mismo propósito: la fusión de los negocitos de representación en que se transformaron algunas organizaciones que en su día tuvieron pertinencia. El PPP de Lagos no era sino la suma escalar de lo que queda de PS, de PPD, de PRSD y de meísmo que ahora propone Gonzalo Martner. Pero eso es otro cuento.

Las Cinco “Tisis” de Gonzalo Martner sobre la Crisis y el Estado Activo, cuyo texto integral reproduzco en esta nota, comienza por una larga introducción que inicia con esta afirmación perentoria:

“El siglo 20 fue testigo de la Gran Depresión que entre 1929 y 1933 arrojó al desempleo a millones de personas”.

¿Qué es lo que lleva a Gonzalo Martner a minimizar la duración, y con ella los efectos, de la Gran Depresión?

Esta arrojó al desempleo a millones de trabajadores hasta los años 40, y si no hubiese sido por la política del “New Deal” que, -no muy convecido y no muy intensamente-, lanzó F.D. Rossevelt a partir de 1934, hubiese sido aun peor.

Herbert Hoover, trigésimo primer presidente de los EEUU (1929-1933), bajo cuyo mandato se produjo la catástrofe, -el jueves negro del 24 de octubre de 1929-, aseguraba el 1° de mayo de 1930: “El crach tuvo lugar hace seis meses y yo estoy convencido de que lo peor ya pasó; continuando a unir nuestros esfuerzos vamos a salir rápidamente de la crisis”. ¿Suena conocido? Uno cree estar escuchando a Ricardo Lagos durante la crisis del 2001, o a Andrés Velasco en octubre del 2008.

Por su parte, al llegar al poder en 1933, F. D. Rossevelt siguió el consejo que le dio Herbert Hoover. La prioridad no era el gasto público ni el New Deal, sino “detener los déficits”. Déficits que por lo demás no representaban nada significativo en la economía estadounidense: “Las compras de bienes y servicios por el Gobierno Federal eran el 2 por ciento del PNB en 1930, y el 6 por ciento del PNB en 1940” (US Bureau of the Census, Historical Statistics).

Como lo pone John Kenneth Galbraith, “En realidad la Gran Depresión no terminó. Fue barrida por la Segunda Guerra Mundial”.

Guerra en la que los EEUU entraron recién el 7 de diciembre de 1941 como consecuencia del ataque japonés a Pearl Harbour. La segunda guerra mundial terminó el 8 de mayo de 1945 (para los occidentales, porque para la URSS la fecha oficial fue el 9 de mayo del mismo año) y a fines de la década de los sesenta el Estado Federal aun era el mayor empleador de los EEUU.

Una pequeña pero significativa diferencia de duración de la Gran Depresión con relación a la indicada  por Gonzalo Martner. Si se toma en cuenta la fecha en la que las bolsas recuperaron sus niveles anteriores al crach, los resultados son similares: en 1933 la Gran Depresión no hacía sino comenzar.

Corroborando la opinión de J.K. Galbraith hay quién afirma que las politicas de estímulo fiscal fueron definitivamente menores en envergadura y en impacto: “La política fiscal (...) fue un poco afortunado procedimiento de recuperación en los años treinta, no porque no funcionara, sino porque no fue intentado” (E. Cary Brown, “Fiscal Policy in the Thirties – A Reappraisal”, American Economic Review – Diciembre 1956).

Con relación a las politicas monetarias, cuya inutilidad habia sido ampliamente probada en crisis anteriores, sabemos que ellas no fueron implementadas, ocasionando como por defecto la quiebra de más de veinte mil bancos estadounidenses. El saberlo constituye la principal y gran “sabiduría” de Ben Bernanke, el actual presidente de la FED, quién declaró que para inyectar liquidez en los mercados financieros iría “hasta arrojar paquetes de dólares desde un helicóptero”. En la realidad práctica lo hizo, exceptuando, desde luego, el helicóptero.

Gonzalo Martner, que suele firmar sus notas precisando su calidad de “Doctor en Economía”, le hace un flaco favor a la ya muy disminuida reputación de tales “expertos” incurriendo en el tipo de imprecisiones (para llamarlas de algún modo) que pongo en evidencia. ¿O se trata simplemente de una visión simplista de las crisis, de las recesiones y de las depresiones que en alguna ocasión el mismo Gonzalo Martner ha calificado de “Turbulencias”?

Gonzalo Martner continua:

“Los inicios del siglo 21 han conocido, por su parte, la Gran Recesión de 2008-2009, la que ha sido enfrentada con bastante éxito por planes de estímulo de gran envergadura, recogiéndose en parte las enseñanzas de la Gran Crisis”.

¿De qué enseñanzas habla Gonzalo Martner? ¿De las políticas fiscales, o monetarias, que Franklin  Delano Rossevelt no utilizó? No. Nos habla de los “planes de estímulo de gran envergadura” que lo único que han logrado es salvar de la quiebra un sistema financiero incompetente, rufián y especulador. Planes de estímulo al servicio de la “comunidad financiera” que hoy devuelve el favor de muy mala manera.

Por otra parte, el único plan de estímulo económico con resultados comprobables es el que lanzaron las autoridades chinas, orientado esencialmente a sostener y desarrollar el consumo interno. Como se ha constatado, las saludables tasas de crecimiento del gigante asiático apenas oscilaron.

Por su parte, en estos días las autoridades estadounidenses declaran que han constatado una leve aceleración de la actividad económica pero que el desempleo continuará agravándose en los próximos meses. Hay quién asegura que gracias a la inyección de cuantiosos recursos financiados con dinero público Barack Obama logró salvar un millón seiscientos mil empleos. Con un plan de estímulo que alcanza los casi U$ 800 mil millones, cada empleo salvado costó medio millón de dólares. ¡Fantástico! Estoy seguro de que Gonzalo Martner, o yo mismo, no lo hubiésemos hecho peor.  

La verdad es que las sumas extravagantes de dinero que estadounidenses y europeos lanzaron desde un “helicóptero” (para parafrasear al inenarrable Ben Bernanke) estaban destinadas, como queda dicho, a salvar un sistema financiero irresponsable al precio de aumentar desmedidamente los déficits públicos. El mismo sistema financiero irresponsable que hoy presiona a los EEUU y a Europa en razón de esos déficits públicos, y que para evitar la regulación de los mercados financieros especula contra Grecia, Portugal, España, Irlanda y el Euro, y distribuye millonarios bonos a sus geniales “traders”. Sin olvidar a las Agencias de Notación (o de Calificación de Riesgos) que no sólo no vieron venir la crisis sino que además aconsejaban alegremente la compra de acciones que no valían un cuesco. Estas Agencias de Notación que hoy ejercen una suerte de chantaje a la mala notación de la deuda de tal o cual país con el fin de impedir la regulación de sus más que dudosas actividades.

Repito: ¿De qué enseñanzas nos habla Gonzalo Martner?

Cuando habla de esta Gran Recesión “enfrentada con bastante éxito” Martner debiese recordar la frase de Harry S. Truman, trigésimo tercer presidente de los EEUU (1945-1953) “Hay Recesión cuando su vecino pierde su trabajo, y Depresión cuando Ud. pierde el suyo”. Dicho de otro modo, para Gonzalo Martner “El mal ajeno es muy llevadero”.

Tal vez debiese mirar en rededor suyo: el embajador de Chile en España está bien ubicado para saber que el desempleo en Europa constituye la principal amenaza para la estabilidad política y económica del continente. ¿Qué plan de estímulo fue tan “exitoso” al decir de Gonzalo Martner? ¿El de España? ¿El de Inglaterra? ¿El de Francia? O yendo más lejos, ¿el de Japón? ¿Podría Martner decirnos algo al respecto? En vez de lanzar generalidades no “sustentadas en la evidencia” (la frase es suya) que tienden a hacer creer que la “turbulencia” quedó atrás gracias “a las enseñanzas de la Gran Crisis”.

Gonzalo Martner prosigue:

“Pero diversos gobiernos, especialmente el de Estados Unidos, cometieron graves errores que originaron la actual situación, especialmente al desregular el sistema financiero, en un contexto en el que durante más de treinta años prevalecía la idea del “retiro del Estado” ”.

Que Gonzalo Martner ose afirmar esto, -olvidando que él formó parte del gobierno que aceleró la desregulación de los mercados financieros en Chile-, no deja de ser curioso. ¿Amnesia? Afortunadamente hay archivos. Ricardo Lagos, del cual Gonzalo Martner fue un eminente colaborador en La Moneda, hizo aprobar la Segunda Reforma del Mercado de Capitales, “MK II” para los entendidos.

Al respecto vale la pena releer la declaración (2002) del Sr. Guillermo Tagle, gerente de Santander Investments en Santiago a propósito de la desregulación de los mercados financieros: “en Chile ya se hicieron todas las reformas soñadas para la revitalización de la Bolsa (la apertura de cuenta de capitales ha dejado libre la entrada y salida de capitales extranjeros, se eliminó el impuesto a las ganancias, (y) la certificación de trámites administrativos para extranjeros) y algunos de los detalles están siendo desarrollados en la reforma al mercado II”.

De modo que según Gonzalo Martner “diversos gobiernos, especialmente de Estados Unidos, cometieron graves errores (...) especialmente al desregular el sistema financiero”. ¿Y qué hacía Martner Gonzalo en el año 2002 sino participar alegremente de la desregulación de los mercados financieros chilenos?

El mismo Gonzalo Martner que no dijo nada cuando el 8 de agosto de 2008 Andrés Velasco presentó, públicamente, sus descabellados proyectos relativos a la Tercera Reforma del Mercado de Capitales, o MK III, destinada a liberalizar aun más si cabe los mencionados mercados financieros para transformar a Chile en una especie de “City” sudaka y a nuestros traders en golden boys de la periferia.

En dicha presentación Andrés Velasco proclamaba:

“La región avanza en el desarrollo de sus mercados a gran velocidad:

    * Colombia con la fusión y desmutualización de sus bolsas, y con su iniciativa de autorregulación del mercado de valores.
    * Brasil con la creación de Novo Mercado: iniciativa privada que eleva el estándar de gobierno corporativo y de información disponible al mercado de sus empresas listadas”.

Autorregulación del mercado de valores... Iniciativa privada...

Afortunadamente la crisis se interpuso y Velasco no pudo llevar adelante su sueñito irresponsable de dinamizar en Chile las colocaciones “high yield” que estuvieron en el origen del desastre planetario que se desató a fines del 2007.

Dos meses más tarde, en octubre del 2008, Gonzalo Martner aceptó representar ese mismo gobierno como embajador en España. ¿Alguna observación al proyecto de desregulación de los mercados financieros que propiciaban Velasco y Bachelet? Ninguna.

Cuando Martner conjuga el verbo en la tercera persona del pretérito activo, “cometieron”, o sea “ellos” y no él, aquello aparece como una forma algo simplota de auto eximirse de responsabilidad.

La prosa de Gonzalo Martner continua:

“Frente a la magnitud de la crisis que se ha vivido, resuena irónica la afirmación de Robert Lucas, de la Universidad de Chicago en 2003, según la cual “el problema central de la prevención de depresiones ha sido resuelto”, afirmación sustentada en la sempiternamente errónea fe -porque se trata de una creencia y no de una hipótesis teórica más o menos sustentada en la evidencia- en la capacidad inherentemente autoregulatoria de los mercados, incluyendo los financieros”.

Digamos claramente que compartimos con Martner eso de que la capacidad autoregulatoria de los mercados es un dogma, una fe pagana. Pero citar al pobre Robert Lucas (premio seudo Nobel de economía en 1995) para dejar ese dogma en evidencia es casi como disparar contra una ambulancia. Pobre Robert Lucas y sus “anticipaciones racionales”.

Uno no se explica que Gonzalo Martner no haya citado a uno de sus hermanos en el progresismo, tan progresista que fue invitado por Michelle Bachelet a la Cumbre Progresista de Viña del Mar (marzo 2009), la misma Michelle Bachelet que accesoriamente aun es la jefa de Gonzalo Martner. Me refiero a Gordon Brown, primer ministro de Gran Bretaña y de su no muy graciosa majestad la reina Isabel II.

Este Gordon Brown, continuador junto a Tony Blair de las politicas de Margaret Thatcher -como la Concertación a la que pertenece Martner ha sido continuadora de los Chicago Boys-, este Gordon Brown digo, que al presentar en el Parlamento los presupuestos generales del Estado en el año 2007 aseguraba: “No volveremos nunca jamás a la vieja expansión–recesión”. De ahí en adelante, según Gordon Brown, el mundo iba a discurrir por senderos floridos, perfumados con el dulce perfume del crecimiento y la expansión permanente.

Para citar burradas Gonzalo Martner solo tenía la dificultad de elegir entre todos los numerosos “expertos” que delante de la crisis hicieron declaraciones de una rara debilidad mental. Andrés Velasco, por ejemplo. Otro progresista. Que en octubre de 2008 aseguraba: “en Chile no hay ni habrá ninguna crisis”. O para ponerlo en la jerga que afecciona el propio Martner, ninguna “turbulencia”.

Sigamos con el texto de Martner:

“La paradoja es que mientras el enfoque dominante fue generando las condiciones para la crisis financiera más importante que haya conocido la historia de la humanidad y para una crisis económica solo comparable con la de 1929, en la práctica en muchas áreas, y por la fuerza de la realidad de las sociedades modernas, los órganos de gobierno continuaron realizando un importante número de tareas y empleando un volumen considerable de recursos al iniciarse el siglo 21, en la mayorí­a de los casos muy superior al de la etapa de construcción inicial de los Estados de bienestar. Así­, la crisis actual ha permitido mirar mejor la historia reciente y reforzado la idea de que los gobiernos tienen roles estabilizadores, redistribuidores y de provisión de bienes públicos que son insustituibles”.

¿Se trata del mismo Gonzalo Martner que en otros textos suyos reivindica la proverbial eficacia del mercado en la asignación de los recursos contra la conocida ineficiencia del Estado? ¿Es otro Martner? En todo caso se trata del Martner que es capaz de afirmar que los “órganos de gobierno” continuan “realizando un importante número de tareas y empleando un volumen considerable de recursos al iniciarse el siglo 21” ¡“por la fuerza de la realidad de las sociedades modernas”! (los signos de exclamación son míos).

¿Se trata de un fenómeno natural, Gonzalo? Natural, ¿como la “tasa de interés natural” de los precursores de los monetaristas?

Natural porque generada “Por la fuerza de la realidad de las sociedades modernas”.

Y para más inri se trata de una “paradoja”.

Es verdad que las fumosas teorías económicas están llenas de “paradojas”, “teoremas”, “postulados”, y por que no decirlo si el mismo Gonzalo Martner lo dice, de “dogmas de fe”.

Los planes de estímulo que Martner celebra en su texto resultan ser “paradojas”, o en todo caso el resultado de “la fuerza de la realidad de las sociedades modernas”.

Exit las luchas sociales, la fuerza sindical de los países desarrollados, las políticas económicas voluntarias, voluntaristas y voluntariosas de la social democracia mientras fue social democracia, e incluso de las burguesías modernas, -De Gaulle y el gaullismo, ¡qué gran ejemplo!-, o incluso del hitlerismo en sus primeros años (véase “Money” de J.K. Galbraith – 1975).

El papel insustituible que juegan los Estados aun hoy, a pesar de los Chicago Boys, a pesar del dominio sin contrapeso del discurso único del neoliberalismo, a pesar del gobierno de Ricardo Lagos, a pesar de la globalización y de todas las monsergas a propósito de “la eficiencia de los mercados en la asignación de los recursos” (GM), se debería pues a “la fuerza de la realidad de las sociedades modernas”, o dicho de otro modo: de algo caído del cielo.

Algo me dice que Michelle Bachelet, quien intenta dejarle a la posteridad la imagen algo virginal de la presidenta sensible a los problemas sociales, no va a estar de acuerdo. Aun cuando ella también es “progresista”. Y aun cuando las intervenciones de su gobierno no constituyen precisamente “un volumen considerable de recursos” de cara al PIB chileno: el presupuesto preparado bajo su autoridad y ya aprobado por el Parlamento para el 2010 representa en torno a un 20% del PIB, contra más del 35% en promedio en los países de la OCDE.

Sigamos:

En América Latina, el impacto de la crisis de los años treinta y de la segunda guerra mundial fue devastador. Pero dio lugar a una posterior recuperación en base a dejar de lado la ortodoxia y establecer esbozos de política industrial (incluyendo la política de sustitución de importaciones, que en muchos casos no fue una opción sino una obligación frente a la ausencia de alternativas en un mundo fragmentado por la crisis y la guerra) y de política social cuyos resultados no fueron del todo negativos, contrariamente a la narrativa neoliberal tan repetida en las últimos tres décadas. Los años del desarrollismo latinoamericano permitieron sostener tasas de crecimiento relativamente elevadas (de 3,9% al año del PIB por habitante entre 1960 y 1980 para el conjunto de América Latina y el Caribe), inferiores a las del sudeste asiático pero bastante superiores a las de la “década perdida” de 1980-1990 (-0,4%) y las de los años 1990-2004 (1,1%), según los datos del Banco Mundial. El quinquenio de oro 2004-2008, que vio emerger un conjunto variado de políticas no ortodoxas y se benefició de un ciclo al alza en los precios de las materias primas, permitió tasas de crecimiento muy superiores a las del perí­odo neoliberal y avances en la disminución de la pobreza que se vieron interrumpidos por la crisis en curso.

Si uno entiende bien, -y en estas materias es difícil entender mal-, la recuperación de las economías latinoamericanas se debió esencialmente a que no tenían otro remedio. Abandonadas por las metrópolis enzarzadas en una guerra planetaria (1939-1945), dejadas de lado de buen grado o forzadamente durante la reconstrucción de Europa y la edificación de la dominación estadounidense, las economías latinoamericanas no tuvieron otro remedio que producir lo que no podían importar. ¿Quién lo ignora? ¿La “narrativa neoliberal” a la que hace referencia Gonzalo Martner? ¿Y a quién le importa aparte a los economistas que le hacen más caso a sus dogmas que a la realidad?

Un proceso que pudiésemos calificar de una contra globalización, un retorno a la producción local, hizo que la intensidad del proceso de industrialización en América Latina fuese significativo: +73% para Argentina en la década que va de 1937 a 1947. Para México, en el mismo período, la cifra es de + 86%, de +82% para Brasil, y de +9% para Chile. Le década siguiente fue aun mejor, visto que entre 1947 y 1957 la industrialización de Argentina progresó en +50%, en México en +98%, en Brasil en +123%, y en Chile en un sólido +58%. Según los estudiosos de esa época, “para el conjunto de la región, la tasa de crecimiento anual en el período 1950 – 1960 alcanzó 6% y en el decenio siguiente 6,9%. Entre 1971 y 1973 la tasa de crecimiento fue de 8,3%” (Celso Furtado. Citado en Luis Casado. “América Latina: transferencias de tecnología y desarrollo”. París, 1982).

Nada de que pavonearse en todo caso, “...la posición relativa de América Latina en el conjunto de la producción industrial mundial permaneció invariable, oscilando alrededor de 3,4%. Su participación en el total de exportaciones industriales del Tercer Mundo bajó de 18,9% en 1970 a 16,1% en 1978. Si se toma en consideración el crecimiento demográfico ha habido un deterioro de la posición latinoamericana: la producción industrial mundial por habitante ha crecido, entre 1950 y 1970, a una tasa anual de 4,7%, mientras que la producción latinoamericana a progresado a una tasa de 3,8% por año” (Luis Casado. Op. Cit.)

Lo que queda en evidencia es que América Latina conoció períodos de desarrollo (mejor que el “crecimiento”) significativos gracias a su alejamiento de los mercados mundiales. O sea en ausencia del proceso globalizador.

En ese contexto, la frase de Martner, “El quinquenio de oro 2004-2008, que vio emerger un conjunto variado de políticas no ortodoxas y se benefició de un ciclo al alza en los precios de las materias primas, permitió tasas de crecimiento muy superiores a las del perí­odo neoliberal y avances en la disminución de la pobreza que se vieron interrumpidos por la crisis en curso”, es incomprensible.

¿El llamado “quinquenio de oro 2004-2008” se dio fuera de las políticas neoliberales y de la globalización? ¿Dónde fue de oro el quinquenio? ¿En América Latina? ¿De qué habla Gonzalo Martner? ¿De qué países? ¿Cuales fueron las políticas “no ortodoxas”? Tal vez se refiere a Venezuela, pero lo dudo. O tal vez a Bolivia, pero la duda es aun mayor. ¿Se trata de Ecuador? Si se refiere a Brasil, cuyo presidente es el objeto de la cooptación activa de los “progresistas” latinoamericanos, Martner haría bien en examinar la deuda pública brasilena y sus déficits presupuestarios.

Por otra parte si “las tasas de crecimiento muy superiores a las del perí­odo neoliberal y avances en la disminución de la pobreza” se debieron “al alza en los precios de la materias primas...” ¿cuál es el papel que jugó “el conjunto variado de políticas no ortodoxas”?

Confusión. Gonzalo Martner es un compendio de confusión de la cual uno no logra separar la parte voluntaria que busca aportar aguas a su molino, de la parte involuntaria que provoca su conocimiento imperfecto, por decir lo menos, de las materias abordadas.

Vamos adelante en el texto de Martner:

“A su vez, el desempleo de América Latina en la actual crisis ha sido bastante positivo, gracias a una visión más activa del rol gubernamental en la regulación macroeconómica, con polí­ticas fiscales contracíclicas.”

Confieso que no tengo claro lo que es “el desempleo (...) positivo”, o “el desempleo (...) bastante positivo”. Tampoco veo claramente cuales son las manifestaciones concretas del activo “rol gubernamental en la regulación macroeconómica”. ¿Dónde vio Martner ese fenómeno? ¿En Chile? Ya hemos dicho hasta la saciedad que Andrés Velasco negaba hasta la posibilidad de una crisis en octubre del 2008. El FMI tuvo que llamarle a Washington, explicarle que la cosa se veía muy fea y recomendarle el lanzamiento de un plan de estímulo económico (mal preparado, insuficiente y ni siquiera enteramente desplegado, dicho sea de paso) para que en enero de 2009, -más de un año después de iniciada la crisis-, Velasco se resolviese a actuar. ¿Dónde ve Martner el “activo rol gubernamental”? ¿Tal vez en Colombia y en Brasil, países que el mismo Andrés Velasco ponía como ejemplo de desregulación de los mercados financieros para su MK III?

Por otra parte, en una patética demostración de escolástica económica Martner nos repite el cuento algo chamuscado de las “políticas fiscales contracíclicas”. No hace mucho Camilo Escalona, a quién nadie podría acusar de entender algo de economía, derramaba la misma sabiduría (Cumbre Progresista de Viña del Mar. Marzo 2009).

¿Qué son las politicas fiscales contracíclicas? Gonzalo Martner, -o en su defecto Camilo Escalona-,  podría explicarnos de qué habla?

Hubo en período histórico, que cubrió algo más que el siglo XIX, durante el cual las crisis económicas  -que en esa época llamaban “pánicos”- fueron tan frecuentes y regulares que hubo economistas que inventaron eso de los ciclos, se especializaron en ellos y hasta ganaron bastante dinero explicándole a los no iniciados los arcanos de dicha “ciencia” según la cual la economía discurría como una especie de sinusoide, con altos y bajos cuya frecuencia podía ser calculada muy precisamente: los ciclos.

Puede que de allí provenga esta pomada de las “políticas fiscales anticíclicas”, indigente remedo de un cierto keynesianismo mal tragado y peor digerido. Pero Keynes nunca habló de ciclos, él. Ni de “políticas fiscales anticíclicas”.

Por otra parte, ¿qué tienen que ver las regulaciones macroeconómicas con las políticas fiscales?

Cualquier estudiante de economía de pregrado es capaz de entender que las regulaciones macroeconómicas (que no vemos por ningún lado) no tienen porqué estar asociadas (salvo indicación contraria) a iniciativas fiscales de ningún tipo. Justo por dar un ejemplo, una regulación macroeconómica de tipo financiero -como era la obligación de encaje durante un año de los capitales extrajeros que ingresaban a Chile-, fue eliminada por el gobierno en el que participaba Gonzalo Martner sin que nadie percibiese ninguna “política fiscal contracíclica” de la parte de ese mismo gobierno.

En el origen de ese movimiento desregulador, que en Chile alcanza niveles caricaturales, estuvo el DFL n. 600, impuesto en dictadura. Regulación (en este caso desregulación) macroeconómica no acompañada de política fiscal contracíclica... Los ejemplos abundan.

Pero es verdad que en la prosa de Martner solo se trata de “una visión más activa del rol gubernamental en la regulación macroeconómica”. Mientras se trate de visiones...

(Nota del autor de estas líneas: En los EEUU,  hasta 1907 llamaron “pánicos” a los descalabros económicos, para luego -poniendo el lenguaje al servicio de la dominación económica- llamarlas “crisis” pretextando que un retroceso económico no era realmente un “pánico”. Cuando la palabra “crisis” adquirió una connotación terrible en los años veinte, la sustituyeron por la más suavita “depresión”. Pero la “Gran Depresión” obligó nuevamente a buscar algo aun más suave, que no espantase al vulgo, y “depresión” fue cambiada por “recesión”. En los años cincuenta los economistas estimaron que “recesión” era todavía muy fuerte como palabra y explicaron que cuando millones de trabajadores perdían su empleo a lo más había “movimientos deslizantes” o simplemente una “oscilación de reajuste”. En la época actual, como sabemos, los Doctores en economía hablan de “turbulencias” o “mareas internacionales”. El empleo, o más bien el desempleo, es una “variable de ajuste”.)

Sigamos:

“Con la crisis actual entramos en una nueva fase, imprevista y para muchos imprevisible, la del retorno del Estado. Se ha creado ya un nuevo clima intelectual, que busca dilucidar cuales serán las proporciones, modalidades y profundidad de este retorno del Estado de difícil predicción, pero que en todo caso incluye hechos tan inéditos como que General Motors, símbolo del capitalismo norteamericano de posguerra, está hoy en manos del gobierno. En esta perspectiva, cabe revisitar los fundamentos de la intervención del Estado en diversas áreas, y reabrir pistas de reflexión por largo tiempo relegadas a un segundo plano en el análisis de los avatares de la economía. Se puede establecer en este sentido cinco tesis”.

Uno aprecia eso de “para muchos imprevisible”. No para Martner desde luego, que ya se había preparado para el retorno del Estado. Retorno cuyas “proporciones, modalidades y profundidad” son de “difícil predicción”. Ya decía Niels Bohr que “La predicción es un arte difícil, sobre todo en lo que se refiere al futuro”. Pero Niels Bohr no era Doctor en economía. ¿De ahí su lucidez y su humor? En todo caso hubo economistas con sentido del humor y muy lúcidos, como el ya citado John Kenneth Galbraith, quién afirmaba que “La única función de la previsión económica consiste en darle respetabilidad a la astrología”.

Al presentar el programa económico de Jorge Arrate en un debate organizado por la Cámara Alemana de Comercio durante la campaña presidencial, me permití citar a un filósofo francés contemporáneo, Gaston Bachelard, quién decía: “El futuro no es lo que va a venir, el futuro es lo que nosotros vamos a hacer”.

No hay otro modo de reducir la incertidumbre en la economía sino el que consiste en fijarse una meta y darse los medios para alcanzarla.

En su discurso Gonzalo Martner da la impresión de ser una especie de “Balsa de La Medusa” que boga según la caprichosa dirección del viento, sacudido y contrariado por incoherentes y contradictorias corrientes marinas. No obstante hay que estar tranquilos: “Se ha creado ya un nuevo clima intelectual, que busca dilucidar cuales serán las proporciones, modalidades y profundidad...” Si él lo dice...

Lo que constituye una osada afirmación, por contra, es su declaración que sostiene “que General Motors, símbolo del capitalismo norteamericano de posguerra, está hoy en manos del gobierno...”

¿Acaso Gonzalo Martner va hasta a sugerir alguna nacionalización?

En todo caso el Estado Federal no ha nacionalizado General Motors, como no nacionalizó la banca ni las empresas de seguros al darles el dinero que les salvó de la quiebra. El método fue mucho más simple y hasta la revista financiera británica “The Economist”, poco sospechosa de bolchevismo, lo describió de manera clara y simple: “Se trata de nacionalizar las pérdidas, y de privatizar los beneficios”.

El mismo método es aun utilizado en Chile para mantener a flote la gran realización del mentor de Gonzalo Martner: el Transantiago.

Perseverando en su empeño Martner estima que “cabe revisitar los fundamentos de la intervención del Estado en diversas áreas, y reabrir pistas de reflexión por largo tiempo relegadas a un segundo plano en el análisis de los avatares de la economía”. Para lo cual expone sus cinco “Tisis”.

Tesis 1: En economía, cabe mantener el espíritu crí­tico y el respeto por la evidencia.

La crisis actual mostró una vez más que la teoría económica no es una ciencia exacta, que la actual corriente dominante es frágil y se constituyó en una moda -el efecto manada también existe entre los intelectuales- marcada por prejuicios ideológicos. El “main stream” económico terminó por actuar no solo con su tradicional arrogancia sino con franca ceguera frente a los trastornos y burbujas financieras que se desplegaban ante sus ojos, mucho mejor explicadas por las corrientes económicas heteredoxas que constatan que los mercados son inherentemente inestables y que requieren de regulaciones públicas para funcionar y para producir resultados sociales y ecológicos medianamente aceptables.

No solo en economía cabe mantener el espíritu crítico y el respeto por la evidencia, Gonzalo. También cabe mantenerlo al evaluar los resultados de las politicas aplicadas cuando se ha estado en el poder. ¿Qué criterio se podría invocar para mantener el respeto por la evidencia si no?

Afirmar que la economía no es una ciencia exacta es lo que pudiésemos llamar un “understatement”. O dicho en chileno, “Pedir por abajo”. Una vez más no tiene sentido echar abajo puertas que están abiertas. Que “el efecto manada también existe entre los intelectuales” es otro “understatement. El efecto manada existe sobre todo entre los intelectuales, y aun más entre los economistas. A quienes sufren las consecuencias, por el ejemplo al millón de parados chilenos, es más difícil hacerles tragar eso del equilibrio de los mercados.

Que los mercados son “inherentemente inestables” es algo que se sospechaba con la frecuencia y la regularidad de las crisis, y que quedó meridianamente claro hace más de treinta años. Walras nunca logró demostrar su Teoría del Equilibrio General. Ni siquiera logró probar que la economía de libre mercado fuese la mas eficaz.

“Hasta que Hugo F. Sonnenschein invirtió el problema y demostró (entre 19721 y 1974) que era imposible definir una “ley de la oferta y la demanda” correcta, que conduzca a un equilibrio único. E incluso demostró que el equilibrio podría resultar de una ley de la oferta y la demanda totalmente aberrante. Conclusión: el sistema de Walras no es ni armonioso ni estable. Es totalmente catastrófico. Explosivo o implosivo. Si existe un equilibrio (Debreu demostró que puede existir, gracias al Teorema del Punto Fijo de Broüwer) a menos de caer encima por azar no se lo encuentra. Y si por azar se lo encuentra... el equilibrio se aleja. Si las palabras “mercado” y “ley de la oferta y la demanda” tienen algún sentido, significan aberraciones, desequilibrio, indeterminación, destrucción, desorden. Burdel. El mercado es un vasto burdel” (“El modelo neoliberal y los 40 ladrones”. Luis Casado. 07/05/2002).

Cuando uno está convencido de esto no participa en una vasta empresa de desregulación de los mercados financieros Gonzalo. Hubieses tenido que decirle NO a Ricardo Lagos y a Nicolás Eyzaguirre diciendo lo que dices ahora. Con firmeza. Pero no fue el caso. Como tampoco fue el caso con Andrés Velasco y Michelle Bachelet. Amnesia.

Tesis 2: Ni el Estado ni los mercados son siempre malos ni siempre buenos.

Los gobiernos deben ser el soporte institucional de los intercambios, y ser una factor de coordinación y control de los efectos positivos y negativos de las transacciones privadas sobre terceros (las llamadas externalidades), y a la vez asegurar la provisión de bienes públicos, la estabilización y redistribución de ingresos y activos, la regulación macroeconómica fiscal, monetaria, cambiaria y de ingresos. Existen sólidos argumentos racionales para la intervención del Estado frente a mercados inestables e incompletos que contradicen la tesis del Estado inevitablemente depredador.

“Ni el Estado ni los mercados son siempre malos ni siempre buenos”. ¿Sino todo lo contrario?

¿Quién podría estar contra los mariscos frescos, contra la fruta madurada en el árbol, contra la bondad extrema, la justicia universal, los precios bajos, el retorno de la pequeña gigante y el triunfo de la roja en Africa del Sur? Buenas intenciones. Esta “Tisis” de Martner es un compendio de buenas intenciones. ¿Y qué de las presiones ejercidas por quienes controlan el gran capital y las multinacionales? Nicolás Eyzaguirre tuvo al menos la presencia de ánimo para reconocer que después de su paso por el ministerio de Hacienda la distribución de la riqueza en Chile era una “vergüenza” (la palabra es de él), y la candidez de encontrar una justificación creíble:”Cada vez que quisimos modificar este estado de cosas las presiones del establishment nos lo impidieron (Entrevista al diario madrileño “El País”).

Pasa Gonzalo que, aunque no sea agradable enterarse, la lucha de clases existe. El Estado no es neutro. Debías haberte percatado de ello al ocupar eminentes funciones en el gobierno de Ricardo Lagos, gobierno despedido emotivamente por Herman Somerville quién aseguró que Lagos se iba “con el amor de los empresarios”.

Los gobiernos no son “el soporte institucional de los intercambios”, ni el “factor de coordinación y control de los efectos positivos y negativos de las transacciones privadas sobre terceros” como aseguras (curiosa definición en todo caso):

“Un distinguido profesor de Harvard, Samuel Huntington, ha llegado a decir que el poder lo ejercen los llamados “hombres de Davos”. La elite global. Según Huntington, el hombre de Davos “no se preocupa de lealtad nacional, ve las fronteras nacionales como obstáculos que afortunadamente están desapareciendo, y los gobiernos nacionales como residuos del pasado cuya única función consiste en facilitar las operaciones de la elite global” “ (“Residuos del pasado”. Luis Casado, 28/02/2005)

Huntington empuja la franqueza hasta declarar que la fractura así creada hace que “...la elite Estadounidense, gubernamental y privada, se ha ido divorciando del pueblo Americano cada vez más”.

Así, según el eminente profesor Huntington “los gobiernos son residuos del pasado cuya única función consiste en facilitar las operaciones de la elite global”. Entre Huntington y Martner, me quedo con Huntington. Porque en Chile hemos tenido la luminosa demostración durante veinte años. Y no es Piñera, el dudoso sucesor de Bachelet, el que va a hacer de Chile una excepción.

De modo que afirmar, como lo hace Martner, que “Existen sólidos argumentos racionales para la intervención del Estado frente a mercados inestables e incompletos que contradicen la tesis del Estado inevitablemente depredador” no deja de ser un deseo piadoso. ¿Desde cuando los “argumentos racionales” se impusieron en la economía? ¿O en el gobierno? ¿Desde cuando?

La “tesis del Estado inevitablemente depredador” puede dar cuenta de la realidad: todo depende de quién maneja el Estado. Y en favor de qué sectores sociales. Pero Martner está lejos de la sociedad segregada en clases sociales y demasiado cerca de los “argumentos racionales”. Argumentos que por lo demás ni siquiera utiliza cuando está en el poder.

Sus frases de tipo “Los gobiernos deben...” pudiesen cantarse con la música de “Los pollitos dicen...” Por lo menos divertirían a los niños.

Para que el Estado pueda intervenir en favor de los los desposeídos, de los preteridos, de los explotados, habría que cambiar el caracter de clase del Estado. Otros intereses económicos, los de las grandes mayorías marginadas, tendrían que estar en el poder, tendrían que ejercer el poder. O por lo menos haber reequilibrado la espantosa desventaja en la que se encuentran gracias a una Constitución ilegítima y espuria.

La Constitución en vigor Gonzalo, -la de la dictadura-, impide hasta las mas elementales expresiones de la democracia ciudadana. A pesar de los maquillajes. La Concertación pasó por allí, y con ella Gonzalo Martner. Sin cambiar nada, consolidando una institucionalidad antidemocrática, que excluye al pueblo de Chile de toda posibilidad de ejercer sus derechos ciudadanos.

“Los gobiernos deben...” Si las consecuencias no fuesen tan desastrosas lo ridículo de la prosa de Martner haría reir hasta las lágrimas.

Los gobiernos de Martner son el “factor de coordinación y control de (...) las externalidades”. ¿Te refieres a Pascua Lama o a las salmoneras, Gonzalo? ¿Tal vez a los frecuentes derrames de aguas servidas que provoca la muy privatizada Esval en las playas de Concón? ¿O a las terribles consecuencias de la privatización de la educación y de la salud? Los vergonzosos resultados que año tras año arroja la PSU, he ahí una de las externalidades a las que haces referencia?

Tesis 3: El mejor Estado no es el más pequeño ni el más grande, es el mejor diseñado para cumplir los fines de disminuir la inestabilidad e inequidad de los mercados, y en general las tareas antes descritas y los fines que la sociedad determine -de preferencia con uso intensivo del conocimiento y la investigación especializada en políticas públicas- en base al control de los gobiernos por los ciudadanos y una democracia fuerte y efectiva,. El mejor Estado es el que democráticamente es capaz de gobernar al poder económico y someter los intereses particulares al interés general, especialmente en materia de estabilidad, seguridad y equidad y le preservación de los intereses de las futuras generaciones, evitando la descarga sobre ellas de deudas que financian un exceso de consumo presente y modelos productivos que penalizan y destruyen el ambiente y la biosfera.

Afirmar, como hace Martner que “El mejor Estado no es el más pequeño ni el más grande, es el mejor diseñado para cumplir los fines de disminuir la inestabilidad e inequidad de los mercados...” es como afirmar que la buena longitud de las piernas es cuando llegan al suelo. Cháchara. Chiste.

¿Algún  ejemplo, Gonzalo? ¿Los Estados Unidos de América dominados por las transnacionales y la comunidad financiera? ¿La Francia incapaz de ponerle coto a los excesos de sus bancos y a la evanescencia de su industria deslocalizante? ¿Alemania tal vez, ese Estado mal gobernado hasta hace poco por una coalición panorámica de la derecha y de la socialdemocracia? ¿China, Rusia, Japón, India? Un ejemplo, un ejemplo dan ganas de exigir, como en la Convención se exigían “¡nombres, nombres!”

El “control de los gobiernos por los ciudadanos y una democracia fuerte y efectiva” que reclamas solo es posible en una república democrática, Gonzalo. Y después de veinte años de gobiernos Concertacionistas Chile no es ni lo uno ni lo otro. La reciente campana presidencial lo puso en evidencia hasta para los ciegos que no quieren ver y los sordos que no desean oir.

Frei, -tu candidato Gonzalo-, se atrevió a decirlo. La organización Océanos Azules, que fue una de las estructuras que más contribuyó a la elaboración de su programa, firmó un texto común con el Partido de Izquierda - PAIZ (que apoyó a Jorge Arrate) llamando a dotar a Chile de una Constitución democratica. ¿O tal vez no? ¿Quiero decir, tal vez Frei no era tu candidato?

En fin, que Martner nos dice que “El mejor Estado es el que democráticamente es capaz de gobernar al poder económico y someter los intereses particulares al interés general...”, como yo pudiese afirmar que los mejores ejércitos son los que ganan las guerras, los mejores delanteros los que hacen goles, y los mejores guardametsa los que los impiden.

A ver Gonzalo, danos un ejemplo de Estado que efectivamente gobierna al poder económico y somete los intereses particulares al interés general: ¿China? ¿Corea del Norte? ¿Cuba? No oso señalar a Chile entre los potenciales ejemplos por dos razones: primero porque la evidencia en contra es apabullante, y segundo porque si fuese el caso no tendrías con que alimentar tu programa Gonzalo. Los nobles objetivos del “progresismo” que se propone someter al poder económico y gobernar los intereses particulares en beneficio del interés general, ¿O era al revés? Cháchara.

Cháchara patética Gonzalo. Como cuando te presentan en adalid de “la preservación de los intereses de las futuras generaciones, evitando la descarga sobre ellas de deudas que financian un exceso de consumo presente”.

Los que saben le dan a esto el nombre de “populismo ignorante”. La construcción de las infaestructuras que potencuial el desarrollo de un pais, y que serán financiadas necesariamente en el largo, y en el muy largo plazo, ¿forman parte del “exceso de consumo presente”?

De qué “exceso de consumo” presente nos hablas Gonzalo, cuando millones y millones de seres humanos, particularmente en América latina, no tienen acceso a los consumos más elementales?

¿De que “exceso de consumo” nos hablas Gonzalo, cuando algunas líneas más arriba celebras los “planes de estímulo de gran envergadura” que precisamente están orientados a sostener y dinamizar el consumo?

El presente “pánico”, -o crisis-, fue en su origen un fenómeno de deterioración del poder adquisitivo, o sea una disminución sensible de la capacidad de consumo, rapidamente remediada gracias al crédito, esa genial invención que permite consumir en el presente con cargo a salarios futuros. Como el crédito permite agregarle el lucro de los intereses al lucro de los margenes comerciales, el crédito creció de manera desmesurada aportando beneficios sustanciales. Hasta que se rompió el juguete. De todo eso Martner no dice nada. La redistribución de la riqueza no forma parte ni del lenguaje ni de los conceptos económicos martnerianos.

Tesis 4: En América Latina, los gobiernos progresistas que han emergido más o menos con el nuevo siglo tuvieron razón en abandonar el consenso de Washington (desregular, privatizar, disminuir el gasto público, liberalizar indiscriminadamente).

Se constató una mejorí­a de las polí­ticas macroeconómicas desde el inicio del siglo 21 y se logró más que en otras etapas mantener niveles consistentes de inversión pública y de gasto social, financiados por impuestos y no mediante un déficit estructural e inflación, y mantener polí­ticas fiscales anticí­clicas y cambiarias flexibles. El estudio Panorama Social de América Latina 2009 de la CEPAL "muestra que hemos avanzado en el combate a la desigualdad en la distribución del ingreso en la región, tanto que entre 2002 y 2008 en siete de los 18 países estudiados disminuyó la desigualdad, mientras que aumentó en sólo tres" en contraste con la regresión social generalizada sufrida durante la ola neoliberal.

Una vez más, ¡Ejemplos! ¿De que país, o países, “progresistas” se trata? ¿Qué país abandonó los criterios impuestos por el Consenso de Washington de los cuales el FMI es el celoso guardián?

Venezuela. De acuerdo Gonzalo. Va por Venezuela. Es bueno saberlo, es bueno saber que miras el proceso venezolano con simpatía. Aunque solo fuese por eso de terminar con las desregulaciones, las privatizaciones, la disminución del gasto público y la liberalización indiscriminada que hemos constatado en Chile durante veinte años, en una consolidación consciente de la herencia de la dictadura.

¿Irías hasta aprobar alguna nacionalización Gonzalo? ¿Una sola? Por ejemplo la nacionalización de la banca, cuyos servicios a la economía son más que discutibles, muy discutidos, incluso en los EEUU y en Inglaterra. Para utilizar los recursos financieros en beneficio de la producción, en vez de la especulación desenfrenada. No obstante, algo me dice que para apoyar tal medida presidir el Club de Madrid resulta algo incómodo. Habría que escoger entre los intereses de la banca española y los intereses del desarrollo económico de Chile.

Nacionalizar la banca pues, justamente, para “mantener niveles consistentes de inversión pública y de gasto social”, aun cuando personalmente prefiero hablar de “inversión social”, sin olvidar la redistribución del ingreso, único modo de vivir decentemente sin esperar la compasión que toma la forma de “bonos” distribuidos a la buena voluntad del gobernante de turno.

Por otra parte aumentar el gasto público es algo que merece consideración. Llegar a la media de los países de la OCDE pudiese ser un objetivo ambicioso. Gasto público -o inversión pública-, “financiados por impuestos y no mediante un déficit estructural e inflación”, eso se discute. Sobre todo cuando sabemos que en torno al 50% del presupuesto de la nación es financiado por el IVA, impuesto regresivo que afecta mayormente a los sectores más modestos.

Sin caer en la memez del superávit fiscal, o en la facilidad del déficit estructural (en los tiempos que corren nadie se inquieta de la inflación, sino más bien de la deflación), ya propusimos una profunda reforma tributaria en el marco, del programa de Jorge Arrate. Quienes defendieron el programa de Eduardo Frei, -tu candidato Gonzalo-, en los debates organizados por las universidades santiaguinas manifestaron su rechazo a tal reforma tributaria. ¿En qué quedamos?

Finalmente, hacer referencia a los estudios de la CEPAL para demostrar que las desigualdades en la distribución del ingreso en América Latina han disminuido, es una torpe manera de esconder que esas desigualdades se han agudizado en Chile. Fue Chile el país que contribuiste a gobernar Gonzalo. Chile, que a la hora en que escribo estas líneas sigue siendo lo que David Rothkopf llama “no un verdadero país sino un Club privado” en el que el 20% mas afortunado de la población concentra casi el 70% del ingreso. Incluyendo en esas familias la del señor Sebastián Piñera.

Tesis 5: Las estrategias de salida de la crisis deberán contemplar un doble desafío: en el corto plazo, mantener el estímulo de la demanda mediante políticas fiscales expansivas y déficits públicos que compensen la caída del consumo y la inversión; en el largo plazo, velar por la sostenibilidad de la deuda pública. Se trata de crear empleo en el corto plazo mediante estímulo fiscal y realizar acciones hoy que reduzcan el déficit más tarde, en particular fortaleciendo los sistemas tributarios y creando condiciones sustentables para los sistemas de pensiones y de salud, y en general para el gasto público. En ese doble desafío se juega el progreso, la estabilidad y el futuro democrático de América Latina, tan duramente conquistado.

¿En qué quedamos? ¿“Exceso de consumo” o consumo insuficiente? ¿Rechazo de los déficits, o utilización de los déficits públicos? ¿Reforma tributaria, para que paguen los, ricos, o “sostenibilidad de la deuda pública”?

Ya sé, ya sé. Los déficits pueden ser buenos, o pueden ser malos, e incluso todo lo contrario. Sobre todo cuando están bien “diseñados”.

Lo que no puedes evitar, Gonzalo, es anunciar en favor de quién vas a concebir la política económica, y en detrimento de qué sectores sociales. Ya puedes hacer esfuerzos de imaginación, no lograrás imaginar un Estado que satisfaga a la vez las necesidades cada vez más urgentes de la inmensa mayoría de la población y los apetitos cada vez más feroces de las multinacionales.

Hay que escoger de qué lado estamos. Con los beneficiarios del capitalismo, o con sus víctimas.

Pero la articulación politica de esta visión martneriana de la economía es una socialdemocracia cuya ambición no va más allá de ser, de seguir siendo, la asistente social del capitalismo depredador.

Para eso basta con fusionar lo que queda de PS, de PPD, de PRSD y de meísmo, adoptar la ambigua definición de “progresistas”, bautizar todo con el dulce apelativo de PPP, y ya está.

Nosotros, quienes optamos por situarnos del lado de los explotados, todos los que luchamos contra el legado institucional y económico de la dictadura -y de veinte años de Concertación-, tenemos Programa económico.

El que defendimos junto a Jorge Arrate, y que contamos seguir defendiendo hasta triunfar.

Luis CASADO
– Cannes (Francia), 23 de febrero, 2010

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