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Columna G80: Carla Amtmann : Una salida a la crisis
Columnas
2015-07-07
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Carla Amtmann
publicado en Tendencia Nacional Nº 12 Fundación CREA

Una salida a la crisis

Es primordial organizar las fuerzas de cambio en torno a una salida a la crisis. Esta frase inicial, presupone varias afirmaciones, todas ellas abiertas al más amplio debate y cuestionamiento. La primera, es que hay una crisis en Chile. La segunda, es que ésta tiene varias posibilidades de salida y/o resolución. La tercera, es que las fuerzas de cambio algún margen de maniobra tienen en este complejo escenario.

A continuación profundizaremos sobre cada uno de esos elementos esperando aportar a la discusión en relación a la pregunta sobre el qué hacer, pero –hoy por hoy y con mayor premura– sobre el cómo hacerlo.

Ciclo Político y la Crisis de Legitimidad

Desde mediados del año 2011 múltiples análisis de los cuales nos hicimos parte –y nos vimos también representados– levantaron la tesis de la existencia de un Nuevo Ciclo político en Chile abierto el año 2006, el cual estaría caracterizado por la irrupción de un nuevo sujeto en la escena nacional –las masas movilizadas–, el resquebrajamiento del sentido común neoliberal y la reconfiguración de todas las fuerzas políticas. Pero fue el año 2013 donde la tesis del nuevo ciclo se pone en debate al ser acuñada por la naciente Nueva Mayoría, ahora como una estratagema comunicacional para anunciar que de la mano del retorno de Michelle Bachelet a Chile, comenzaba la construcción de un país distinto, pero totalmente alejado del significado profundamente transformador que desplegaba el movimiento de protesta al calor del ciclo de movilizaciones1.

Pero el Nuevo Ciclo ya estaba abierto y no precisamente de la mano de la elite política, y ésta tuvo que buscar su reinvención para poder surfear la difícil ola que se levantaba. La Nueva Mayoría fue eso: la mejor respuesta que los sectores de la élite empresarial y política en Chile pudieron encontrar para retomar el control y la conducción en este nuevo escenario nacional2.

Un espacio de Gobierno inicialmente tensionado en base a un programa lleno de anuncios pero carente de una hoja de contenidos clara, terminó tal como se vislumbró desde la primera de las tres reformas claves: subyugado a la “cocina” de los poderes fácticos. Desde la Reforma Tributaria al emblemático cambio de Gabinete3. la Nueva Mayoría quedó desnuda frente al país y las posibilidades de tensionar desde dentro por la que apostaron sectores como el Partido Comunista, o incidir desde fuera como señalaron los sectores de Revolución Democrática y el Partido Progresista, quedaron como intentos infructuosos.

Pero hasta aquí era un guion predecible y conocido. Lo que nadie esperaba, era que se desatara una crisis de legitimidad de la envergadura de la que estamos atravesando. Desde lo que en un comienzo fue sólo el caso PENTA –visto por la coalición gobernante como la posibilidad de dar el golpe de gracia a la derecha tradicional– terminó a través del caso SQM, abarcando a una parte más que importante de los partidos, sus parlamentarios y dirigentes, con altos niveles de involucramiento de la misma Nueva Mayoría, develando los vínculos directos entre el gran empresariado y la política nacional4.

Michelle Bachelet había sido entonces la salvadora de la élite en un momento de abierto cuestionamiento a la política y modelo imperante y, como el santo grial, era el símbolo que más debían proteger para mantenerse a flote durante este periodo. No obstante, el caso Caval y lo ligado a la precampaña, Martelli y Peñailillo, terminaron por cerrar toda posibilidad de mantener dicho blindaje. La política del “paso” y el “yo no sabía” dejó de dar resultados. Desde ese entonces hasta hoy, ninguno de los intentos por recuperarse de la crisis ha sido efectivo. Y han intentado de todo: declaración conjunta desde el PC hasta la UDI, agenda legislativa de “probidad, transparencia y financiamiento de la política”, cambio de Gabinete, participación en cadenas nacionales y programas televisivos, hasta selfies con los ídolos futboleros del momento. Pero las cifras de aprobación al Gobierno, coaliciones e instituciones han seguido en picada.

Si a este escenario le agregamos la existencia de una potencial crisis económica con claras cifras recesivas, más todos los problemas estructurantes y permanentes de la vida de los chilenos y chilenas, el descontento generalizado sin lugar a dudas ha ido en aumento.

No obstante, no han existido expresiones que impliquen una manifestación radical y masiva de dicho descontento de manera colectiva. Las movilizaciones durante este periodo han estado marcadas por el guión esperado: movilizaciones estudiantiles, de profesores, manifestaciones de trabajadores y huelgas importantes en algunos sectores claves a nivel nacional. Sin restarles la importancia y fuerza que estas han tenido –al contrario–, lo que aun ha sido imposible de articular o agitar como manifestación real, es el descontento popular generalizado que impera pero que al parecer, se vive aún de manera individual, con desesperanza y resignación.

Frente a este escenario nos parece clave, por una parte, articularse en torno al problema de fondo que durante este periodo es posible y urgente atacar y cambiar, y por otra, el identificar las formas a través de las cuales será posible que de la desesperanza y resignación, se salte a la voluntad de manifestación y organización colectiva.

La Desconcentración económica y política

Se ha intentado durante estos meses, que prime en el debate público la idea de la necesidad de regular la relación entre el “dinero” y la “política”, como a su vez el financiamiento de los partidos y las elecciones, considerando en base a ello que ha sido ese el principal problema que hoy por hoy tendría al país sumido en estos casos de corrupción, habiendo sido casi “inevitable” desplegarse en la política de otra manera que no fuera a través de estas prácticas fraudulentas y que por lo demás, todos –o por lo menos casi todos– lo habrían hecho. Así, las propuestas de perdonazos generalizados y acuerdos amplios se trasforma en el deseo culpable de toda la elite política.

Deseo culpable, porque quien lo dice públicamente recibe rápidamente la opinión lapidaria de los espectadores de la política nacional. Ellos lo saben, y aunque quisieran, no es posible en este escenario de descontento llegar a acuerdos al estilo MOP-Gate que tanto desearían.

Los discursos sobre la necesidad de regulaciones y de la “inmoralidad o errores” cometidos por la elite política imperante, parten del principio que el problema está en los actores del escenario de lo público y de las normativas que les trazaron los marcos de acción, y no en la institucionalidad conjunta y las condiciones estructurantes del modelo. Por ende, en otras palabras, el problema no está en el modelo sino solo en algunos de sus rasgos negativos.

Perdernos en ese debate, implica la complicidad con las apariencias que esconden el estatus quo imperante, ante un momento histórico donde “el rey está desnudo”, y por ende, donde lo que se permite es el develamiento delas razones de fondo, de las verdaderas explicaciones del Chile actual.

Entonces, el problema está en el modelo. Pero ¿Qué significa aquello?

Es aquí que afirmamos sin dudas –y probablemente en bastante sintonía con múltiples sectores y fuerzas transformadoras– que el problema central que explica la seguidilla de escándalos y parte importante de las injusticias y abusos actualmente imperantes, es la profunda concentración económica y política existente a nivel nacional.6

Chile cuenta con un importante número de multimillonarios a pesar del pequeño tamaño de su población y geografía, es uno de los países más desiguales a nivel mundial, donde todas las actividades nacionales estratégicas se encuentran bajo el control de un puñado de grupos económicos.

Si a esta realidad le agregamos el hecho que el ejercicio democrático está concentrado sólo en el acto de elección de los representantes, que no existen mecanismos de control ciudadano, que hemos enfrentado una profunda jibarización del espacio público, y una centralización en la toma de decisiones y en la administración de las instituciones, el panorama de este Chile neoliberal aparece claro: el control de todos sus espacios radica en la mano de una la elite política y económica, cuyo problema no es –sólo– que haya faltado a la moral y buenas costumbres, sino por sobre todo que ha actuado tal como las condiciones materiales del país le permiten y exigen para su auto-reproducción como bloque gobernante.

Frente a ello, un programa de cambios profundos para este periodo es claro, y debe estar marcado por la búsqueda de la desconcentración de la economía nacional y del ejercicio de toma de decisiones. En definitiva, arrebatar poder por la democracia y soberanía de un Nuevo Chile.

Es en esta línea que un programa nacional ha de apuntar en términos económicos a la nacionalización de las actividades estratégicas y los recursos naturales, al incentivo de pequeñas empresas y a importantes cargas impositivas a la riqueza. Combatir la concentración económica es el primer paso para poder así avanzar de manera real, en transformaciones de fondo que garanticen derechos sociales y mejoras en las condiciones de vida. En términos políticos, es fundamental hacer una reestructuración profunda al Estado, no sólo fortaleciéndolo sino que por sobretodo desprivatizando y descentralizando la ejecución de las políticas públicas, y junto con ello, se han de establecer mecanismos de elección, participación y control popular a los cargos de representación que actúen de manera efectiva.

Es en este marco que la lucha por una Asamblea Constituyente cobra sentido, como un momento en el cual se puede refundar un marco regulatorio que permita garantizar la democracia y soberanía. No obstante, el anuncio de un decálogo programático o del mejor mecanismo no soluciona ni un ápice el problema de fondo por el que atraviesa ahora, no sólo Chile, sino que por sobre todo, sus fuerzas de cambio. Y el escenario aquí se torna un poco desolador. Están las condiciones de crisis de la elite y el descontento social, pero no están las o la alternativa.

Más allá del problema de la Tercera Fuerza y la Unidad

Durante estos últimos años hemos estado marcados por el debate –de las fuerzas antineoliberales y anticapitalistas– sobre el problema de una unidad y la necesidad de la construcción de una tercera fuerza a nivel nacional. Lo que empujaba esto es más que claro: el vacío político con el giro definitivo del Partido Comunista, la balcanización de las alternativas electorales de las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias, la fuerza de las movilizaciones y el avance de diversos sectores en la conducción de organizaciones de representación gremial y/o de masas, la existencia de liderazgos públicos fuera del duopolio con posibilidad de incidencia en la opinión pública, y todas las claras condiciones que se producen ante la existencia de una crisis de legitimidad como la que atraviesa el sistema político actual.

Pero la conclusión de ello, parecía siempre bastante clara: hay que construir una tercera fuerza y hay que unirse. Por lo tanto, el principal problema no está en dicha interrogante, ya que son más bien las preguntas difíciles las que debieran marcarnos la pauta. ¿Qué entendemos por alternativa? ¿Cómo logramos construir esa fuerza? ¿En qué términos y a través de qué procesos se da la unidad? Por aquí va el debate de estos meses.

Ante ello, y debido al espacio y objetivo de este artículo, sólo haremos mención a algunas líneas que iremos desarrollando con mayor profundidad en otros documentos.

Primero que todo, es importante constatar que los impulsos sociales que abrieron el nuevo ciclo se están agotando, y la movilización social si en algún momento fue lo que se esperaba lograr, hoy por hoy con toda su importancia, tiene límites que no permiten abordar de manera global las problemáticas y descontentos que superan lo sectorial. Si hoy el cuestionamiento es al sistema de abuso en su conjunto, las respuestas que se requieren son globales y no parceladas. Por eso, es más urgente hoy que ayer la existencia de alternativas.

En segundo lugar, dos premisas que nos parecen claves. Por una parte, que lo central durante este período no está en el anuncio d la creación o existencia de una nueva fuerza, sino que en la construcción de está en base a un claro enraizamiento popular a nivel territorial y sectorial. Y en segundo lugar, que esta construcción debe hacerse al alero de la lucha por un programa de desconcentración, que no es más que la lucha por aperturas democráticas y por la recuperación de la soberanía nacional.

Una tercera fuerza en Chile no se podrá construir por la unidad de los espacios preexistentes, sino se pasa primero por el arduo proceso de enraizamiento de fuerza militante y de ideas en una franja social más amplia dela que actualmente se posee. Junto con ello además, una tercera fuerza será la articulación –no fusión– de múltiples expresiones antineoliberales y anticapitalistas, y por tanto la madurez de este momento ha de hacernos ver que debemos construir esas franjas de alternativa y una clara inserción social.

Una tercera fuerza para ser alternativa, debe por tanto no sólo lograr tener expresión electoral sino que, por sobretodo, debe lograr recuperar el sentido de militancia social que la privatización de la política nos ha arrebatado, debe ser capaz de transformar el descontento en organización, y la desesperanza en voluntad de cambio y lucha. Por ende, una tercera fuerza no requiere mera clientela electoral votante de un programa, sino que debe ser activismo social organizado. Y esto no es tarea sencilla.

El desenlace

Habrá un desenlace de este nuevo ciclo y entre más temprano se realice menos favorable será para las fuerzas de cambio. Una salida a la crisis puede implicar la apertura de un ciclo de reformas democráticas y de una batalla por la soberanía nacional, no obstante eso depende fundamentalmente de las condiciones subjetivas que las fuerzas de cambio logren fraguar en estos años. Otra salida, hoy mucho más peligrosa, es el retorno de un partido del orden, de la fuerza de los hechos y del cierre de las grietas abiertas y la represión de los nuevos sujetos configurados.

Lo que sí es una certeza, es que la salida sea cual sea nos exige mirar más allá de los ritmos y años electorales, y nos obliga poner la mirada en la forma de construcción para lograr combatir en el campo de batalla que nos corresponde: las mentes y corazones de quienes parirán un nuevo Chile.

Notas

1. Para abordar con mayores detalles este punto en particular ver Amtmann, C. (2015). “El gobierno de la Nueva Mayoría: el nuevo ciclo y la restauración”. Revista Manifiesto XXI, Año I, Número 1, Primer Semestre. Ed. Andes, Santiago de Chile. Disponible en: http://www.manifiestoxxi.cl/web/?p=117
 
2. Hemos abordado la caracterización de la Nueva Mayoría en múltiples reflexiones, recomendamos para profundizar en esta idea: Cabrera, A. “¿Es la Nueva Mayoría idónea para llevar a cabo las transformaciones estructurales que Chile necesita?”,El Mostrador, 30 de diciembre de 2014. Disponible en: http://www.fundacioncrea.cl/es-la-nuevamayoria-el-organismo-politico-idoneo-para-llevarcabo-las-transformaciones-estructurales-que-chileanhela-y-necesita/; Vitta, I. “¿Mayoría política y social para cambios estructurales o coalición gatopardista para aggiornar el capitalismo neoliberal?” Rebelión, 6 de Abril de 2015.Disponible en: http://www.fundacioncrea.cl/opinion-mayoria-politica-ysocial-para-cambios-estructurales-o-coaliciongatopardista-para-aggiornar-el-capitalismoneoliberal/
 
3. Sobre el significado del cambio de Gabinete véase: VITTA, I. “¿Qué cambió con el cambio de Gabinete?”. Tendencia Nacional N ° 11, junio de 2015. Disponible en: http://www.fundacioncrea.cl/publicaciones/tendencia-nacional-n11/
 
4. Sin lugar a dudas los casos de corrupción desatados el segundo semestre del año 2014 y que hasta la fecha han llevado a empresarios y políticos a Tribunales, ha sido el tema que más ha suscitado opinión y debate. Al respecto hay varios análisis desarrollados, recomendamos leer Tendencia Nacional N°9 del mes de abril, dedicada de manera completa a los casos de corrupción a nivel nacional. Disponible en: http://www.fundacioncrea.cl/publicaciones/tendencianacional-n9/

Carla Amtmann, publicado en Tendencia Nacional Nº 12 Fundación CREA


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