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Columna G80: Guillermo Rodríguez M : Ponencia en Foro - Debate ''Violencia y represión en el Chile de hoy''
Columnas
2009-06-24
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Guillermo Rodríguez M
especial para G80

Ponencia en Foro - Debate ''Violencia y represión en el Chile de hoy''

USACH. ESTUDIANTES DE HISTORIA. JUNIO 23 DEL 2009

Buenas tardes a todas y todos.

Quisiera agradecer, al inicio de estas palabras, la invitación que me han hecho los estudiantes de historia de esta universidad para participar en este foro que, bajo el titulo “Violencia y represión en el Chile de hoy” y en esta mesa especifica, trata de reflexionar sobre las respuestas del mundo popular al sistema de dominación, el por qué son reprimidas con violencia y terrorismo de Estado algunas de ellas y la existencia o no de discursos alternativos a la sociedad dominante.  

Felicito a los organizadores de este foro, porque este tema es central en la discusión de las organizaciones sociales y de la  izquierda que en estos tiempos se ha dado en llamar “inquieta”, “desconfiada”  “antisistemica” y que a mi juicio no es más ni menos que la izquierda revolucionaria dispersa, fragmentada y en proceso de búsqueda de estrategia y de táctica, en definitiva de política, que le permita reorganizar y rearmar política, ideológicamente y materialmente  al pueblo consciente como fuerza social revolucionaria.

De todos es conocido que en el campo popular existen diversos tipos de fuerzas que rechazan el sistema capitalista chileno y que plantean opciones de lucha diversas. Existen concepciones gradualistas que plantean la transformación del Estado y del sistema “desde dentro”, existe el reformismo que plantea la lucha por reformas graduales al sistema conquistando espacios cada vez mayores, existen fuerzas que plantean marginarse de éste construyendo un sistema de vida, de economía y de participación a través de comunidades con formas de vida alternativas, existen los que sostienen la lucha sólo desde el ámbito social refutando o negando la existencia de partidos políticos, aún los de carácter revolucionario, así como también existen quienes sostienen la necesidad de luchar pero sin usar métodos violentos, finalmente también existen concepciones de lucha que reducen el problema a la “voluntad” de una vanguardia armada que inicia la lucha frontal y que va creciendo en virtud de sus acciones “despertando” a un pueblo dormido.

Me reconozco como parte de una izquierda revolucionaria histórica, que recoge el legado de Recabarren de trabajar en el seno de los trabajadores desarrollando organización y conciencia, de esa que recoge el legado de Clotario Blest quien aporto mucho a  la organización de los trabajadores y proclamó a la CUT como organización  para luchar no sólo por reivindicaciones sino para derribar al capitalismo, de esa corriente histórica que recoge el legado de Miguel Enríquez que reagrupó fuerzas revolucionarias dispersas y que levantó no solo la consigna del Pueblo, Conciencia y Fusil sino que también un programa del pueblo y desarrolló la fuerza social revolucionaria ejerciendo Poder Popular. Me reconozco parte de una generación que enfrentó a la dictadura, no para reemplazarla por el actual sistema que enriquece más a las clases dominantes y ahonda la brecha entre pobres y ricos, sino que luchó hasta el último minuto para construir una alternativa en donde se reflejaran los intereses de las mayorías y que ha sido fuertemente reprimida y acosada desde la instalación de esta pseudo democracia. Me reconozco parte de esa izquierda revolucionaria y de ese pueblo disperso, fragmentado, que se niega a aceptar que la lucha ha terminado porque fuimos derrotados en episodios anteriores, que se niega a aceptar ser fuerza subordinada a los intereses de sectores políticos de la burguesía y del reformismo que se pelean  a muerte en los foros y en la televisión pero que tienen en común no solo millonarios sueldos e intereses en empresas, sino que saben que el surgimiento de una verdadera alternativa revolucionaria de clases significará también el fin de sus privilegios.

Me reconozco parte de la generación del 60 que no ha claudicado a sus ideas iniciales, de la generación del 70 que enfrentó la más profunda derrota en manos del poder militar de la burguesía, me reconozco parte de esa generación que los 80 dejó hasta la vida porque derrocaríamos no solo a la dictadura sino al capitalismo, me reconozco parte de la generación que desde los 90 y el 2000 viene intentando salir dignamente del reflujo sin abandonar sus ideales, bombardeada por el discurso de los entregados, de los renovados, de los que cambiaron sus encendidas proclamas de guerra popular, de guerra insurreccional, de guerra patriótica por cómodos opuestos en oficinas gubernamentales o empresas, me reconozco parte de las generaciones que encontraron en los “colectivos” un ancla, un refugio, un repliegue para sortear la estampida del retroceso y que han estado levantando radios populares, comités de diversos tipos, reconstruyendo organización estudiantil, reconstruyendo organización poblacional, sindical, campesina, mapuche y obviamente, siendo participé de las luchas que episódicamente sacuden al país.  

Desde esa franja estoy hablando, desde la franja que ha ido reconociendo sus limitaciones, que busca reagruparse, coordinarse y que toma muchos nombres. Somos el Guachuneit, somos Conciencia, somos el Colectivo de la San Luis, somos el colectivo rojinegro, somos el MIR pueblo pobre, el MIR batallón Chile, el Lautaro que se reagrupa, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, somos Manuel Cabalga de Nuevo, somos los Grupos de Acción Popular GAP, somos los Comités de Unidad Revolucionaria, somos los MPR, Somos la Nueva Escuela de Renca, somos el Colectivo de Trabajadores, somos Andamios, somos Inquietando desde el Margen, somos el MAP, somos el Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores, somos parte de un amplio espectro que asume que la lucha continua y que seguiremos creciendo mientras existan las injusticias y desigualdades sociales, mientras existan clases sociales que dominan, que imponen sus interese y mayorías explotadas y sometidas. Somos parte de ese pueblo que volverá a construirse como pueblo con proyecto, como pueblo organizado, como fuerza social revolucionaria desafiando al poder.

Estimadas compañeras y compañeros:

Quisiera entrar al tema que nos convoca trayendo hasta aquí las palabras de Miguel Enríquez pronunciadas en un foro convocado por los trabajadores del diario Clarin pocos meses antes del golpe de estado. Miguel Enríquez, refiriéndose al Estado señalaba:

“Pensamos que no es posible hablar de lucha por el poder o del poder popular sin hablar del Estado. Del Estado burgués, del aparato del Estado capitalista. No diremos ni aportaremos ninguna novedad teórica pero ocurre un poco en Chile que la suma de tácticas, la flexibilidad política va rayando en oportunismo, y es poco frecuente recordar cuál es la esencia real de las cosas y cómo realmente se reordenan las fuerzas y los aparatos dentro de una sociedad.

   El Estado es en esencia un instrumento de dominación de clase. Busca y ejerce fundamentalmente una coerción, se trata de mantener una mayoría explotada dominada por una minoría explotadora. Lo hace a través de dos formas fundamentales: formas represivas: allí están las masacres -Pisagua para los que lo olvidan-, los desalojos, la represión policial o militar en sus distintas instancias, y tiene también componentes y formas ideológicas, que son la moral, el derecho, la legalidad, etc. Todo está allí construido y justamente para mantener la explotación y la dominación de una clase por otra. Tiene varios componentes, entre ellos está el aparato ejecutivo, está el aparato armado, verdadero esqueleto del aparato del Estado, las FF.AA., está el aparato burocrático, está el parlamento, está la justicia y una serie de otros componentes, cada uno encargado de específicas funciones. La base fundamental de él en la sociedad capitalista es el Estado de derecho que se consagra por escrito en la llamada Constitución, en las leyes. Por escrito se representan los intereses de una minoría para explotar a una mayoría, por escrito se consagra el derecho a la represión y a la explotación de una mayoría por una minoría. La Constitución, y no hay ningún teórico capaz de demostrar lo contrario, no representa los intereses de la nación, de todo el pueblo, representa los intereses de una minoría, y está y existe en función de explotar, reprimir y mantener la dominación de una minoría sobre una mayoría.”

35 años después de esta descripción hecha por Miguel Enríquez, la esencia del Estado Burgués chileno es la misma. 35 años en que las clases dominantes han modernizado todos sus aparatos de control, han desarrollado una política contrainsurgente principalmente para hacer abortar cualquier proyecto revolucionario y reprimir con fuerza todo sector social que se levante a desafiar la institucionalidad transada y pactada por los que prometieron que la alegría llegaría tras los años de dictadura.  

Es inherente al modelo capitalista la existencia de luchas reivindicativas.

El modelo impuesto por las clases dominantes supone aceptar luchas sociales y reivindicativas de sectores del pueblo que luchan por su sobrevida, es decir, luchan por tener las mínimas condiciones para reproducir las propias fuerzas del trabajo que el capital requiere, pero siempre y cuando se den en el marco de los procedimientos y formas por ellos impuestos, mecanismos en definitiva que le permiten el control, el establecer una verdadera línea de defensa en profundidad de sus interese para no develar quien tiene realmente el control y el poder.  

Las nuevas formas que adquiere el contrato laboral hacen chocar a los trabajadores y al pueblo en general con una serie de intermediarios que no son los que detentan el poder real: subcontratistas, municipios, empresas sostenedoras, leyes constitucionales y electorales que entregan enorme poder a minorías, control de los medios de comunicación en un par de grandes monopolios, control del aparato productivo en no mas de diez conglomerados económicos dueños de todas las empresas y actividades económicas, particularmente la penetración del capital foráneo en la minería, la energía, el agua, las maderas, el transporte.

Lo que el Estado contrainsurgente no puede permitir y que lo combate con todos  sus medios, son las luchas que de forma y contenido cuestionan la esencia del modelo económico y político.

Aceptan que luchemos por chauchas, granjerías menores y espacios políticos que no apuntan a cuestionar su estabilidad.

Reprimen y enfrentan duramente a todos quienes sobrepasen sus mecanismos y cuestiones el corazón del modelo neoliberal.

Que aceptemos las migajas, que aceptemos las mesas de negociaciones, los plazos, que se alarguen los conflictos para desgastar nuestras fuerzas apelando a los otros actores que domesticados vendrán a dividir los movimientos, a quebrarlos por dentro, a negociar, a derrotarlos por cansancio.

Y cuando falla todo: criminalizar nuestras movilizaciones, esto es, aplicarle leyes de excepción, ley de seguridad del estado, ley antiterrorista, las mismas leyes pensadas y dictadas por la dictadura para protegerse, ocupar militarmente los espacios, atemorizar con el despliegue de fuerzas policiales y armadas, recordando viejos tiempos.

De otra parte, y no menos importante a lo que hemos señalado, está la gran derrota ideológica sufrida todos estos años y la instalación a partir de todo el aparato educativo, cultural y propagandístico de los medios de comunicación de masas controlados por el poder de una ideología individualista, hedonista, del todos contra todos, de la insolidaridad, del salvarse solos.

La conversión operada del ciudadano en consumidor, del individuo que no se reconoce ni como pobre ni como explotado, del fetichismo del ser exitoso socialmente en relación a cuanto posees y cuanto consumes. Al crédito y dinero que puedes manejar. Al quiebre del ser social por un ser individual, presionado y atemorizado, fácil de manejar cuando existe un ejercito de cesantes de reserva amenazando su puesto de trabajo. Como decía un cura amigo “antes no sacaban la fuerza de trabajo a machetazos y balazos y hoy lo hacen diluida en coca cola y con tarjetas plásticas.  

Y es en este plano donde la alternativa revolucionaria asume necesariamente dos tareas no menores para el despliegue de su proyecto. La “batalla por la memoria” como la define María Angélica Illanes que no es otra que la de reivindicar, de reconstruir la memoria de las comunidades, de los individuos y de esos proyectos que fueron derrotados, para revivir esos sueños y energías que una vez existieron en la población, en el sindicato, en la comunidad y que les llevó a organizarse y a luchar colectivamente, para que ese ser histórico y esos proyectos vuelvan a existir en el cotidiano. Par que el olvido no dictamine la muerte definitiva de esas experiencias, de los compañeros y compañeras que sostuvieron esos proyectos.

Lo segundo es el trabajo molecular, persona a persona, al interior de la familia, con el vecino, con el compañero de banco, de trabajo, de turno. Es el trabo de recuperación del sentido de comunidad, de clase, de solidaridad, de ser humano que busca colectivamente resolver los problemas que en lo individual nos sobrepasan y no evadirse, esconderse, encerrarse en la impotencia, el mal menor o el abandono.  

Debemos ser muy críticos de quienes solo viven políticamente en el Internet, en la declaración publica o en las marchas mas importantes del país. Esta es una lucha día a día, en los hechos cotidianos de cualquier espacio, que no requiere de alternativas de poder articuladas y presentes para ser desarrollado. El centro de la ideología burguesa, del individualismo es dividir, construir a los compañeros y vecinos como competidores, como adversarios a los que hay que vencer.  

Estimadas compañeras y compañeros, como el tiempo en este foro se nos ha agotado, quisiera terminar señalando un par de elementos más:

Suele señalarse erradamente que si las fuerzas revolucionarias no participan del escenario electoral y solo pensamos en construir fuerza para un futuro incierto, dejamos el espacio para que se instale la derecha en el gobierno y por tanto debemos apoyar a los sectores reformistas o de izquierda de la Concertación.

No es cuestión de principios para los revolucionarios participar o no en las elecciones, como no lo es el uso de la violencia o de cualquiera herramienta de lucha. De hecho, la mayoría de nosotros participamos cotidianamente de elecciones en nuestros frentes sociales: en el curso, en la carrera, en el sindicato, en la Junta de vecino, en la Comunidad.

El problema de fondo es que nuestras tareas y acción política no se reducen, como otros, a la participación electoral como único espacio de construcción de alternativa ni es hoy día prioridad. Claramente hay diferencias en el discurso de la derecha y de la concertación, pero en lo que respecta a temas esenciales de la lucha de clases, ha sido la Concertación la que ha entregado las riquezas básicas al capital internacional, ha sido la concertación la que ha impuesto la impunidad, ha sido la concertación quien cómodamente ha administrado el Estado y sus personeros se han enriquecido manejando el aparato estatal, dictaminando sueldos de hambre, reprimiendo, encarcelando a luchadores sociales, asesinando a trabajadores y mapuches, golpeando a pobladores, estudiantes, defendiendo los intereses del gran capital.  

Nuestro camino cotidiano es unir a los revolucionarios, nuestro camino cotidiano es seguir avanzando en las batallas por la conciencia y la memoria, nuestro camino cotidiano es enfrentar la crisis obligando a que sean los patrones lo que paguen el costo de ella y no los trabajadores, nuestro camino es incrementar las luchas reivindicativas, extenderlas a todo el país, coordinarlas, ampliarlas, darle contenidos políticos, nuestro camino es salir de los nichos cómodos al encuentro de otras y otros para converger, para unir y articular las luchas sectoriales, apoyar a los sectores sociales que sufren los rigores de desafiar al poder, nuestro camino es la combatividad que muestra la lucha de los deudores habitacionales, la huelga de hambre que desarrollan en Coquimbo los mineros, la lucha del pueblo mapuche y los jóvenes estudiantes secundarios que sobre sus espaldas sostienen hoy la lucha por un proyecto de educación y país por el que han caído tantos y tantas.

Es el ejemplo de estos sectores populares que nos fortalece y nos lleva a la convicción  que nada tenemos que hacer en el circo electoral, que nuestro norte es seguir construyendo pueblo organizado, pueblo en lucha, fuerza social revolucionaria. Ellos nos ratifican y nos reiteran que aun tenemos patria ciudadanos, como decía Manuel y como Miguel repetimos, sabemos que en esta lucha se nos puede ir la vida, pero la continuaremos hasta la victoria final.

A desatar la iniciativa popular.

La lucha continua.

GUILLERMO RODRIGUEZ M
 

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