Entrevista
2008-03-02

"Mi planteamiento es que es preciso construir un nuevo pacto democrático y popular, amplio, inclusivo"
Conversando de “Unir fuerzas” con Jorge Arrate, precandidato socialista

Por Leopoldo Lavín Mujica
"El PS requiere lo que he llamado una “revolución orgánica” que cierre una etapa de ejercicio elitista de la política partidaria. En segundo término, debe definirse claramente por el cambio de Constitución y de modelo económico ... Mi planteamiento es que es preciso construir un nuevo pacto democrático y popular, amplio, inclusivo. Política y socialmente inclusivo. Creo que la Concertación está desgastada y que cumplió un ciclo."
Jorge Arrate.


Otra entrevista de Leopoldo Lavín Mujica a Jorge Arrate

"... creo que los grandes objetivos de esta fase son romper la exclusión, reconstruir un actor de izquierda decisivo que hoy no existe como tal y establecer un eje más progresista para el debate nacional"
Entrevistando a Jorge Arrate: acerca de la crisis del PS, de la candidatura de la Izquierda y de las primarias

Leopoldo Lavín: Jorge, su precandidatura ha despertado un inmenso interés y sobretodo esperanzas en toda la galaxia de izquierda. ¿Está Ud. dispuesto a ponerse al servicio de una alternativa de cambio levantando una plataforma de reformas democráticas reales en beneficio de las grandes mayorías que desarticule tanto el modelo neoliberal como el régimen político, y en qué plazos? Las municipales están muy encima, pero el 2009 debiera ser la fecha culmine …

Jorge Arrate: La Concertación está “cansada”, dije el otro día en la TV y lo he repetido. Contrariamente a lo que algunos piensan, la Concertación ha hecho un aporte significativo a la reconstrucción de la democracia y a la estabilidad económica. Pero la democracia no es plena, sino incompleta. Y la estabilidad ha sido acompañada de desigualdades ofensivas y crecientes (en términos absolutos). Dicho de otro modo: la Concertación está aún lejos de las metas de sus programas de cuatro elecciones presidenciales. Su promesa ha sido cumplida parcialmente. El tema es cómo avanzar hacia un mucho más alto grado de cumplimiento. Para ello hay que unir fuerzas. Creo que la Concertación tiene que ser capaz de ponerse en cuestión a sí misma y abrir un diálogo social y político muy amplio y franco que haga posible el surgimiento de un nuevo pacto popular y democrático. Pudiera ser que los tiempos de un nuevo proyecto sean más largos, pero es preciso instalar un horizonte, una propuesta política transformadora que aglutine fuerzas suficientes para realizar lo que no se pudo hacer e incorporar nuevos desafíos. Hay que ir paso a paso definiendo cómo. Para esa tarea estoy y estaré disponible.

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L.L: Los casos de corrupción o de “relajo” en este Gobierno ya son demasiados (EFE, Chiledeportes, Seremi, Codelco etc.) y son cada vez más los políticos y funcionarios concertacionistas acusados o bajo sospecha de tener las manos sucias … por supuesto que se le da flanco a la ultraderaderecha aliancista para que saque provecho de manera oportunista…

J.A. El uso ineficaz o descuidado de recursos públicos es, evidentemente, un hecho grave. La corrupción, por otra parte, es un delito tipificado penalmente, que juzgan los tribunales y que está protegido por la presunción de inocencia. En el caso de las subvenciones educacionales entiendo que, al menos hasta ahora, se trata de lo primero pero que no hay antecedentes para hablar de un caso de corrupción. No pretendo defender al SEREMI por ser compañero de mi Partido, sino de precisar los términos. Una cosa es ineficiencia, otra es corrupción. La derecha tiene un control casi total de los medios. Sus principales caballos fina sangre son la delincuencia y la corrupción. Para el primero, recomienda construir más cárceles e ignora toda contextualización social del fenómeno. Para el segundo, echa todo en un mismo saco, crucifica y juzga en los medios antes que los tribunales y enloda a todos sus adversarios. Me inquieta mucho la suerte de indefensión del gobierno y de la Concertación. Al final terminan bailando al son que la derecha les toca. El tema de la corrupción no terminará y podría ser bueno que así sea si no fuera un mezquino recurso político y, en cambio, abordara la corrupción en su real perspectiva.

Hay áreas que son de responsabilidad pública y que han sido delegadas en privados que reciben subsidio del Estado: las escuelas y liceos privados, muchas e importantes Universidades privadas, el sistema de pensiones administrado por las AFP (el Estado paga los bonos de reconocimiento y las pensiones básicas). La atención de los accidentes del trabajo está a cargo de las Mutuales de Seguridad, los servicios de bienestar de muchos trabajadores de las Cajas de Compensación. Ambas son controladas por la Superintendencia de Seguridad Social que tiene escasos fiscalizadores. O las ISAPRES que también son controladas por una Superintendencia. Hablo de funciones públicas delegadas en los privados, pero que deben ser examinadas con la misma lupa que lo público-público. Es lo “privado por delegación de funciones públicas”, por llamarlo de algún modo.

Estas instituciones se manejan con una liberalidad excesiva. Deben ser adecuadamente fiscalizadas. Podría extenderme señalando casos en que esa liberalidad perjudica a sus usuarios o beneficiarios.

En todas partes hay corrupción y hay que perseguirla. Y tipificar también formas de corrupción política: por ejemplo, ser alto dirigente de un partido y en paralelo presidente de una empresa que licita con el Estado, o trasladarse velozmente del Estado a directorios privados de empresas con las que ha habido relación como funcionario público. Ambos casos han existido en el PS.

L.L. ¿Qué balance haría de los dos años de gobierno bajo la conducción Bachelet?

J.M. Leopoldo, el actual gobierno ha cometido errores y no pretendo dejarlos de lado. Para mí lo más serio ha sido la delegación del manejo del área económico-financiera en personas calificadas pero con visiones conservadoras y falta de audacia. Sin embargo, pienso que la Presidenta Bachelet ha hecho un intento honesto por producir un giro en el cuadro político chileno, para terminar con la exclusión y reestablecer los deteriorados lazos entre la política y la ciudadanía. El gabinete paritario, la renovación de los grupos dirigentes, la reposición del valor de la voluntad popular expresada en la institución del plebiscito y el concepto de "gobierno ciudadano" debieron ser poderosos instrumentos para promover este giro. Desafortunadamente los partidos de la Concertación no estuvieron a la altura del desafío. Otra sería la situación si la visión participativa, abierta y ciudadana que enarboló Bachelet hubiera sido puesta en práctica por los partidos. El resultado es que la vieja política ha impuesto sus protocolos.

L.L. ¿Y cómo van a abordar los sectores críticos del socialismo el próximo Congreso del Partido? ¿Presentarán ya una especie de programa movilizador y un llamado unitario al resto de la izquierda extraparlamentaria a participar en una dinámica de debate para afinarlo incorporando a movimientos sociales?

J.A.
Mi planteamiento es que es preciso construir un nuevo pacto democrático y popular, amplio, inclusivo. Política y socialmente inclusivo. Creo que la Concertación está desgastada y que cumplió un ciclo. Se trata de iniciar uno nuevo en que los grandes objetivos sean aquellos que desde la Concertación no hemos podido realizar. Le reitero: tenemos una deuda, promesas que no pudimos cumplir. La Concertación debe reconocerlo, declararse dispuesta a un diálogo social y político sin exclusiones para que de allí emerja un programa para esta nueva etapa.

Se trata, efectivamente, de dar un vuelco. Sólo así se ganará en credibilidad y podrá intentarse un acuerdo, eventualmente con niveles diferenciados de compromiso, que convoque a tres componentes: el pueblo concertacionista que ha apoyado a la actual coalición, el pueblo de la izquierda excluida del sistema político y la ciudadanía que no se ejerce, es decir, los que anulan, votan en blanco o no se inscriben como expresión de protesta.

Si esta alternativa no se viabiliza, habrá que considerar, en su momento, las otras opciones para iniciar la construcción de una fuerza coaligada que proponga el inicio de este nuevo ciclo.

L.L. Pero, ¿No se trata más bien de proceder a una ruptura dentro de una Concertación que no cuestiona el régimen político y el sistema social basado en "el poder de la riqueza y de la cuna", tal cual lo expresa el filósofo Jacques Rancière en su crítica a las democracias liberales y elitistas? ¿No habría que comenzar en el Congreso que se viene por el rearme intelectual del PS; separar aguas entre las fuerzas liberales y promercadistas dentro del PS de las democráticas, antineoliberales y populares para más tarde, o al mismo tiempo, arrimarse con un esbozo o propuesta de programa unitario a la izquierda no concertacionista?

J.A. El PS requiere lo que he llamado una “revolución orgánica” que cierre una etapa de ejercicio elitista de la política partidaria. En segundo término, debe definirse claramente por el cambio de Constitución y de modelo económico.

Al mismo tiempo, el PS debe decirle al país cómo y con quienes quiere llevar adelante su programa futuro. Esto es clave. Todos los Congresos aprueban textos llenos de retórica que después son letra muerta. Para que se conviertan en acción hay que crear los instrumentos que viabilicen luchar por esos objetivos. Estoy convencido que ese instrumento es el nuevo pacto democrático y popular del que le hablo. Y también estoy convencido que una reconstrucción de entendimientos entre el PS y la izquierda no parlamentaria es clave para lograr la gran amplitud que postulo.

L.L. ¿En qué áreas se imponen cambios fundamentales?

J.A. Hace veinte años la Concertación prometió “una patria para todos”. Elaboramos un Programa que, si lo leemos hoy, nos revela que una parte importante de esa promesa no se ha cumplido. Mi opinión, dura pero sincera, es que la Concertación ha ido perdiendo fuerza, mística, decisión y que se ha sumido en un mar de autoalabanzas. Entiendo que hayamos debido negociar muchas cosas, pero no entiendo que eso sea una virtud. La entiendo como necesidad. Y, entonces, es un deber preguntarse: ¿qué hemos hecho para superar las limitaciones que nos han obligado a mutilar el Programa? No ha habido voluntad de la Concertación para incluir, para incorporar a los sectores excluidos, para no conformarse con el hecho que aproximadamente un 50% del universo ciudadano no participa de esta democracia incompleta.

Por eso postulo un nuevo pacto social y político, más amplio, sin exclusiones. Derechamente, se trata de superar la Concertación sin perder el alma del 5 de octubre de 1988, aquel espíritu que permitió elaborar el programa de 1989.

Entonces, yo parto de un mínimo: proponerse realmente cumplir el Programa de 1989. A eso agregaría muchas cosas, porque han pasado veinte años, ha cambiado el mundo y también Chile. Pero creo que hay que hacerlo en un ejercicio colectivo, participativo. Yo no ofrezco más que un programa mínimo. Hay que construir uno que vaya más allá de esos mínimos y que sea realista y creíble. Hay dos materias que, sin embargo, no puedo dejar de mencionar ahora: debemos definir cómo haremos para tener una nueva Constitución discutida y aprobada democráticamente. Y tenemos que precisar una propuesta para defender nuestro patrimonio, nuestras riquezas básicas, el cobre la principal.

L.L. ¿Qué estrategia para una segunda vuelta? .... ella tiene que ser clara desde el comienzo ....

J.A. Es posible que Ud. tenga razón y que deba ser clara desde el inicio. Pero la naturaleza del juego determina la posibilidad de anticipación. En el ajedrez, que es el símil que más me gusta, Ud. no puede imaginar, si tiene gran capacidad, más de seis o siete jugadas anticipadas. La partida está empezando.

L.L. Jorge, vuelvo a la carga, si me permite un gran paréntesis … las experiencias de izquierda parlamentarias actuales que se asemejan algo a la nuestra (la alemana del Linkpartei y la holandesa), con fuerte presencia en el electorado, se han construido a partir de escisiones de partidos socialdemócratas neoliberalizados que junto con otros sectores de izquierda han construido coaliciones sobre bases programáticas de gran arrastre electoral (PC e izquierdas). Ud ha estado concitando apoyos amplios, por lo tanto vale la pregunta ¿Está dispuesto a llegar hasta el final con una candidatura de izquierda aún si la mesa actual del PS (los Schilling, Escalona, Solari, Viera Gallo y Cia.) logran imponer a Insulza o Lagos como el candidato del PS y si la Concertación lleva a uno de éstos o a Alvear? Teniendo claro que si va en candidatura de fuerzas de izquierda unitaria (hasta el final) Ud. podría obtener en primera vuelta entre un 15 a un 25% de los votos. Pareciera que la primera tarea es crear un gran movimiento de inscripción de sectores afines y sensibles a votar por la alternativa de izquierda, con grupos de militantes que asumen la tarea en todos los rincones , si la ley no cambia. Para después negociar, en una segunda vuelta, en posición de fuerza, un apoyo a Ud. o a otro concertacionista oficial un programa con medidas antineoliberales, democráticas y populares. Esto último con el objetivo de detener a la derecha. Por lo mismo, la batería de argumentos de la izquierda (que Ud. representaría, no veo a nadie más con su envergadura intelectual y de político probo) debe ser imparable para impedir que otros llamen a votar nulo en el caso de que Ud. no sea el candidato del pacto de la Concertación con las otras fuerzas (PC, PH, IC y otros grupos y movimientos sociales).

J.A. Leopoldo, es difícil responder este tipo de preguntas. No porque no quiera, sino porque no sé cómo evolucionarán las circunstancias. Son muchos los actores, los entornos son cambiantes. Sin embargo puedo afirmar con claridad: no estoy levantado bandera para negociar algo para mí. Además, mantendré la bandera en alto mientras no sea derrotado políticamente o electoralmente en alguna primaria honesta a la que previamente me comprometa. Y, con buen humor, le formulo una corrección: no descarte que podamos llegar a la segunda vuelta…

L.L. Por qué la izquierda tendría que confiar en un político con sus características ... promotor de la renovación socialista que derivó en desarme intelectual del PS, ex ministro de gobierno y secretario general del PS ... Hay una evolución teórica de vuestra parte, ¿Cuál …?

J.A. Leopoldo, estas alturas de mi vida percibo con claridad absoluta que mis aciertos conviven con mis errores. Siempre que leo un viejo texto mío encuentro palabras que cambiaría, partes que reescribiría, cosas que expresaría de otro modo. Me pasa lo mismo cuando pienso en mi vida política. Creo que es así para todos los que tienen un elemental sentido crítico, aplicable por cierto a ellos mismos. Ahora, uno actúa en contextos. Todos los actos deben situarse en su momento histórico y en sus circunstancias. Ellos no necesariamente justifican porque, más allá del contexto está la capacidad personal, la firmeza, la convicción, la honorabilidad.

Bueno, creo que hubo cosas que hice bien, otras que pude hacer mejor y otras en que me equivoqué. Traté en mi vida política de no poner mis intereses personales por delante de ciertos principios. En todo caso, pienso que no me equivoqué en los episodios que Ud. señala. La renovación que yo impulsé fue siempre “renovación y rescate” (título de mi primer libro de 1981) y renovación de la izquierda (título de un texto mío de 1980), no sólo de los socialistas. He escrito libros y columnas sobre la cuestión y no voy a repetir mi visión aquí. Sólo lo invito a hacer la distinción que he hecho explícita entre la “renovación”, la “post renovación” y la “ultra renovación”… Me responsabilizo de la primera. Lo demás ha sido harina de otro costal.

Fui partidario que el Partido Socialista participara en el gobierno de la transición y formé parte de ese proceso. No me arrepiento. ¿Cómo hubiera sido posible la “transición”, aún negociada, lenta, incompleta, sin el Partido Socialista? En todos esos años intenté exponer siempre mis puntos de vista donde me correspondía hacerlo y durante un largo tiempo no correspondía que lo hiciera por la prensa. Siempre lo hice en mis espacios de trabajo gubernamental, aunque, a lo mejor, no siempre con toda la fuerza con que debía. En ese proceso aprendí mucho de la transición y sus complejidades, de la política y el poder, de las complicidades y las debilidades, de la prudencia y de la audacia. Cuando hablo ahora de la democracia incompleta y del aumento de las desigualdades absolutas entre los chilenos, hablo con pleno conocimiento de causa de qué se hizo bien y qué se hizo mal. La mía es una crítica y una autocrítica fundadas.

Mis ideas han ido, naturalmente, evolucionando. Como todo. Pero sigo mirando el mundo por la misma ventana por la que me asomé primeramente: los análisis de Marx. Creo que enriquecí mucho esa perspectiva con mis lecturas de Gramsci. Mis planteos sobre la “renovación” tuvieron una fuerte influencia de Gramsci y del “eurocomunismo”, en particular el italiano. Soy de los años sesenta y por tanto crecí políticamente al calor del impacto de la Revolución Cubana. Trabajé muy cerca de Allende y, por tanto, tuve la esperanza de un tránsito no violento al socialismo. Esa generación tuvo influencias no coincidentes, pero fue capaz de sintetizarlas. Me ha enriquecido la visión de corrientes no marxistas, entre otras las perspectivas de Foucault y sus seguidores. En fin, aunque Ud. se ría, todavía me estoy “formando”…

Nunca he negado ser lo que soy, siempre me he considerado de izquierda, socialista, allendista. Los temas que ahora planteo han estado siempre presentes en mis escritos, desde hace treinta años. No son un invento de última hora.

No le pido a nadie que sólo confíe. Me parece bien que desconfíe, pero que también confíe. Considero válido que me observen, me supervigilen, me critiquen, me interpelen. Pero también es preciso confiar. Una razón es porque para construir algo nuevo hay que confiar y arriesgarse. ¿O no? La segunda es porque ningún otro precandidato ha planteado las bases de un nuevo proyecto político, para un nuevo ciclo, que signifique un vuelco a la actual situación. La tercera es porque la empresa que he asumido es muy difícil y muchos auguran que no tendrá éxito.

Sin embargo, hay una buena noticia: son cada día más los que me dicen que sí, que creen que es posible y que podemos ganar.
____________

Jorge Arrate Mac Niven es académico, fue ministro y presidente del Partido Socialista.
Leopoldo Lavín Mujica, profesor del Département de philosophie, Collège de Limoilou, Québec (Canadá).
Colaborador de www.g80.cl

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