Ya no cabe duda. El gran tema económico del siglo 21 será la emergencia económica del mundo, bueno, emergente. Puesto que los mayores de ellos miran al Océano Pacífico, una consecuencia no menor puede ser que éste adquiera una importancia significativamente mayor.
El asunto se aclaró con la caída del muro de Berlín. Este acontecimiento histórico extraordinario reveló lo que había al otro lado. La izquierda tuvo que asumir de golpe y porrazo que el comunismo no andaba todavía por esos lados, aunque su fantasma sigue rondando por todas partes. La lucha contra el capitalismo habrá que continuarla más o menos como en tiempos de Marx y Engels, sin la esperanza luminosa que ya se estaba forjando su realidad. Sin embargo, las consecuencia para los grandes capitalistas del mundo desarrollado resultaron aún más duras: detrás del muro aparecieron competidores capitalistas de carne y hueso. Tan formidables, que a mediados del siglo los habrán superado, largamente.
Resultó que el modo de producción capitalista, dado por muerto y enterrado después de 1917, se encuentra todavía en plena adolescencia. Según NN.UU, exactamente la mitad de la humanidad continúa viviendo en el campo. Su migración multitudinaria, encaminada casi toda hacia las inmensas mega ciudades del sur, se completará en el medio siglo que viene. Esa gigantesca transformación social, la más grande de la historia, es lo que está creando los fundamentos para la emergencia potente de la parte del mundo donde vive la mayor parte de la humanidad... cuyas playas son bañadas en gran parte por el Océano Pacífico.
No digamos que la idea es nueva. A lo menos desde hace dos siglos, el Pacífico ha venido inspirando las visiones más alucinadas, en las mentalidades más diversas. Desde luego, los tipos con afanes conquistadores "se vuelan" con la idea. Sergio Onofre Jarpa, el viejo líder derechista chileno, escribía en su juventud en la revista filo nazi El Estanquero, que Lord Cochrane, "un hombre de se pensó y se hizo," había propuesto a O'Higgins la conquista de las Filipinas. Fiel a estas locuras, la dictadura de Pinochet y sus etílicos almirantes, hicieron grandes aspavientos con el engrandecimiento de Chile hacia el Pacífico. Algo de eso está detrás de la estupidez, popular entre la Neoliberal burguesía chilena, de zafar a Chile del mal vecindario de América Latina y dejarlo flotar hacia el Pacífico.
Sin embargo, estas ideas estrafalarias de gente tan mal inspirada no debieran obscurecer al resto aquello de cierto que hay en el asunto. La visión más genial genial aparece en el número de febrero de 1850 de La Nueva Gaceta del Rhin, un periódico del que solo llegaron a publicarse seis números, editado por dos jóvenes alemanes que acababan de cumplir 30 años y tenían la cabeza llena eufórica de maravillosas y entusiastas visiones inspiradas por la llamada Primavera de los Pueblos, la sucesión de revoluciones que en pocas semanas de 1848 derribó a todos los gobiernos de Europa excepto el de Gran Bretaña.
Esto es lo que escribieron estos muchachos, que representaban lo más avanzado de la mentalidad de su época, a raíz del reciente descubrimiento del oro en California:
"Este hecho alumbrará resultados más grandiosos todavía que el descubrimiento de América. Una costa de treinta grados de latitud de largo, una de las más hermosas y feraces del mundo, hasta hoy poco menos que deshabitada, se convertirá ante nuestros ojos en un país rico y civilizado, densamente poblado por hombres de todas las razas, desde el yanqui hasta el chino, desde el negro y el indio al malayo, desde el criollo y el mestizo al europeo. El oro californiano se desparrama a raudales por toda América y por las costas asiáticas del Océano Pacífico, empujando a los pueblos bárbaros y ariscos a la corriente del comercio mundial, a la civilización. Por segunda vez se va a imprimir al comercio mundial una dirección nueva... Gracias al oro californiano y a la incansable energía del yanqui, las dos costas del Mar Pacífico se verán pronto pobladas y abiertas al comercio y a la industria, como lo están hoy las costas del Atlántico, desde Boston hasta Nueva Orleans. Ese día, el Océano Pacífico representará la misma misión que hoy representa el Atlántico y que en la Antigüedad y en la Edad Media representó el Mediterráneo, será la gran ruta marítima del comercio mundial, y el Océano Atlántico quedará reducido a la importancia de un mar interior, como el Mediterráneo hoy. La única salida que tienen los países europeos civilizados para no caer, cuando ese día llegue, en la misma postración industrial, comercial y política en que al presente se hallan Italia, España y Portugal, está en una revolución social que sepa transformar a tiempo el régimen de producción y de intercambio con arreglo a las necesidades de la propia producción, tal como se desprenden de las modernas fuerzas productivas, facilitando así el alumbramiento de fuerzas nuevas que garanticen la superioridad de la industria europea y compensen los inconvenientes de su situación geográfica."
El sol de América Latina marcha hacia el Pacífico.
Manuel Riesco
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